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Antes del Amanecer Morgan Rice La Caída de los Vampiros #1 En ANTES DEL AMANECER (Libro #1 de La Caída de los Vampiros), la joven Kate de 17 años de edad odia su vida. Marginada en su propia familia que no la entiende, es odiaba por su hermana más popular y hermosa que ella y despreciada por su madre controladora, quien prefiere a su hermana. Para salir adelante, Kate se refugia en sus amigos y en su inteligencia. Sin embargo, su vida sigue pareciendo destinada a un callejón sin salida, sobre todo cuando su madre le anuncia que no podrá asistir a la universidad porque tiene que pagar la matrícula de su hermana. Pero todo cambia un día. En su cumpleaños número 17, uno de los chicos populares se enamora de ella. Al mismo tiempo, un nuevo chico misterioso, Elijah, llega a su escuela, y tienen una conexión inmediata. Cuando todo parece estar cambiando para bien, un terrible accidente pone su vida patas arriba. Al borde de la muerte, algo le sucede a Kate, algo que la mantiene con vida, algo que la transforma en algo que no estaba destinada a ser. Entre la vida y la muerte, Kate se convierte en algo que nadie jamás ha sido. El debut de una nueva y espectacular serie repleta de amor, pérdida, angustia y redención, ANTES DEL AMANECER le da un toque fresco al subgénero de vampiros. Con su suspenso trepidante y personajes queridos, te mantendrá pasando páginas hasta bien entrada la noche y te hará volverte a enamorar del género de la fantasía. Refrescante y único, tiene los elementos clásicos que encuentras en muchas otras historias paranormales para jóvenes adultos. Es fácil de leer y acelerado. Recomendado para los amantes de romances paranormales. Apto para mayores de 13 años. The Romance Reviews (sobre Convertida) Agarró mi atención desde el principio… Esta historia es una aventura rápida e increíble llena de acción. Paranormal Romance Guild (sobre Convertida) Morgan Rice antes del amanecer (la caída de los vampiros—libro 1) Morgan Rice Morgan Rice tiene el #1 en éxito de ventas como el autor más exitoso de USA Today con la serie de fantasía épica EL ANILLO DEL HECHICERO, compuesta de diecisiete libros; de la serie #1 en ventas EL DIARIO DEL VAMPIRO, compuesta de doce libros; de la serie #1 en ventas LA TRILOGÍA DE SUPERVIVENCIA, novela de suspense post-apocalíptica compuesta de tres libros; de la serie de fantasía épica REYES Y HECHICEROS, compuesta de seis libros; y de la nueva serie de fantasía épica DE CORONAS Y GLORIA. Los libros de Morgan están disponibles en audio y ediciones impresas y las traducciones están disponibles en más de 25 idiomas. A Morgan le encanta escucharte, así que, por favor, visita www.morganrice.books (http://www.morganrice.books/) para unirte a la lista de correo, recibir un libro gratuito, recibir regalos, descargar la app gratuita, conocer las últimas noticias, conectarte con Facebook o Twitter ¡y seguirla de cerca! Algunos comentarios sobre Morgan Rice “¡Un libro que puede rivalizar con TWILIGHT y VAMPIIRE DIARIES, y que te dejará con ganas de seguir leyendo hasta llegar a la última página! Si te gusta la aventura, el amor y los vampiros, ¡este libro es ideal para ti! " –-Vampirebooksite.com (sobre Convertida) "Rice hace un gran trabajo jalándote en la historia desde el principio, con una gran calidad descriptiva que trasciende la mera pintura del entorno … .Bellamente escrita y es extremadamente rápida de leer." –-Black Lagoon (sobre Convertida) "Una historia ideal para los lectores jóvenes. Morgan Rice hizo un buen trabajo creando un giro interesante … refrescante y único. 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El final es de un  suspenso inesperado que te deja conmocionado.” –-The Romance Reviews (sobre Amada) Libros de Morgan Rice OLIVER BLUE Y LA ESCUELA DE VIDENTES LA FÁBRICA MÁGICA (Libro #1) LA ESFERA DE KANDRA (Libro #2) LOS OBSIDIANOS (Libro #3) LAS CRÓNICAS DE LA INVASIÓN TRANSMISIÓN (Libro #1) LLEGADA (Libro #2) ASCENSO (Libro #3) REGRESO (Libro #4) EL CAMINO DE ACERO SOLO LOS DIGNOS (Libro #1) UN TRONO PARA LAS HERMANAS UN TRONO PARA LAS HERMANAS (Libro #1) UNA CORTE PARA LOS LADRONES (Libro #2) UNA CANCIÓN PARA LOS HUÉRFANOS (Libro #3) UN CANTO FÚNEBRE PARA LOS PRÍNCIPES (Libro #4) UNA JOYA PARA LA REALEZA (Libro #5) UN BESO PARA LAS REINAS (Libro #6) UNA CORONA PARA LAS ASESINAS (Libro #7) DE CORONAS Y GLORIA ESCLAVA, GUERRERA, REINA (Libro #1) CANALLA, PRISIONERA, PRINCESA (Libro #2) ESCLAVA, GUERRERA, REINA (Libro #3) REBELDE, POBRE, REY (Libro #4) SOLDADO, HERMANO, HECHICERO (Libro #5) HÉROE, TRAIDORA, HIJA (Libro #6) GOBERNANTE, RIVAL, EXILIADO (Libro #7) VENCEDOR, DERROTADO, HIJO (Libro #8) REYES Y HECHICEROS EL DESPERTAR DE LOS DRAGONES (Libro #1) EL DESPERTAR DEL VALIENTE (Libro #2) EL PESO DEL HONOR (Libro #3) UNA FORJA DE VALOR (Libro #4) UN REINO DE SOMBRAS (Libro #5) LA NOCHE DE LOS VALIENTES (Libro #6) EL ANILLO DEL HECHICERO LA SENDA DE LOS HÉROES (Libro #1) UNA MARCHA DE REYES (Libro #2) UN DESTINO DE DRAGONES (Libro #3) UN GRITO DE HONOR (Libro #4) UN VOTO DE GLORIA (Libro #5) UNA POSICIÓN DE VALOR (Libro #6) UN RITO DE ESPADAS (Libro #7) UNA CONCESIÓN DE ARMAS (Libro #8) UN CIELO DE HECHIZOS (Libro #9) UN MAR DE ARMADURAS (Libro #10) UN REINO DE ACERO (Libro #11) UNA TIERRA DE FUEGO (Libro #12) UN MANDATO DE REINAS (Libro #13) UNA PROMESA DE HERMANOS (Libro #14) UN SUEÑO DE MORTALES (Libro #15) UNA JUSTA DE CABALLEROS (Libro #16) EL DON DE LA BATALLA (Libro #17) LA TRILOGÍA DE SUPERVIVENCIA ARENA UNO: TRATANTES DE ESCLAVOS (Libro #1) ARENA DOS (Libro #2) ARENA TRES (Libro #3) VAMPIRA, CAÍDA ANTES DEL AMANECER (Libro #1) EL DIARIO DEL VAMPIRO TRANSFORMACIÓN (Libro #1) AMORES (Libro #2) TRAICIONADA(Libro #3) DESTINADA (Libro #4) DESEADA (Libro #5) COMPROMETIDA (Libro #6) JURADA (Libro #7) ENCONTRADA (Libro #8) RESUCITADA (Libro #9) ANSIADA (Libro #10) CONDENADA (Libro #11) OBSESIONADA (Libro #12) ¡Descargue los libros de Morgan Rice ahora mismo! ¡Escucha la serie de EL DIARIO DEL VAMPIRO en formato de audio libro! 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Si desea compartir este libro con otra persona, por favor adquiera una copia adicional para cada destinatario. Si está leyendo este libro y no lo compró, o no lo compró para su uso exclusivo, entonces, por favor regréselo y compre su copia. Gracias por respetar el duro trabajo de esta autora. Se trata de una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, acontecimientos e incidentes son producto de la imaginación de la autora o son usados como ficción. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas es pura coincidencia. Imagen de la portada Derechos de Autor iStock.com/nsilcock “Ven, noche gentil; ven, noche amante, negra como la ceja; Dame mi Romeo; y, cuando yo muera, tómalo y córtalo en pequeñas estrellas, Y él hará de los cielos la cara tan fina Que todo el mundo se enamorará de la noche…”     ― William Shakespeare     Romeo y Julieta CAPÍTULO UNO Kate se despertó en la mañana de su decimoséptimo cumpleaños sintiendo un agujero en el estómago. Deseaba sentirse entusiasmada; pero sabía, con un sentimiento de temor, que no habría ningún regalo esperándola, ni un desayuno especial de cumpleaños, ni pastel. No habría tarjetas de felicitación. Tendría suerte si alguien en su familia llegara a recordarlo. Sintió el cálido sol de Santa Bárbara en los párpados, abrió los ojos y parpadeó. Su habitación aún estaba llena de cajas de mudanza, un desorden caótico que no lograba ponerse a ordenar. Tal vez era, se dio cuenta, porque no quería estar allí. No quería estar con su familia en ningún lugar. ¿Por qué querría estar con ellos? Ellos la odiaban. Kate jaló el cobertor sobre su cabeza bloqueando la luz, no quería salir de la cama y comenzar el nuevo día. Lo mejor, decidió, sería salir de la casa lo más rápidamente posible e ir directamente a la escuela. Al menos, tenía a sus amigas. Ellas sabían muy bien cómo era su vida en su casa, y festejarían su cumpleaños. Finalmente, Kate salió de la cama y se puso sus cómodos pantalones vaqueros favoritos y su playera negra. Luego, se puso los Converse rojos gastados