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Comprometida

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Comprometida Morgan Rice Diario de un Vampiro #6 En Comprometida (Libro # 6 del Dirio del Vampiro), Caitlin y Caleb se encuentran, una vez más, viajando hacia atrás en el tiempo, esta vez en el Londres de 1599. Londres en 1599 es un lugar salvaje, lleno de paradojas: por un lado es una época sofisticada increíblemente erudita, con dramaturgos como Shakespeare, por otro, también es bárbara y cruel, con ejecuciones públicas diarias, torturas y cabezas de prisioneros empalados en estacas. También es una época de superstición y de peligro en los lugares públicos, con la falta de higiene y la peste bubónica se difumina en las calles por la gran cantidad de ratas. En este contexto Caitlin y Caleb aterrizan, buscando a su padre, a la tercera lave, y al mítico escudo que puede salvar a la humanidad. Su misión los lleva por un torbellino de as más asombrosa arquitectura medieval de Londres y los castillos más impresionantes de la campiña británica. Los lleva de nuevo al corazón de Londres, donde conocen a Shakespeare en persona y ven una de sus obras en vivo. Los lleva a una niña, Scarlet, que sólo podría ser su hija. Y durante todo este tiempo, el amor de Caitlin por Caleb se profundiza mientras que finalmente están juntos -y Caleb sólo podría finalmente encontrar el momento y el lugar perfectos para proponerle matrimonio. Sam y Polly han viajado, también absortos en su propio viaje, su relación se profundiza, ya que, a pesar de sí mismos, no pueden evitar tener sentimientos más profundos hacia el otro. Pero no todo está bien. Kyle ha regresado también, al igual que su compañero en el mal, Sergei, y ambos están empeñados en destruir todo lo que hay de bueno en la vida de Caitlin. Será una carrera hasta el final dado que Caitlin se verá obligada a tomar algunas de las decisiones más difíciles de su vida al querer salvar a todos a quien quiere, salvar su relación con Caleb – y tratar de salir con vida. Morgan Rice comprometida (libro #6 de Diario del Vampiro) Acerca de Morgan Rice Morgan Rice es la escritora del bestseller #1: DIARIO DE UN VAMPIRO (THE VAMPIRE JOURNALS), una saga que comprende once libros (y siguen llegando); la saga del bestseller #1: TRILOGÍA DE SUPERVIVENCIA (THE SURVIVAL TRILOGY), thriller pos apocalíptico que comprende dos libros (y siguen llegando); y la saga de fantasía épica, bestseller #1: EL ANILLO DEL HECHICERO, que comprende trece libros (y contando). Los libros de Morgan están disponibles en audio y edición impresa, y la traducción de los libros está disponible en alemán, francés, italiano, español, portugués, japonés, chino, sueco, holandés, turco, húngaro, checo y eslovaco (próximamente en otros idiomas). A Morgan le encantaría tener comunicación con usted, así que visite www.morganricebooks.com (http://www.morganricebooks.com/) para unirse a la lista de correo electrónico, recibir un libro gratuito, recibir regalos gratuitos, descargar una aplicación gratuita, obtener las últimas noticias exclusivas, conectarse a Facebook y Twitter, y ¡mantenerse en contacto! Algunas Opiniones Acerca de las Obras de Morgan Rice “EL ANILLO DEL HECHICERO (THE SOURCERER’S RING) tiene todos los ingredientes para ser un éxito inmediato: tramas, tramas secundarias, misterio, caballeros aguerridos y relaciones que florecen, llenos de corazones heridos, decepciones y traiciones. Lo mantendrá entretenido durante horas y satisfará a las personas de cualquier edad.   Recomendado para la biblioteca habitual de todos los lectores de fantasía”.     --Books and Movie Reviews, Roberto Mattos “Rice hace un gran trabajo para captar su atención desde el principio, al utilizar una gran calidad descriptiva que va más allá de la simple descripción de la ambientación… Bien escrito y sumamente rápido de leer”.     --Black Lagoon Reviews (acerca de Turned) “Es una historia ideal para lectores jóvenes. Morgan Rice hizo un buen trabajo dando un giro interesante… Innovador y singular. La saga se centra alrededor de una chica… ¡una chica extraordinaria!  Es fácil de leer, pero con un ritmo sumamente rápido…  Clasificación PG (Guía Paternal)”.     --The Romance Reviews (acerca de Turned) “Me llamó la atención desde el principio y no dejé de leerlo… Esta historia es una aventura increíble, de ritmo rápido y llena de acción desde su inicio.   No hay un momento aburrido”.     --Paranormal Romance Guild (con respecto a Turned) “Lleno de acción, romance, aventura y suspenso.   Ponga sus manos en él y vuelva a enamorarse”.     --vampirebooksite.com (con respecto a Turned) “Tiene una trama estupenda y este libro en particular, le costará dejar de leer en la noche.  El final en suspenso es tan espectacular, que inmediatamente querrá comprar el siguiente libro, solamente para ver qué sigue”.     --The Dallas Examiner (referente a Loved) “Es un libro equiparable a TWILIGHT y DIARIO DE UN VAMPIRO (VAMPIRE DIARIES), y hará que quiera seguir leyendo ¡hasta la última página!  Si le gusta la aventura, el amor y los vampiros, ¡este libro es para usted!”.     --Vampirebooksite.com (con respecto a Turned) “Morgan Rice se demuestra a sí misma una vez más que es una narradora de gran talento… Esto atraerá a una gran audiencia, incluyendo a los aficionados más jóvenes, del género de los vampiros y de la fantasía.   El final de suspenso inesperado lo dejará estupefacto”.     --Reseñas de The Romance Reviews (con respecto a Loved) "Una fantasía animada que entreteje elementos de misterio e intriga en la historia. La Senda de los Héroes trata acerca del valor y sobre la realización de un propósito de vida que conduce al crecimiento, la madurez y la excelencia… Para los que buscan aventuras de ficción sustanciosa, los protagonistas, los mecanismos y la acción proporcionan un conjunto vigoroso de encuentros que se centran en la evolución de Thor de ser un niño soñador a un adulto joven que enfrenta a situaciones imposibles para sobrevivir… Es sólo el comienzo de lo que promete ser una saga épica para adultos jóvenes".     – Midwest Book Review (D. Donovan, eBook Reviewer) Libros de Morgan Rice EL ANILLO DEL HECHICERO (THE SORCERER’S RING) LA SENDA DE LOS HÉROES (A QUEST OF HEROES) – (Libro #1) LA MARCHA DE LOS REYES (A MARCH OF KINGS) – (Libro #2) EL DESTINO DE LOS DRAGONES (A FATE OF DRAGONS) (Libro #3) EL GRITO DE HONOR (A CRY OF HONOR) (Libro #4) UNA PROMESA DE GLORIA (A VOW OF GLORY) (Libro #5) UN DEBER DE VALOR (A CHARGE OF VALOR)  (Libro #6) UN GRITO DE ESPADAS (A RITE OF SWORDS) (Libro #7) UNA SUBVENCIÓN DE ARMAS (A GRANT OF ARMS)  (Libro #8) UN CIELO DE HECHIZOS (A SKY OF SPELLS)  (Libro #9) UN MAR DE ESCUDOS (A SEA OF SHIELDS) (Libro #10) UN REINADO DE HIERRO (A REIGN OF STEEL) (Libro #11) UNA TIERRA DE FUEGO (A LAND OF FIRE) –  (Libro #12) EL DECRETO DE LAS REINAS (A RULE OF QUEENS) –  (Libro #13) LA TRILOGÍA DE SUPERVIVENCIA (THE SURVIVAL TRILOGY) ARENA UNO: TRATANTES DE ESCLAVOS (SLAVERSUNNERS) –  (Libro #1) ARENA DOS (ARENA TWO) – (Libro #2) DIARIO DE UN VAMPIRO (THE VAMPIRE JOURNALS) TRANSFORMACIÓN (TURNED) (Libro #1) AMORES (LOVED)  (Libro #2) TRAICIÓN (BETRAYED) – (Libro #3) DESTINADO (DESTINED) (Libro #4) DESEO (DESIRED) (Libro #5) PROMETIDO (BETROTHED) (Libro #6) PROMESA (VOWED) (Libro #7) ENCUENTRO (FOUND) (Libro #8) RESURRECCIÓN (RESURRECTED) (Libro #9) ANSIAS (CRAVED) (Libro #10) DESTINO (FATED) (Libro #11) ¡Escuche la serie del Diario del Vampiro en formato de audio libro! Disponibles ahora en: Amazon (http://www.amazon.com/turned-book-1-vampire-journals/dp/b006m6vyjm/ref=tmm_aud_title_0) Audible (http://www.audible.com/pd/ref=sr_1_1?asin=b006lakl34&qid=1323958119&sr=sr_1_1) iTunes (http://itunes.apple.com/webobjects/mzstore.woa/wa/viewaudiobook?id=489725251&s=143441) Derechos Reservados © 2014 Morgan Rice Todos los derechos reservados. Ninguna porción de este libro podrá ser reproducida, almacenada en algún sistema de recuperación, o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio o ser guardado en una base de datos o sistema de recuperación, sin la autorización previa del autor. Este libro electrónico está disponible sólo para su disfrute personal. Este libro electrónico no puede ser re- vendido o regalado a otras personas. Si usted desea compartir este libro con otra persona, por favor adquiera una copia adicional para cada destinatario. Si usted está leyendo este libro y no lo compró , o no lo compró sólo para su uso individual, por favor devuélvalo y compre su propia copia. Muchas gracias por respetar el trabajo de este autor. Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes , empresas, organizaciones, lugares, eventos e incidentes son producto de la imaginación del autor o han sido usados como ficción. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es total coincidencia. Modelo en la portada: Jennifer Onvie. Fotografía de la portada: Adam Luke Studios, New York. Artista de maquillaje de la portada: Ruthie Weems. Si desea comunicarse con alguno de estos artistas, por favor, póngase en contacto con Morgan Rice. HECHO: En el Londres de Shakespeare, una forma común de entretenimiento era "el oso cebado.” Se ataba un oso a un poste mientras se soltaba una manada de perros salvajes. Se hacían apuestas para ver quién ganaba. El estadio del "oso cebado” estaba muy cerca del teatro de Shakespeare. Muchos de la multitud rústica del oso cebado luego iba a ver una obra de Shakespeare. En la época de Shakespeare la gente que iba a ver a sus obras de teatro no era sofisticada ni pertenecía a una élite. Todo lo contrario. La mayoría era gente rústica, sin educación, los plebeyos que asistían para entretenerse y pagaban sólo un centavo la entrada. Por ese precio, podían ver toda la obra parados en el suelo- y, por esa razón, llegaron a ser conocido como los “Del Piso.” El Londres de Shakespeare era civilizado -pero también bárbaro. Era común ver ejecuciones en las calles y se torturaba públicamente a los criminales. La entrada a su camino más famoso -el Puente de Londres- estaba a menudo adornado con picas, en la que se clavaban las cabezas de los delincuentes. La peste bubónica (también conocida como la Muerte Negra) mató a millones en Europa, y golpeó a Londres en varias ocasiones a lo largo de los siglos. Se propagaba en lugares con condiciones sanitarias deficientes y donde había mucha gente, y azotó duramente el distrito teatral de Shakespeare. Pasarían siglos hasta que se descubriera que los portadores de la plaga eran las pulgas en las ratas. "Ven, noche gentil, ven, amorosa noche, Dame mi Romeo; y, cuando muera, Llévalo y córtalo en pequeñas estrellas, Y él hará que la cara del cielo se vea tan delicada Que todo el mundo va a estar enamorado de la noche Y no adorará al sol chillón ".     --William Shakespeare, Romeo y Julieta CAPITULO UNO Londres, Inglaterra (Septiembre de 1599) Caleb se despertó con el repicar de las campanas. Respirando pesadamente, se sentó de golpe y miró a su alrededor. Había estado soñando que Kyle lo perseguía, y que Caitlin le tendía una mano buscando su ayuda. Estaban en un campo lleno de murciélagos, contra un sol de color rojo sangre; todo se veía muy real. Ahora, mientras miraba alrededor de la habitación, trató de saber si todo eso era real, o si estaba realmente despierto y había regresado en el tiempo. Después de escuchar su propia respiración por varios segundos, sentir la fresca humedad en el aire, y escuchar el latido de su propio corazón en medio del silencio, se dio cuenta de que todo había sido un sueño. Realmente estaba despierto. Caleb estaba sentado en el interior de un sarcófago abierto. Miró alrededor de la habitación oscura como una caverna y vio que estaba llena de sarcófagos. Los techos eran bajos con arcos y las ventanas eran aberturas estrechas por las que entraba muy poquito sol. Había suficiente luz para poder ver. Entrecerró los ojos ante el reflejo, metió la mano en el bolsillo, y se aplicó sus gotas en los ojos, feliz de conservar las gotas todavía. Poco a poco, el dolor se desvaneció y él se relajó. Caleb se levantó de un salto, en un solo movimiento, y dio una vuelta por la habitación, mirando en todas direcciones. Todavía estaba en guardia, no quería que lo atacaran o emboscaran antes de que tuviera la oportunidad de orientarse. Pero no había nada ni nadie en la habitación. Sólo silencio. Al notar los pisos de piedra antiguos, las paredes, el pequeño altar y la cruz, supuso que estaba en la cripta subterránea de una iglesia. Caitlin. De nuevo, Caleb dio una vuelta por la habitación en busca de algún rastro de ella. Experimentó una sensación de urgencia mientras se apresuraba