y pasó el peine por su pelo café oscuro para soltarlo un poco, pero no lo suficiente como para modelarlo de una determinada manera. Ya que era una ocasión especial, se puso un poco de rímel y se delineó los ojos con kohl. Dio un paso hacia atrás y se observó en el espejo. Su madre odiaría su atuendo. Eso la hizo sonreír. En el pasillo, el olor a panqueques, tocino y jarabe de arce flotaba en el aire. A su madre le fascinaba  pretender ser la Gran Madre Americana, con su peinado de mamá dedicada al hogar. No era más que una falsedad. Todo en ella era una mentira. Se suponía que todas las mamás-americanas amaban a sus hijos -no elegían a una hija a quien adorar mientras hacían sentir pequeña e insignificante a la otra. Kate ya sabía que los panqueques no eran para ella. Serían para su padre y su hermana, Madison, y su hermano, Max, pero no para ella. La burla de su madre hacía eco en su mente. Si tan sólo practicaras un deporte, podrías tomar un buen desayuno. Pero como te pasas todo el día adentro leyendo, tienes que cuidar tu figura. Kate se preparó antes de entrar en la cocina. La cocina en la nueva casa estaba decorada con buen gusto, estaba llena de todos los últimos aparatos eléctricos. Parecía como si la hubieran recortado de una revista. Era todo lo que su madre necesitaba para mantener su farsa de la familia perfecta. Su padre estaba sentado a la mesa, con los ojos todavía rojos por haber estado bebiendo la noche anterior. Miraba con tristeza su café negro. Sus panqueques estaban sin tocar frente a él. Kate sabía que tenía demasiada resaca para poder comérselos. Madison, también en la mesa, estaba ocupada aplicándose maquillaje frente a su pequeño espejo de mano. Su cabello oscuro peinado con ondas suaves le caía sobre los hombros y brillaba a la luz del sol. Complementaba su look con un lápiz labial rojo brillante, con lo que parecía más una estudiante de la universidad que de la escuela preparatoria, lo que era en realidad. Si alguien viera desde afuera, no parecía que hubiera sólo dieciocho meses de diferencia entre las dos muchachas. Madison era más como una mujer, mientras que Kate, en muchos sentidos, todavía se sentía como una niña escuálida. Kate arrastró los pies por la cocina y agarró su bolsa del piso. Max la miró y le sonrió. Tenía catorce años y, con mucho, era la mejor persona en la familia de Kate. Al menos trataba de interesarse en ella. "¿Quieres un poco?", él le dijo, señalando su pila de panqueques. Kate sonrió. Sabía que a Max le encantaban los panqueques y probablemente había tenido que emplear hasta la última gota de su fuerza de voluntad para no devorárselos. A ella le tocó su gesto. "Estoy bien, gracias", dijo. En ese momento, su madre se dio vuelta desde donde había estado vertiendo jugo, junto a la ventana de la cocina. "No hay panqueques para Kate," ella dijo. "Parece que has engordado un par de libras recientemente." Miró a Kate de arriba a abajo, sin molestarse en ocultar la repulsión en su cara. Kate le devolvió la  mirada con frialdad. Max bajó la mirada hacia su plato, sintiéndose culpable por haber causado que su madre criticara a Kate. "No te preocupes, Mamá," dijo Kate sin emoción. "Conozco las reglas." Por lo general, Kate tenía cuidado de no responder a su madre. Eso sólo empeoraba las cosas. Pero había algo diferente ahora. Tal vez, porque tenía diecisiete años. Se sentía un poco más fuerte, un poco más poderosa. En el fondo de su mente, sentía como si estuviera en la cúspide de algo emocionante. Kate abrió la nevera y sacó un yogur natural. Era lo único que su madre la dejaba desayunar por el momento. Tomó una cuchara y empezó a tomar su yogur recostada en la isla de la cocina, no quería unirse al resto de su familia desayunando en la mesa. Su madre se acercó a la mesa con la jarra de jugo de naranja y sirvió un vaso a todos los demás. Madison cerró su espejo de mano y miró a su hermana. "¿Quieres que te lleve con Max a la escuela?", dijo, sus ojos viajaron desde los zapatos gastados de Kate a sus vaqueros rotos hasta su muy poco favorecedora camiseta. Kate miró a Max. Se veía más culpable que nunca. Max siempre había ido a la escuela en bicicleta con ella, pero desde que se habían mudado a la casa nueva y el viaje era más largo, Madison lo llevaba en el coche. A ella no debería importarle, era un viaje de una hora a la Escuela Preparatoria San Marcos desde la nueva casa, a diferencia de los solo quince minutos en coche, pero echaba de menos esa sensación de solidaridad entre los dos. Era como si ir juntos en bicicleta mostraba, en silencio, su desaprobación de la ley del más fuerte prevaleciente en la casa, donde Madison estaba claramente en la parte superior. Pero ahora hasta esa tranquila protesta había sido reprimida. En sus momentos más paranoicos, Kate se preguntó si su madre había insistido en mudarse a esta casa en Playa Mariposa sólo para separarla de Max. “Ningún aventón", advirtió su madre, aunque su tono era más suave con Madison. "Kate necesita hacer ejercicio." Kate miró a los cuatro sentados alrededor de la mesa del desayuno y sintió una punzada de envidia. Su familia era completamente disfuncional pero, aun así, era todo lo que tenía, y estar separada de ellos le dolía. "Voy a buscar mi bicicleta", Kate respondió con entusiasmo. Madison se encogió de hombros. No era demasiado cruel con Kate, pero nunca hacía nada para defender a su hermana. Madison era la hija favorita de la casa y estaba bastante cómoda en la cima. Que la vieran demasiado junto a Kate podría dañarla. Sabía de primera mano cómo era caer en desgracia, y no haría nada que la pusiera en riesgo. Desde el otro lado de la habitación, Max llamó la atención de Kate y articuló un lo siento. Ella sacudió la cabeza y pronunció un está bien. No era la culpa de Max, quien siempre estaba atrapado en el medio de todo. Él no debía sentir que era el culpable de la injusticia de su madre. Max señalo la bolsa de Kate y levantó las cejas. Kate frunció el ceño y miró adentro de su bolsa. Había un sobre con brillantina azul en el interior. Ella jadeó. Evidentemente era una tarjeta. Se sintió abrumada de gratitud. Él había dejado una tarjeta de cumpleaños para ella. Kate levantó la cabeza e hizo contacto visual con él, quien le devolvió una sonrisa con timidez. Gracias, ella articuló. Él asintió con la cabeza con una gran sonrisa. "¿No tienes práctica hoy, querida?" La mamá le preguntó a Madison, con los ojos brillantes de orgullo mientras miraba a su hermosa y talentosa hija mayor. Las dos comenzaron a charlar sobre la práctica de las porristas, comentando con malicia sobre cuál de las chicas era una decepción para el equipo, o cuál había engordado demasiados kilos recientemente. Eran como dos guisantes en una vaina, su madre y Madison. La madre de Kate había sido una porrista exitosa  en la escuela preparatoria y se había decepcionado cuando Kate había rechazado esa actividad por la lectura y la escritura. En ese momento, su padre se levantó de la mesa. Todo el mundo se quedó congelado. Era un hombre muy alto, y se cernió sobre ellos, proyectando una sombra oscura en la cocina que, de otro modo, era brillante y  soleada. "Se me está haciendo tarde para el trabajo," él murmuró. Kate se puso tensa. Parecía que el único lugar al que su padre debía ir era la cama para dormir la resaca. Se encontraba en un estado terrible, con su camisa fuera del pantalón y con la barba crecida en el mentón. Tal vez su problema con la bebida era una de las razones por las que su madre era tan crítica del aspecto  de Kate; tal vez no podía controlar la apariencia de su padre y, por eso, se la tomaba con su hija. Todos en la habitación se quedaron inmóviles y en silencio mientras contenían la respiración. Su padre se movía pesadamente a su alrededor mientras tomaba las llaves del coche del tazón sobre la mesada de la isla, y el maletín del piso. Sus movimientos eran desordenados, y a Kate le preocupó que condujera el coche al trabajo en ese estado. Se preguntó qué pensarían sus compañeros de él. ¿Sabían lo mucho que bebía por  las noches? ¿O era tan buen actor como su madre? Cuando estaba en el trabajo, ¿se transformaba en otra persona, era otro hombre, un hombre mejor, un hombre de familia, un hombre que exigía respeto? Lo habían promovido varias veces, los que les permitió mudarse a esta hermosa casa en una zona envidiable, debía estar haciendo algo bien. Una vez que la puerta se cerró con un golpe y el coche se puso en marcha, todo el mundo se relajó un poco. Pero no mucho. A veces, sólo el temperamento impredecible de su papá podía mantener en jaque a mamá. Sin él, ella era el jefe de todos y de todo, sobre todo de Kate. "Entonces," dijo ella, volviendo sus ojos fríos a su hija menor. "He estado revisando nuestras cuentas desde que nos mudamos a la nueva casa, y todo parece indicar que no podrás asistir a la universidad, Kate." Kate se quedó congelada. Todo su cuerpo se convirtió en hielo. "¿Qué?" "Ya me escuchaste," dijo su mamá. "Este barrio es caro y no podemos darnos el lujo de enviar a las dos a la universidad. Madison tendrá que ser nuestra prioridad. Puedes terminar tu último año de la preparatoria, y luego tomar el próximo año para ayudar a pagar la colegiatura de Madison.” Kate sintió que el yogur se le batía en el estómago. Estaba tan devastada por la noticia que sentía que iba a vomitar en cualquier momento. "Tú… no puedes hacerme eso", balbuceó. Max se puso en cuclillas en su asiento. Madison también se veía incómoda, aunque Kate sabía que, de ninguna manera, iba a ponerse de su parte. "Soy tu madre y, mientras vivas bajo mi techo, puedo hacer lo que yo quiera. Madison ha sido aceptada en una gran universidad y no voy a poner en peligro su oportunidad de sobresalir.” La expresión de su madre era feroz. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho con fuerza. “Podrías haberla felicitado", se burló. "No creo haber oído ni pío de ti desde que Madison recibió la carta. Ni siquiera te acercaste para partir el pastel.” Su madre había organizado una fiesta de celebración para Madison el lunes, cuando había llegado la carta. Había preparado un pastel – aunque le había dicho a Kate que no podía tomar ni una rebanada-  incluso había colgado un estandarte. La fiesta de Madison había sido exactamente igual a la fiesta de cumpleaños que Kate no iba a tener. A Kate le martilleaba el corazón. Una niebla roja comenzó a descender sobre su mente. De repente, se le soltó la boca. “¿Y yo?", exclamó. "¿Qué tal un feliz cumpleaños? ¡Ni siquiera recuerdas que cumplo diecisiete! ¿Por qué todo tiene que ser sobre Madison? ¿Qué tal preocuparte por mí, para variar?" Max y los ojos de Madison se hincharon de miedo. Kate nunca le había respondido antes y ambos estaban preocupados por las consecuencias. Por la expresión en su rostro, era claro que su madre se había olvidado por completo de que el cumpleaños de Kate era hoy. Pero ella no iba a admitir su error, nunca lo hacía. "No voy a discutir esto con usted, señorita. Vas a limpiar casas conmigo para ayudar a pagar la matrícula de Madison y no se habla más del asunto.” Su tono era sin emociones y frío. "Si te escucho hablando más sobre esto, te saco de la escuela y ni siquiera vas a graduarte de la preparatoria. ¿Entendiste?” Miró a Kate con una mirada de asco. "Ahora, ¿no estás llegando tarde a la escuela?", añadió. Kate se quedó echando humo. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Otros niños esperaban recibir  regalos y tener una fiesta en sus cumpleaños. Lo único que Kate recibió fue la noticia de que le habían quitado su futuro. Tiró el bote de yogur y salió de la casa. Era mayo y el sol quemaba abrasando su piel pálida. Tomó su bicicleta de donde la había dejado el día anterior después de la escuela y comenzó a avanzar por la calle, pedaleó con toda su fuerza, mientras trataba de encontrar una manera de aliviar la ira que pulsaba en su interior. Odiaba a su madre. Odiaba su estúpida nueva casa. Odiaba a su familia. Todo era una mentira. Lo único que la había sostenido todos estos años era saber que un día se escaparía de ese lugar, de su horrible, sofocante madre y del inútil bebedor de su padre. Que un día iría a la universidad. Quería ir a la costa este, para estar lo más lejos de todos, como fuera posible. Ahora, su sueño había terminado. CAPÍTULO DOS Kate llegó en bicicleta a la escuela en tiempo récord. Por lo general, en algún momento Madison la rebasaba pero, como estaba muy enojada, había llegado allí en menos de cuarenta y cinco minutos. El sudor le picaba la espalda mientras aseguraba su bicicleta en los bastidores junto a la playa de estacionamiento. Sabía que su cara estaría de un rojo carmesí y llena de manchas. En ese momento, un coche se detuvo en el espacio justo detrás de ella y Tony saltó del interior. “Oh, Dios," Kate murmuró en voz alta. Tony era su amor platónico. Jugaba en el equipo de fútbol, salía con todos los chicos buena onda, y sin embargo, era una persona realmente encantadora. Era la clase de tipo que tenía tiempo para todos. No veía a los chicos de la escuela preparatoria a través de la lente de sus grupos. No veía a Kate como una chica marginal, no era más que Kate Roswell. A veces, Kate sentía que él era la única persona que no la comparaba con su hermana que era más bonita, más popular, y más divertida. "Kate", dijo, cerrando de golpe la puerta del coche. “¿Qué onda?" Kate no pudo evitar sentirse incómoda. Deseaba no estar cubierta de sudor, ni verse agotada. "Bien," dijo ella, fue lo único que le vino a la mente. "Ey," él dijo con una expresión ligeramente burlona. “Hoy te ves diferente. Te hiciste algo en los ojos.” “Es máscara", ella respondió, sintiéndose aún más incómoda. "Se te ve bien," dijo de una manera natural. "No me había dado cuenta de lo azules que son tus ojos." El estómago de Kate se arremolinó. Si él no quería ligarla, estaba haciendo un muy mal trabajo. "Ey, ¿estoy en lo cierto que hoy es tu cumpleaños?", añadió. Ella no pudo evitar desmayarse. ¿Cómo lo sabía? No recordaba habérselo dicho. "Uh, sí, lo es," dijo. Tony sonrió, mostrando sus preciosos dientes, como perlas. "Feliz cumpleaños." Se inclinó y le dio un abrazo. Kate se quedó tiesa. Todo su cuerpo parecía vibrar con la electricidad. Quería abrazarlo, pero le preocupada que si levantaba los brazos, mostraría unos parches de sudor del tamaño de China. Tony la soltó y se echó hacia atrás. "Gracias", ella murmuró, sintiéndose como la mayor idiota en el mundo. Deseó poder verse tranquila. Sabía que Madison nunca habría perdido el control si su amor platónico la hubiera abrazado. “Ey, mira," dijo Tony, mirando sobre su hombro al equipo de fútbol que caminaba por el estacionamiento. "Tengo prisa. Que tengas un lindo día de cumpleaños, ¿de acuerdo?” Él se alejó mientras hablaba por encima del hombro. "Si te veo en el almuerzo, te daré una magdalena." Luego se alejó con sus amigos. Kate agarró la bolsa con fuerza, sabía que había estado terrible. Había sido el comentario sobre sus ojos lo que la había sacado de onda. No podía dejar de preguntarse si Tony había estado coqueteando. Tal vez una pequeña parte de Tony también estaba enamorado de ella. “¡Kate!", alguien gritó, y Kate se dio vuelta para ver a sus tres mejores amigas correr hacia ella. Dinah Higgins, Nicole Young, y Amy Tan habían sido las mejores amigas de Kate desde el noveno grado. Dinah era afroamericana y provenía de una familia grande, cálida que parecía interesarse en Kate más que su propia familia. Llevaba el pelo recogido en trenzas, con hilos rojos y blancos entretejidos.  