al sarcófago que tenía más cerca. Con todas sus fuerzas, quitó la tapa. Su corazón se llenó de entusiasmo con la esperanza de encontrarla. Pero el sarcófago estaba vacío. Caleb se apresuró por la habitación yendo de un sarcófago al siguiente abriendo cada una de sus  tapas. Pero todos estaban vacíos. Caleb se desesperaba más y más mientras empujaba la última tapa, lo hizo con tanta fuerza que cayó al suelo y se rompió en mil pedazos. Pero ya tenía la sensación de que no la encontraría y, como los demás, estaba vacío – había tenido razón. Se dio cuenta que Caitlin no estaba en esa sala, y empezó a sudar frío. ¿Dónde podría estar? La idea de haber regresado en el tiempo sin ella le provocó un escalofrío en la columna vertebral. Ella le importaba más de lo que él podría decirle y, sin ella a su lado, su vida, su misión, no tenían ningún propósito. De repente, se acordó de algo y metió la mano en el bolsillo para comprobar si todavía estaba allí. Afortunadamente, estaba. El anillo de bodas de su madre. Lo sostuvo en la luz y admiró el zafiro de seis quilates perfectamente cortado, montado sobre una banda de diamantes y rubíes. No había podido  encontrar el momento oportuno para proponerle matrimonio. Esta vez estaba decidido a hacerlo. Por supuesto, si ella había regresado. Caleb oyó un ruido y giró hacia la entrada, algo se estaba moviendo. Esperaba con todas sus ganas de que fuera Caitlin. Pero se sorprendió al encontrarse mirando hacia abajo mientras la persona doblaba la esquina y ver que no se trataba de una persona. Era Ruth. Caleb se alegró de verla porque había sobrevivido el viaje en el tiempo. Caminó hacia Caleb moviendo la cola, sus ojos se iluminaron al reconocerlo. Caleb se arrodilló y ella corrió a sus brazos. Quería a Ruth, y le sorprendió lo mucho que había crecido: parecía ser el doble de grande, y es veía como todo un animal. También se animó al encontrarla: quizás Caitlin también estaba allí. Ruth se volvió de repente, salió corriendo de la habitación y desapareció por la esquina. A Caleb le  desconcertó su reacción y salió corriendo tras ella, quería ver dónde iba. Entró a otra cámara abovedada, también estaba llena de sarcófagos. A simple vista pudo ver que todos habían sido abiertos y estaban vacíos. Ruth siguió corriendo, gimiendo y también salió corriendo de esa habitación. Caleb empezó a preguntarse si Ruth lo conduciría a alguna parte. Corrió tras ella. Después de recorrer más habitaciones, Ruth finalmente se detuvo en una pequeña alcoba al final del pasillo, apenas iluminada por una antorcha. En el interior, había un sarcófago de mármol de diseño intrincado. Caleb se acercó lentamente, conteniendo la respiración, esperando, sintiendo que Caitlin podría estar dentro. Ruth se sentó a su lado y se le quedó mirando. Ella gemía desesperadamente. Caleb se arrodilló y trató de empujar su tapa de piedra. Pero era mucho más pesada que los otras y apenas se movió. Se arrodilló y empujó con más fuerza, con todas sus fuerzas hasta que comenzó a ceder. Siguió empujando y, en unos momentos, la tapa se desprendió por completo. Caleb se sintió aliviado al encontrar a Caitlin acostada allí, inmóvil, con las manos cuidadosamente dobladas  sobre el pecho. Pero su alivio se convirtió en preocupación cuando la examinó y vio que estaba más pálida de lo que jamás la había visto en su vida. Sus mejillas no tenían color y sus ojos ni siquiera reaccionaban a la luz de las antorchas. La miró más de cerca y se dio cuenta de que parecía no estar respirando. Se echó hacia atrás con horror. Caitlin parecía estar muerta. Ruth gimió más fuerte: ahora él entendía. Caleb se inclinó y colocó firmemente ambas manos sobre sus hombros. La sacudió suavemente. "¿Caitlin?", dijo con preocupación en su voz. "¿¡CAITLIN !?" llamó más fuerte, mientras la sacudía con más fuerza. Pero ella no respondía, se le congeló todo su cuerpo al imaginar lo que su vida sería sin ella. Sabía que era peligroso viajar en el tiempo y que no todos los vampiros sobrevivían a los viajes. Pero él nunca había contemplado la posibilidad de morir en el viaje de regreso. ¿Había cometido un error al alentarla a continuar la búsqueda y cumplir con su misión? ¿Debería haber renunciado y haberse