Nicole vivía solo con su padre, su madre había muerto de cáncer cuando ella era muy pequeña. Era californiana de cabo a rabo, pero trataba de ocultarlo bajo capas de vestidos negros y botas de motociclista. Dado que su cabello era rubio natural, a menudo iba a la ciudad para teñirlo con todo tipo de colores. Ahora, los extremos eran de un naranja brillante. Amy era con quien Kate se sentía más cercana. Sus padres eran de origen chino y se habían mudado a los Estados Unidos para darles mejores oportunidades a ella y a su hermano. Como consecuencia, había una gran diferencia cultural entre Amy y sus padres. Ellos la veían con un poco de extrañeza, por su amor a la cultura pop, su obsesión por la reality TV, y su personalidad algo torpe. Por estas razones, Kate y Amy se sentían muy cercanas. Amy también se sentía como una extraña en su familia. Las tres chicas tomaron a Kate y la envolvieron en un abrazo de oso. “¡Feliz cumpleaños!" Todas gritaron. Muchos de los chicos más fresas que estaban en el estacionamiento las miraron con disgusto – se creían mucho para comportarse así en público. Pero a Kate no le importaba. Amaba a sus amigas y lo especial que siempre la hacían sentir, a pesar de que fuera simple y aburrida en comparación con Madison. “¡Tenemos regalos para ti!" Dinah dijo, sacando un regalo mal envuelto de su bolso y depositándolo en los brazos de Kate. "Abre primero el mío," Nicole añadió, empujando una pequeña caja hacia Kate. "No vas a adivinar lo que es," dijo Amy, dándole un paquete en forma de libro. Kate se sintió abrumada por todos los regalos. "Gracias, chicas," con una sonrisa radiante. "No sé qué decir." “¡Ábrelos de una vez!", exclamó Nicole. Todas se sentaron sobre la hierba junto a las canchas de tenis. Kate abrió todos sus regalos -una caja de bombones de Dinah, unos pendientes con forma de cráneo y con cruces de hueso de Nicole, y un ejemplar de segunda mano de Romeo y Julieta. Kate amaba a Shakespeare y amaba las tragedias románticas, y se podía pasar toda la noche leyendo, si pudiera. "Ustedes son las mejores", dijo, abrazando a cada una. Amy le dio un codazo a su amiga. "Así que … ¿qué te dijo la Mamá Monstruo esta mañana? ¿Te dijo feliz cumpleaños?" Kate sacudió la cabeza. "No" Entonces, se acordó de la tarjeta de Max. "Max fue el único que me hizo caso." Ella sacó la tarjeta. Se había maltratado en su bolso. Abrió el sobre y vio una tarjeta de color rosa brillante con una flor en el frente. Era el tipo de tarjeta que se compraba para alguien de cuatro años, pero igual se sentía agradecida. Max debió gastar su dinero; seguramente su madre no le había prestado nada. El interior de la tarjeta decía: "Para mi hermana, en su cumpleaños." Él no había escrito nada, simplemente "Kate" en la parte superior y "Max" debajo. Al ver la tarjeta tan simple se le encogió el corazón de nuevo, recordando la dolorosa y decepcionante mañana. Antes de que Kate pudiera evitarlo, su labio inferior empezó a temblar. “¡Kate!", exclamó Dinah, poniendo sus brazos alrededor de su amiga. "¿Qué pasa?" Kate trató de hablar a través de sus lágrimas, pero se sentía abrumada. Las tres chicas sabían lo difícil que era su vida en su casa – la habían escuchado y ayudado a lo largo de tres años de angustia- y estaban preocupadas por su amiga. "Mamá me dijo," comenzó Kate, inhalando con fuerza, ”dijo que no puedo ir a la universidad. Que tengo que trabajar para ayudar a pagar la colegiatura de Madison.” Amy abrió la boca. Dinah miró a Kate con una expresión de dolor. Nicole le apretó el brazo. “¡Ella no puede hacer eso!", exclamó Amy. "Es tan injusto," dijo Nicole, frunciendo el ceño con dureza. “Puedes quedarte con mi familia si necesitas salir de su casa." "O con la mía", agregó Dinah. "Mi mama te adora. Tú lo sabes." "Gracias", se quejó Kate. "Pero no sé qué haré si no puedo ir a la universidad. Es como mi plan para  escapar, ¿saben? " Las chicas asintieron. Habían hablado mucho de la universidad, incluso hablaron de asistir a la misma para no tener que separarse. “La verdad, no sé qué hacer", agregó Kate, sucumbiendo una vez más a sus lágrimas. "Supongo que Madison no te defendió," dijo Amy. Odiaba a Madison por no apoyar a Kate y siempre le estaba diciendo a Kate que no debía ser tan condescendiente con su hermana. Según Amy, Madison debía cuestionar a su madre por lo mal que trataba a Kate, en lugar de estar buscando sus elogios y su atención. "No", respondió Kate, con tristeza. "Ey," dijo Nicole, poniendo un brazo alrededor de su amiga. “Todo va a estar bien. Nos tienes a nosotras, te vamos a proteger. Algo va a pasar que cambiará las cosas. Te lo prometo." Kate no sabía cómo podía estar tan segura. Nicole siempre decía que las cosas podían cambiar y que se resolverían con el tiempo, pero Kate creía que las cosas solo podían cambiar para lo peor. Su padre bebía cada vez más, y aun peor, su madre controlaba todo cada vez más, y Madison se distanciaba más y más mientras crecía su condición de niña dorada. La vida de Kate parecía seguir una trayectoria descendente; perder la posibilidad de ir a la universidad era la gota que rebalsaba el vaso. Nicole seguía balbuceando. “Se está acercando la fecha del baile de graduación," dijo. "Quién sabe lo que puede suceder entonces." "Oh, por favor", respondió Kate. “En este momento, pensar en chicos es la última cosa en mi mente." "¿En serio?", dijo Amy levantado su ceja. "Porque me pareció ver un cierto Tony Martin dar a una cierta Kate Roswell un abrazo en el estacionamiento." Aun con su tristeza, el pensamiento elevó un poco el ánimo de Kate. Sintió una sonrisa en sus labios. "Sí. Él, um, dijo que mis ojos se veían bien con la máscara.” "Oh, Dios mío!", gritó Dinah. “¡Le gustas!" Kate se rió y negó con la cabeza. "No sé. Él es amable con todos.” "Sí, amable," dijo Amy, “¡estaba coqueteando!" Nicole la estaba mirando con aire triunfante. "¿No te dije que las cosas pronto serían mejores?" Kate agitó las manos, tratando de moderar el entusiasmo de sus amigas. "Realmente no lo creo", dijo. “A lo mejor te va a pedir que vayas con él al baile de graduación," chilló Dinah. La idea hizo que Kate sintiera mariposas en el estómago por el entusiasmo. ¿Había alguna posibilidad de que se lo pidiera? En ese momento, se acordó de la máscara en sus pestañas y de cómo había estado llorando. "Oh Dios, ¿estoy hecha un desastre?", preguntó, presa del pánico. "No, chica," respondió Dinah. "Te ves bien. ¡Pero te voy a poner guapa para la hora del almuerzo, como regalo de cumpleaños! " Dinah amaba el maquillaje. Como su familia era muy grande, no podía comprarse toda la ropa y zapatos que quería para estar al día con la moda, entonces ella misma se la pasaba modificando su ropa y creando maquillaje. Se había convertido en alguien increíblemente creativo. Siempre estaba alentando a las demás a experimentar más con su apariencia. Nicole era la otra chica preocupada por su apariencia. Amy trataba de verse neutral para no asustar a su familia, a pesar de que le gustaban las minifaldas y las botas altas hasta la rodilla y se las ponía cada vez que tenía la oportunidad. En realidad, Kate era la única que nunca había explorado la moda. Sentía que la mayoría de las decisiones que tomaba era para irritar a su madre. Desde que se había negado a vestirse con vestidos de color pastel sedoso que le gustaban a su madre y de ir a los desfiles de moda, se había convertido en una chica poco femenina. Pero no sabía si era realmente una chica poco femenina o si sólo disfrutaba saber que molestaba a su madre cuando se vestía así. Kate sonrió. Si había alguna posibilidad de que Tony la invitara al baile de graduación, bien podría  darse toda la oportunidad del mundo. Ya se sentía un millón de veces mejor que cuando esa mañana, muy enfadada, se dirigía en bicicleta a la escuela. Sabía que sus amigas la estarían apoyando. “Y, mira, si Tony no me pregunta si quiero ir al baile con él, no pasa nada," añadió Kate. "Siempre podemos ir juntas." "Estoy muy contenta que lo digas," respondió Amy. “¡No creo que mis padres me dejen ir en un coche con un chico!" Todas se rieron. Se sentía bien saber que se apoyaban unas a las otras, y que no necesitaban a los chicos para pasarla bien en el baile. La campana sonó y las niñas se levantaron y se dirigieron en direcciones diferentes. Amy y Kate tenían matemática y caminaron tomadas del brazo por los pasillos. De repente, Kate sintió que Amy le apretaba la mano. Levantó la vista y vio a Madison en el área de casilleros con sus amigas porristas. Estaba de espaldas a Kate y Amy, por lo que no sabía que ellas estaban detrás; estaba contando una historia que estaba haciendo a las chicas rugir de risa. "Y entonces mamá dijo, 'Señorita, vas a ser una empleada de limpieza como yo para que Madison pueda ir a la universidad." ¿Pueden creerlo? Yo estaba como, ‘¡Oh, Dios mío, está convirtiendo a mi hermana en una esclava! “¡Y todo eso en su cumpleaños! A mí me dieron un coche para mis diecisiete. Ella no recibe nada." Se echó a reír, al igual que las otras chicas. A Kate le pareció que el estómago se le caía en los pies. ¿Cómo era posible que Madison se riera así de ella? Aceptaba que Madison no la protegiera en su casa, pero nunca se le ocurrió que estuviera hablando de su desgracia con sus amigas. Amy agarró con fuerza al brazo de Kate, tratando de apoyarla, tratando de mantener su conexión con la tierra. Ayudó a Kate a pasar junto a Madison y el grupo de chicas malas. Al pasar, supo que Madison la vería, se daría cuenta de que la había escuchado. Miró por encima del hombro a su hermana. Se miraron a los ojos y Madison se veía solo un poco sorprendida. Pero aparte de eso, no pareció afectarle haber pisoteado los sentimientos de Kate. Luego, apartó su mirada, volviendo su atención a sus amigas. Kate caminó a clase, sintiéndose más deprimida que nunca. CAPÍTULO TRES Kate sobrevivió sus dos primeras clases, aunque su estado de ánimo no mejoró. Se sintió aliviada cuando sonó la campana, era la hora del almuerzo y podría reunirse con sus amigas. Con sus amigas, Kate se puso en la fila en la cafetería, que estaba llena de gente, y trató de no mirar demasiado la selección de alimentos. La situación estaba grave. Nicole, como era vegetariana, tenía mucha dificultad para encontrar algo que pudiera comer. Hoy, iba a comer gofres de patatas y judías, mientras que Dinah y Amy pudieron elegir un rico platillo con pollo tikka masala y arroz. Kate pensó que el curry se veía un poco grasoso, pero a Dinah, ligeramente más grande que el promedio de las chicas, no le importaba porque era alta y bien proporcionada. Amy era un palo de delgada y parecía ser capaz de comer todo lo que quisiera sin engordar. Nicole parecía mantenerse en forma solo gracias a su irritabilidad. Finalmente, Kate eligió una ensalada. Aunque sabía que las burlas de su madre por su peso eran  infundadas, no podía evitar sentir que, tal vez, si perdía un par extra de libras, su madre no sería tan dura con ella. "Chica", dijo Dinah cuando vio su plato, "no me digas que eso es todo lo que vas a comer. Caramba, ¡es tu cumpleaños! ¡Ten un postre por lo menos!" Kate se sentó. “De hecho, Tony dijo que si me veía en el almuerzo, me compraría una magdalena," dijo. Las otras tres chicas sonrieron y se miraron entre sí. Kate se sintió un poco tonta por haberlo  mencionado. "Oh, Dios mío," dijo Nicole repentinamente. Todas dejaron de reír y miraron a su alrededor para ver lo que Nicole estaba viendo. Un chico guapísimo acababa de acercarse a la cafetería. "Oh," dijo Kate, volviéndose. "Es Elijah. Es de cuarto, comenzó a asistir a clases hace como un mes. Escuché a Madison hablar de él.” “¿Este hombre celestial ha estado caminando por la escuela durante un mes entero, y ésta es la primera que lo veo?", dijo Nicole con un dejo de amargura en su voz. Parecía como si él la hubiera  paralizado, y ella no podía apartar los ojos. A Dinah parecía gustarle también. "Oh, claro que sí. Tiene ese aspecto como Leonardo DiCaprio en Titanic.” "Pero melancólico," murmuró Nicole. "Oscuro y melancólico." Kate le echó otro vistazo. Elijah era sorprendentemente atractivo. Pero, por lo que había escuchado a Madison decir a su madre, era un poco solitario. Nunca parecía pasar el tiempo con nadie. Cuando llegó hacía un mes, Madison había tratado de que se uniera a su grupo, pero él se había mostrado reacio, algo que a Madison le molestó. Consideraba que era un poco raro y no era digno de su atención. Él se veía muy difícil de alcanzar. De hecho, ésta era probablemente la primera vez que Kate lo veía  en la cafetería. San Marcos era una escuela grande, pero alguien como Elijah no era el tipo de chico que pudiera perderse en la multitud. Se preguntó por qué no lo había visto con mayor frecuencia. “¿Se acuerdan lo que decíamos sobre el baile de graduación?", dijo Nicole. "Me retracto. ¡Las dejo solas a las tres sin pensarlo si puedo ir con él!" Todas se echaron a reír. Es decir, a excepción de Kate. Había estado mirando a Elijah, examinando la forma en que se movía entre la multitud. Era tan ligero que parecía estar flotando. Tenía una manera elegante de moverse, como si cada paso fuera parte de una rutina de baile. Era fascinante. En ese momento, él volvió la cabeza como si sintiera que alguien estaba mirándolo. Sus ojos y los de Kate se encontraron a través de la concurrida cafetería. En ese momento, la inundó una sensación que nunca había sentido antes. Fue como si la hubiera golpeado un rayo, como si se le hubiera incendiado cada terminación nerviosa en su cuerpo. Un grupo de chicos más jóvenes pasó frente a la mesa de Kate, bloqueando su vista. Cuando ya pasaron, Elijah había desaparecido. Ella estiró el cuello, tratando, sin éxito, de verlo salir por la puerta a la que se había dirigido. Había desaparecido. "Chicas", dijo Kate a sus amigas que se estaban riendo, “¿vieron eso?" Todas la miraron, confundidas. "¿Ver qué?" "Elijah. Estaba allí un minuto, y luego desapareció por completo.” Ella seguía mirando en la dirección donde él había estado un momento antes. No había manera de que pudiera haber salido de la cafetería tan rápidamente. "Elijah," Nicole rió, agarrándose teatralmente el corazón. Después miró a Kate con agresión simulada. "Voy a luchar por él, ya sabes. A puñetazos, jalándote del pelo, arañándote, toda la cosa.” Las chicas empezaron a reír de nuevo, pero Kate no se les unió. Su mirada se había congelado en el lugar donde Elijah había estado parado. Su mente daba vueltas. ¿Qué había presenciado? CAPÍTULO CUATRO Perdida en su propio mundo, Kate caminaba con las demás chicas por los pasillos llenos de gente de regreso a clase. Su mente aún estaba conmocionada. Las chicas no parecían entender por qué le había  afectado tanto, y cada vez que insistía en que Elijah había desaparecido literalmente frente a su cara, ellas  encontraban alguna manera de explicarlo. Se había cansado de tratar de hacerles entender y se había ido de la cafetería en una rabieta. Hacia el final de la jornada escolar, a Kate le gruñía el estómago. Lo único que había comido era un yogur natural y una ensalada, y un par de bombones que Dinah le había dado. Su mañana llena de decepciones, su rápido viaje en bicicleta a la escuela toda enojada, y la rara desaparición de  Elijah, todo la hacía sentir débil y un poco mareada. Sacó el seguro de su bicicleta y empezó su viaje de regreso a casa en bicicleta; se la tomó con calma, no quería caerse. Su bolso, lleno de libros de texto y con los regalos de sus amigas, estaba muy pesado, por lo que el viaje le estaba resultando aún más agotador. El sol no estaba tan terriblemente caliente a las 3 de la tarde y una brisa fresca provenía del mar. A lo lejos, Kate podía ver las montañas del Parque Rattlesnake Canyon. Era uno de sus lugares favoritos. Amaba la naturaleza, la tranquilidad, su belleza. Le gustaba ir allí los fines de semana para pensar en cosas de la vida. Siempre le recordaba de que el mundo era enorme y que su vida en el hogar era sólo una pequeña porción de experiencias que la tierra tenía para ofrecer. Sin embargo, ¿alguna vez llegaría a ver el mundo? Sin una educación universitaria, ¿cómo podría  vivir la vida que tanto deseaba? No podía soportar la idea de estar atrapada en California un año más, limpiando las casas de la gente rica con su mamá siempre pegada a su lado como una sombra. ¡No era justo! ¿Por qué tenía que hacer dinero para pagar la colegiatura de Madison? Madison no era, ni por mucho, más estudiosa que Kate; de hecho, probablemente quería ir a la universidad para conocer chicos. Entonces, Kate decidió que tendría que encontrar una manera de guardar una parte de sus ganancias para ahorrar y comprar un boleto de avión a la costa este y un día, simplemente, desaparecería. Parecía una solución dramática, pero ¿qué otra opción tenía? Kate estaba tan perdida en sus pensamientos que no había notado el grupo de personas adelante de ella sino hasta que estuvo casi sobre ellas. Eran chicos del último año de su escuela, se arremolinaban por toda la banqueta y la carretera, gritando y empujándose en un revoltijo. Kate estaba a punto de rodearlos cuando se dio cuenta de que había alguien entre ellos. Estaban golpeando a un chico como si fuera una pelota de playa, lo empujaban hacia atrás y adelante, de uno a otro. Vio el pelo oscuro y los rasgos delicados del chico. Era Elijah. "¡Ey!" gritó Kate, frenando bruscamente al lado del grupo. "¡Déjenlo en paz!" Uno de los chicos se volvió hacia ella, con el ceño fruncido. “Lárgate, chica," dijo, cruelmente. "No creo que tu novio quiera que una chica lo rescate.” En ese momento, Kate pudo verlo bien. Elijah se veía abatido. Le habían desgarrado la camiseta en el hombro. Pero no bien los chicos ignoraron a Kate, volvieron a empujarlo hacia atrás y hacia adelante, él ni siquiera se defendía. “¡Elijah!", gritó. “¡Defiéndete!" Él la miró como si la viera por primera vez, pero siguió caminando. Ella no lo podía entender. Pero Kate no iba a dejar que le patearan el trasero por alguna estúpida creencia masculina de que las chicas no podían defender a los chicos. Tenía una bicicleta, lo que significaba que era más rápida que ellos, y podría usarla como un ariete. Tomó su mochila pesada y llena de libros de texto. La hizo girar y la lanzó contra el grupo de chicos, golpeando a uno de ellos en la espalda. "¡Ey!", él gritó, tropezándose hacia adelante. “Bájale, loquita." No parecía muy afectado, aunque ella creyó que él sólo estaba simulando frente a sus amigos. Tal vez era idiota enfrentar a un grupo del último año con nada más que su bolso y su bicicleta, pero la había invadido algún tipo de fuerza, como una mamá ganso cuidando su nido. Estaba enfrentando a los agresores de Elijah como deseaba que Madison la defendiera de su agresiva mamá. Se regresó sobre sí misma y se lanzó en bicicleta hacia ellos lo más rápido que pudo, dispersándolos por todos lados. "¿Quién es esta loca?" Uno de los chicos le decía a otro mientras se movía fuera del camino. "¿No es la hermana de Madison o algo así?", respondió otro, mientras se reía al ver a Kate empuñando su mochila. "Ew, qué asco ", dijo el primero. "Pero Madison es muy guapa. Ella debe ser adoptada, ¿verdad? " Alentada por sus comentarios groseros, Kate volvió a la carga. Golpeó a otro chico con su mochila, con tanta fuerza que esta vez se tambaleó contra otro. Ambos cayeron al suelo en un montón. Tratando de guardar las apariencias, los chicos comenzaron a dispersarse, como niños que abandonan sus helados por una avispa irritante y persistente. Era claro que Kate, con su ataque a Elijah estaba creando más problemas de los que valía la pena enfrentarse. Kate jadeaba con fuerza por el esfuerzo y la ansiedad, aunque un poco de adrenalina triunfal también corría por ella. Vio a los chicos irse, caminando por la carretera, y luego se volvió hacia Elijah. Pero Elijah se había ido. "¡Ey!" Kate gritó en voz alta. Lo menos que el idiota podría haber hecho era quedarse para darle las gracias. Estiró el cuello, tratando de ver hacia dónde se había ido. Pero, cuanto más miraba, le era más claro de que no había manera de que Elijah hubiera tenido tiempo para desaparecer de su vista. No había casas o tiendas en esa parte de la carretera a donde hubiera podido ir, sólo una montaña rocosa en un lado y una fuerte caída hacia los tejados de las casas en la calle de abajo, en el otro. ¿A dónde se había ido? Miró a su alrededor, entrecerrando los ojos por la luz brillante del sol, pero él no estaba por ningún lado. Entonces vio una figura debajo, en la parte inferior de la colina, caminando con esa manera elegante, precisa que reconoció como la de Elijah. No tenía idea cómo había podido llegar tan lejos en un espacio tan corto de tiempo. Trato de creer que la adrenalina estaba jugando con su percepción, aunque una sensación de inquietud empezando a abrumarla. Era exactamente igual que en la cafetería. Elijah, estaba segura, podía moverse a través de grandes distancias más rápidamente de lo que era posible. Kate no estaba segura de la razón que la estaba impulsando a ir tras él. Tal vez porque tenía diecisiete y no quería soportar tanta estupidez de la gente, pero sentía que por lo menos se merecía un poco de su agradecimiento por haberse arriesgado. La caja de bombones de Dinah se había aplastado por golpear a los chicos. Estaban llenando de azúcar de color rosa pegajoso todo el interior de su bolso. Y su copia de Romeo y Julieta ahora tenía un enorme pliegue en la cubierta. Comenzó a pedalear en dirección a Elijah. Era un largo camino y en algunos puntos se hacía  bastante empinado. Todo lo que Kate tenía que hacer era inclinarse hacia adelante y dejar que la gravedad la propulsara hacia abajo de la colina. Por lo general, era una ciclista cuidadosa y lenta, no buscaba la emoción, pero ahora se sentía bien sintiendo el viento bañar su pelo mientras bajaba por la colina. "¡Ey!", gritó cuando creyó que Elijah podría oírla. Él se dio vuelta con una expresión de desconcierto. Una vez más, el momento en que sus ojos se encontraron, una sensación extraña inundó a Kate. Había una intensidad en los ojos de Elijah, una especie de expresión encantada. Si los ojos eran en verdad el espejo del alma, el alma de Elijah parecía ser vieja antes de tiempo. Aturdida por las sensaciones que surcaban su cuerpo, Kate apretó los frenos en los manillares. Pero iba mucho más rápido que lo normal, su bicicleta era vieja, los frenos estaban un poco gastados y no estaban respondiendo tan pronto como le hubiera gustado. Prácticamente estaba volando, acercándose al final de la carretera a una velocidad enloquecida. En la parte inferior, se dio cuenta presa del miedo, estaba la carretera. A Kate le empezó a martillar el corazón porque no había manera de que pudiera detenerse a tiempo. Se dirigía directamente a la carretera. El tiempo pareció detenerse a un ritmo doloroso mientras llegaba a la conclusión inevitable e imparable de que estaba a punto de morir. Su bicicleta pasó la señal de alto, mientras los frenos inútiles chillaban y llenaban el ambiente de olor a goma quemada. Luego, voló sobre las manchas blancas de la carretera  directamente al carril contrario. Kate vio el frente de una casa rodante frente a ella. Vio los ojos de sorpresa del conductor y luego sintió el impacto. El cuerpo de Kate se estrelló contra la casa rodante. No sintió ningún dolor pero sabía, por el sonido de un crujido ensordecedor, que se había roto algo. Posiblemente todo. El claxon del coche empezó a sonar cuando ella rebotó en el parabrisas, y se deslizó completamente  hacia abajo. Su bicicleta se fue volando por el aire, y luego cayó. Ella se incrustó en la parte delantera de la casa rodante y golpeó el suelo, con la cabeza primero. Estrellas negras bailando era todo lo que podía ver. Su bicicleta aterrizó junto a ella, rompiéndose en pedazos al impactar contra el duro asfalto. Kate tuvo una sensación de entumecimiento, el olor metálico de la sangre. Pero el dolor no llegaba. Supo que era algo malo. Era malo que no se pudiera mover. Malo que no sintiera nada. La cabeza de Kate cayó a un lado y su mirada encontró el brillo del mar a lo lejos. Como si estuviera  al final de un largo túnel, Kate pudo oír el sonido de los coches frenando, las puertas del coche abriéndose y la gente gritando. Podía oler la gasolina y el caucho y metal, y algo quemándose. Luego, a través de todo el caos, vio la cara de Elijah frente a ella y sintió que la levantaba en sus brazos. Le estaba diciendo algo, pero no podía entender sus palabras. Su expresión era intensa, presa del pánico. Y justo antes de que todo se fuera a negros, le pareció ver que unos colmillos le salían de la boca. No podía moverse para nada, ni siquiera podía gritar. Pero le llegó la sensación de algo en su cuello, agudo, caliente y húmedo, estaba segura. Entonces, el mundo se desvaneció. CAPÍTULO CINCO Lo primero que Kate sintió fue un pitido electrónico. No había pensado mucho acerca de la muerte, pero estaba bastante segura de que debía ser algo así. Pronto, se le unió otro ruido; un chirrido. Y luego tuvo conciencia de la sensación de que la estaban moviendo hacia adelante. Ruedas, pensó. Estoy sobre una camilla. Luego, vino un olor extraño, demasiado limpio, como a lejía y detergente. Estoy en un hospital, pensó. Así que no estoy muerta, se dio cuenta. Al menos no todavía. Kate sintió algo en su garganta y algo más que se clavaba en su brazo. No era doloroso, pero era molesto. Trató de levantar una mano, pero no pasó nada. Podía oír ruidos extraños por encima de ella, como de gente que estaba hablando debajo del agua. Con el paso de los segundos, las distorsiones se volvieron menos pronunciadas, y empezó a escuchar las voces y entender las palabras. "Es un milagro", dijo alguien. Era una voz que no reconoció. "Nunca vi a nadie sobrevivir a este tipo de lesiones", dijo otra voz. "Veamos si podemos obtener el consentimiento de los padres para someterla a algunas pruebas", dijo la primera voz. “Porque estaba sin señales de vida cuando la recogieron, y de repente, estaba respirando de nuevo. Ni siquiera tuvieron tiempo para desfibrilarla.” Kate se preguntó cuánto tiempo había pasado desde que la casa rodante le había pegado. ¿Recién había ingresado al hospital o había pasado años en coma? Esta última idea la hizo entrar en pánico. ¿Y si había quedado inconsciente en su decimoséptimo cumpleaños y estaba despertando en su trigésimo cumpleaños? ¿O cuadragésimo? ¡O de ochenta años! Comenzó a sentirse más y más agitada ante la idea de encontrarse cara a cara con Amy, Dinah, y Nicole, todas casadas con hijos. Sabía que tenía suerte de estar viva, pero la idea de que todo el mundo hubiera seguido con sus vidas sin ella le era aterradora. De alguna manera, como empujada por sus intensas emociones, se las arregló para abrir los párpados. “Se está despertando," dijo alguien. "No es posible. Está en un coma inducido.” “¡Te lo estoy diciendo!", el primero dijo de nuevo, con mayor insistencia. "Acaba de abrir sus malditos ojos.” Kate podía decir por el tono de su voz de que algo no estaba bien. Por la velocidad con la que chocó, el ángulo con el que golpeó contra el suelo, la forma en que su cabeza había colisionado contra el asfalto, estaba cien por ciento segura que debería estar muerta. Al oír sus voces, sabiendo que había desafiado toda la lógica al estar con vida, entró aún más en pánico. Empezó a parpadear y pudo concentrarse en su entorno. Los azulejos blancos del techo brillaban por encima de ella y había médicos y paramédicos a uno y otro lado, todos se veían confundidos. Trató de preguntar qué le estaba pasando pero no podía mover correctamente su lengua. Había algo en su boca. Alargó una mano, tratando de agarrar a uno de los médicos. Al moverla, notó la línea que salía de su muñeca. Era una especie de aguja, un goteo o IV. La imagen la mareó; nunca le habían gustado las agujas. Había sangre seca en su brazo. Kate se dio cuenta de que era enseguida después del accidente. En caso contrario, no habría sangre ni tampoco paramédicos. No estarían corriendo por un pasillo de esa manera. Si hubiera estado en coma durante años y años, estaría acostada en alguna sala por ahí, completamente olvidada por todos, probablemente cubierta de polvo y telarañas. Al saber que no había pasado un tiempo considerable, se calmó un poco, pero seguía nerviosa por los médicos y las expresiones en sus caras. Finalmente, logró alcanzar y agarrar una de las mangas del médico. Él miró hacia donde su mano lo agarraba, levantando la manga. Su rostro palideció, como si estuviera viendo un fantasma. Miró al paramédico. "Creía que habías dicho que sus huesos se habían hecho añicos." El paramédico bajó la mirada hacia la mano de Kate. “Así estaban," dijo. De pronto se detuvo, como si estuviera tan completamente aturdido que ya no podía continuar. Lo dejaron atrás y él desapareció de la vista. Finalmente, Kate sintió que la camilla giraba en una esquina hasta que se detuvo. Los médicos hablaban a su alrededor mientras la conectaban a diferentes máquinas, cada una hacía su propio pitido. Empujaban y tiraban de ella. Pero con cada minuto que pasaba, Kate parecía recuperar una nueva facultad y tenía más control sobre otra parte del cuerpo. Trató de hablar, pero no podía con esa cosa en su garganta. Entonces, se estiró y sintió una especie de protector de plástico alrededor de la boca. "Ey, ey, ey," uno de los médicos dijo, tratando de apartarle la mano. "Eso te ayuda a respirar. Déjala donde está.” Ella hizo lo que él le dijo. "Vamos a aumentar su propofol", uno de los médicos le decía al otro. "Todavía es probable que haya un derrame en el cerebro. El estado de coma le permitirá reducir el daño.” “Ya recibió la dosis máxima", dijo el segundo. "Bueno, entonces hay un error", el primero argumentó. “A ese paramédico se le fue algo, según yo. Probablemente anotó algo equivocado. Esta chica no pudo haber recibido la dosis máxima.” "Bueno, está bien, si usted lo dice." Kate sintió una sensación de hormigueo donde el goteo se insertaba en su muñeca. Una sensación extraña se deslizó por su cuerpo, como el tipo de cansancio que se siente durante una película aburrida. Definitivamente, no sentía como si la estuvieran anestesiando. Ahora, los médicos se estaban mirando el uno al otro. "Debe haber algo mal con el suministro", dijo el primero. "Oh Dios, revísala, ¿por favor? Lo último  que necesitamos ahora es otra demanda.” Uno de los médicos desapareció, dejando sólo a dos. Uno de ellos se inclinó hacia abajo. Alumbró con una lámpara cada una de sus pupilas. "¿Consumes drogas?", le preguntó. Ella sacudió su cabeza. Él no parecía creerle. "Porque si consumes drogas que puedan interferir con el propofol necesitamos saberlo. ¿Nada de  anfetaminas?" Kate sacudió la cabeza de nuevo. Desesperadamente, quería que le quitaran el tubo de su garganta para poder hablar con ellos. Los médicos se miraron sin saber qué hacer. En ese momento, otra persona se acercó a la cama. Era una mujer en un traje. "Tenemos una identificación de la chica," dijo. "Había una credencial en su mochila. Kate Roswell de la preparatoria San Marcos El director va a conseguir los números de teléfono de sus padres.” Los médicos asintieron. "O podría haberle preguntado a ella," dijo uno de ellos, señalando hacia donde Kate estaba acostada, completamente despierta, y parpadeando pacientemente. La mujer vaciló. "Me dijeron que le habían inducido un coma." “Así es," dijo el otro médico. Los dos la miraban boquiabiertos, y se veían completamente aturdidos. "¿Nos disculpan un momento?" Presas del asombro, los dos se alejaron. La mujer se volvió hacia Kate. "Kate, ¿puedes oírme?", le dijo. Kate asintió. “¿Entonces eres Kate Roswell, ¿verdad?" Kate asintió de nuevo. "Soy Brenda Masters, soy una de las trabajadoras sociales del hospital. ¿Alguien te dijo lo que pasó?” Kate sacudió la cabeza. Pero no necesitaba que le contaran. Se acordaba de todo. La casa rodante que golpeó su cuerpo, rompiendo sus huesos en pedazos. La oscuridad que cubrió su visión mientras sentía la muerte acercársele. Y Elijah. Elijah con sus colmillos que hundió en su cuello. “Típico de los doctores" dijo la mujer. "Nunca se acuerdan de hablar con los pacientes." Brenda se sentó en una silla junto a Kate. “Te golpeó una casa rodante. Estás en el Hospital Santa Bárbara. Voy a trabajar contigo y con tus padres, mientras te recuperas. No te preocupes, van a estar aquí muy pronto.” Brenda le dio in golpecito en el brazo. Pero lo último que Kate quería ahora era a su familia. Sin duda, encontrarían alguna manera de culparla. Le dirían que había sido imprudente por haber dejado que los frenos de su bicicleta se gastaran, o por bajar esa colina tan rápidamente. Podía imaginar a su madre atacándola. Peor aun, podría llegar a afirmar que Kate estaba buscando atención porque Madison iba a la universidad, y por no tener un pastel en su cumpleaños. Un millón de pensamientos cruzaron por su mente y los ojos se le llenaron de lágrimas. Una pequeño ceño apareció entre las cejas de Brenda. “¿No quieres que vengan tus padres?", le preguntó. Kate sacudió la cabeza de nuevo y una lágrima cayó por su mejilla. La mujer se veía preocupada por la revelación. Probablemente, no entendía por qué una chica de diecisiete años de edad, que había sufrido un accidente casi fatal, no quería a su familia junto a ella. Probablemente, nunca había conocido a nadie como los Roswells. "¿Has hecho algo que no debías?", Brenda dijo suavemente. "Porque si te preocupa que vayan a enojarse contigo, estoy segura de que no será así. Sólo querrán saber que estás bien.” Kate sacudió la cabeza de nuevo. Se enojarían, sí, pero no por lo que había hecho. Sino porque existía. Sus lágrimas empezaron a caer a torrentes. "Tenemos que informar a tus padres", dijo la mujer. “Legalmente, eres una menor." Entonces, su voz se suavizó. "Kate, voy a preguntarte algo importante y quiero que pienses cómo vas a contestar. Asiente con la cabeza, si estás de acuerdo con lo que digo y no muevas la cabeza si no lo estás. Kate, ¿tus padres te lastiman?" Kate tragó saliva, la garganta le dolió al tocar el tubo. Cómo deseaba desesperadamente cabecear sí. Pero en su vida no había abuso, no como la mujer lo estaba diciendo. Al menos, no lo creía. Pero, ¿el abuso siempre tenía qué tratarse de golpes y patadas, o podría significar la privación de alimentos, ser condenada al ostracismo por ninguna razón, ser ignorada en un cumpleaños? Kate no lo sabía completamente. Y a pesar de que era consciente de que un simple movimiento de cabeza podría desencadenar toda una serie de eventos, tal vez incluso podrían sacarla de su casa y colocarla con personas que no la despreciaran y quisieran que fuera a la universidad, estaba Max en quien necesitaba  pensar. No podía hacer que viviera ese tipo de trauma, no era más que un niño. Ella sacudió su cabeza. La mujer asintió, aparentemente estaba satisfecha con la respuesta. Probablemente, pensó que Kate era una tonta fugitiva adolescente. Que se había ido a buscar emociones y estuvo a punto de morir, y estaba tratando de evitar de que la castigaran. "Voy a llamarlos," dijo la mujer, levantándose y alisándose la falda. Ella se fue y Kate se dio cuenta de que estaba sola por primera vez. El tubo en su garganta la estaba volviendo loca. Le picaba como loco. Y, con desesperación, quería poder hablar. Tenía que preguntarle a alguien donde estaba Elijah. Se acordó que la levantó en sus brazos. ¿Por qué no fue con ella en la ambulancia? Él debió haberla llamado. Cuando Kate pudo sentarse en la cama, finalmente tuvo una buena vista de la sala. Estaba llena de otras personas que estaban dormidas. Todas estaban en coma, tal como se suponía que ella estaba. La habían levado allí esperando que la hinchazón que pudiera tener en su cerebro disminuyera. Pero su cuerpo había rechazado completamente las medicinas. Sus huesos también se habían curado. Es lo que había dicho el médico. Cada hueso de su brazo -cúbito, radio, húmero- se había sido destrozado y sin embargo no sentía ningún dolor. De hecho, sus brazos estaban funcionando perfectamente bien. Podía girar sus manos delante de ella y mover todos los dedos. De hecho … tocó su boca y encontró una boquilla plástica extraña. Puso sus dedos debajo de ella y empezó a jalar. El tubo comenzó a deslizarse hacia arriba por su garganta. Era muy incómodo, pero siguió tirando hasta que todo estuvo fuera. Finalmente, pudo tomar una buena respiración. Tiró el tubo al piso, contenta de librarse de él. La otra cosa irritante era el IV en su brazo. Arrancó el apósito que lo fijaba en su piel y jaló la aguja. Sangre salió de su piel y ella la lamió instintivamente. Sin los tubos y cables, se sintió mucho más cómoda, y pudo evaluar la situación. Su cuerpo se sentía diferente, pero no de una mala manera. No sentía dolor en ningún lado. La única incomodidad que sentía, ahora que el tubo estaba afuera, era una sensación punzante en el estómago. Se moría de hambre. ¿Era algo habitual sentir hambre después de tener una experiencia cercana a la muerte? Se tocó el cuerpo a través del delgado vestido de papel. Todo estaba donde se suponía. Le molestó un poco que probablemente habían cortado toda su ropa para comprobar si tenía heridas, que no encontraron. Pero … ¿cómo podía ser que no hubiera sufrido ninguna lesión? No tenía fisuras en las costillas ni pulmones perforados. No había ningún órgano roto, para nada. Todo eso era muy confuso. Se dio cuenta de que habían llevado su mochila con ella. Se agachó y encontró el libro de Amy cubierto con el chocolate aplastado de Dinah. Luego, a la derecha en la parte inferior, encontró su teléfono celular. Nunca se le había sido permitido un teléfono inteligente como a Madison, por lo que tenía uno de esos baratos pero indestructibles. Por suerte, había sobrevivido al accidente. Lo agarró y, en primer lugar, envió un mensaje a Amy, en parte porque era más rápido llegar a su nombre y también porque, de las tres, era su amiga más cercana. Me golpeóun coche. Totalmente bien. PLZ encuentra a Elijah. Pulsó enviar y esperó. Pasaron unos segundos antes de que llegara su respuesta. ¡¿¿¡¿¡¿¡QUÉ!?!?!??! Kate suspiró. Era evidente que Amy no iba a escucharla aun cuando le había dicho que estaba totalmente bien. Envió un mensaje de vuelta. Honestamente, no es gran cosa. No hay nada roto. PLZ PLZ PLZ encuentra a Elijah. La respuesta de Amy llegó momentos después. ¡¡¡Estas loca !! ¿Donde estás? Frustrada, Kate puso su teléfono en la cama junto a ella. Necesitaba encontrar desesperadamente a  Elijah y preguntarle qué estaba pasando. Estaba segura de que él lo sabría. En ese momento, los médicos se acercaron a su cama. Venían con otro medico, un hombre mayor de pelo blanco, y todos caminaban en grandes zancadas hacia ella. Cuando la vieron sentada, con el tubo en el suelo y el goteo intravenoso sobre la cama, se detuvieron en seco. "¿Es una broma?", dijo el nuevo, el médico de pelo blanco. Los otros movieron enfáticamente la cabeza. "Yo estuve con ella el segundo que se bajó de la ambulancia. Los paramédicos dijeron que no tenía señales de vida pero cuando salió de la ambulancia estaba respirando. “Le habían suministrado dos dosis de propofol," el otro añadió. "¿Cómo puede estar sentada?", dijo el médico de pelo blanco. Kate empezó a sentirse mal por la forma en que estaban hablando de ella en lugar de a ella. Era quien  acababa de pasar por una experiencia traumática y la estaban tratando como un monstruo del circo. "Hola", ella dijo, aliviada de que el tubo no hubiera dañado su garganta. "Creo que me siento mejor ahora. ¿Puedo irme a casa? No veo el sentido preocupar a mi familia.” Ella comenzó a levantarse, pero los médicos la empujaron hacia abajo. "No espera. Lo siento, pero no puedes irte hasta que te hagamos unas pruebas. Es posible que tengas  daño cerebral.” "Estoy bastante segura de que no," dijo Kate. "¿Quieres que diga el alfabeto al revés o algo así?" Asombrado, el médico con el pelo blanco miró a los otros. Finalmente, le hizo la pregunta que estaba en boca de todos: “¿Qué cosa eres?" CAPÍTULO SEIS Los padres de Kate no llegaron al hospital hasta varias horas más tarde. Su padre no había podido (o no había querido) salir antes del trabajo. Su madre, a pesar de haber sido quien recibió la llamada del hospital, había estado "demasiado ocupada." Eran las 7 de la tarde cuando alguien de su familia fue a verla. El hospital, incluso había tratado de convencer a Madison quien, a los dieciocho años, era lo más parecido  a lo que podían considerar un "adulto" en su familia. Pero ella estaba demasiado ocupada con una "importante" competencia de porristas después de la escuela -claramente mucho más importante que la vida de su hermana, y no había llegado. Durante todo ese tiempo, varios médicos y enfermeras habían estado entrando y saliendo para ver a Kate, cada uno estaba más desconcertado que el anterior. Finalmente, decidieron que ella estaba jugando algún tipo de broma de mal gusto, que había fingido el accidente para llamar la atención, una idea que sus padres compartían cuando finalmente llegaron. Конец ознакомительного фрагмента. Текст предоставлен ООО «ЛитРес». Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию (https://www.litres.ru/pages/biblio_book/?art=43697143&lfrom=334617187) на ЛитРес. 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