establecido con ella en el último lugar? ¿Y si lo había perdido todo? Ruth saltó sobre el sarcófago, puso sus cuatro patas sobre el pecho de Caitlin, y comenzó a lamer toda su cara. Pasaron varios minutos y Ruth no dejaba de lamerla, gimiendo. Cuando Caleb se inclinó para sacar a Ruth, se detuvo. Le sorprendió ver a Caitlin abrir un ojo. Ruth aulló, feliz, mientras saltaba del pecho de Caitlin y corría en círculos. Caleb se inclinó, igualmente feliz, mientras Caitlin abría los dos ojos y empezaba a mirar a su alrededor. Se apresuró y cogió una de sus manos heladas, calentándola entre las suyas. "¿Caitlin? ¿Puedes oírme? Soy yo, Caleb." Poco a poco, ella empezó a incorporarse y él la ayudó, colocando suavemente una mano detrás de su cuello. Estaba tan feliz de verla parpadear, entrecerrando los ojos. Podía ver lo desorientada que estaba, como si hubiera despertado de un sueño profundo, muy profundo. "¿Caitlin?", preguntó de nuevo, en voz baja. Ella lo miró fijamente, con sus ojos marrones tan hermosos como él los recordaba. Pero algo, se dio cuenta, estaba mal. Ella no sonreía y, cuando parpadeó, sus ojos tenían la mirada propia de un extraño. "¿Caitlin?", preguntó de nuevo, esta vez estaba preocupado. Ella lo miró directamente con los ojos bien abiertos y con sorpresa, se dio cuenta que ella no lo reconocía. "¿Quién eres tú?", ella preguntó. A Caleb se le cayó el corazón al piso. ¿Era posible? ¿El viaje había borrado memoria? ¿De verdad lo había olvidado? "Caitlin", le preguntó otra vez, "soy yo. Caleb." Él sonrió, esperando tal vez que eso la ayudaría a recordar. Pero ella no le devolvió la sonrisa. Se limitó a mirarlo con una mirada vacía, parpadeando varias veces. "Lo siento," dijo finalmente. "Pero no tengo idea quién eres." CAPÍTULO DOS Sam se despertó con el chillido de los pájaros. Abrió los ojos y vio en lo alto varios buitres dando enormes vueltas. Debía haber una docena de ellos y volaban en círculo cada vez más bajo, justo sobre él como si lo estuvieran observando. Como si estuvieran esperando. De repente, se dio cuenta de que los buitres suponían que él estaba muerto y estaban esperando su oportunidad para lanzarse en picada y comérselo. Cuando Sam se puso de pie, las aves, de repente, salieron volando, como si les hubiera sorprendido que los muertos podían resucitar. Miró a su alrededor tratando de orientarse. Estaba en un campo en medio de colinas. Por lo que alcanzaba a ver, había muchas colinas cubiertas de hierba y arbustos raros. La temperatura era perfecta, y no había ninguna una nube en el cielo. Todo se veía muy pintoresco y no había un solo edificio a la vista. Parecía que estaba en medio de la nada. Sam trató de averiguar dónde estaba, en qué época, y cómo había llegado hasta allí. Trató desesperadamente de recordar. ¿Qué había ocurrido antes de regresar en el tiempo? Poco a poco, fue recordando. Había estado en la catedral de Notre Dame, en París, en 1789, había estado luchando contra Kyle, Kendra, Sergei y su gente, manteniéndolos a raya para que Caitlin y Caleb pudieran escapar. Había sido lo menos que podía hacer, él le debía a Caitlin más que eso, sobre todo después de haberla puesto en peligro con su imprudente romance con Kendra. Enormemente superados en número, había usado su poder de cambiar de forma y había logrado confundirlos lo suficiente como para causar daños considerables, aniquilando a muchos de los hombres de Kyle, incapacitando a los otros, y logrando escapar con Polly. Polly. Ella había estado todo el tiempo a su lado, había luchado valientemente y los dos, recordó, habían sido una fuerza a respetar. Habían escapado por el techo de la catedral de Notre Dame y en medio de la noche habían ido en busca de Caitlin y Caleb. Sí. Todo estaba empezando a hacerse claro .... Sam se había enterado de que su hermana había regresado en el tiempo y, lo supo en el acto, él también tenía que regresar en el tiempo para corregir los agravios, encontrar Caitlin otra vez, pedirle  disculpas y protegerla. Sabía que ella no lo necesitaba: ahora ella era un guerrero mejor que él, y tenía a Caleb. Pero, después de todo, era su hermana y no podía detener su impulso de protegerla. Polly había insistido en regresar con él. Ella también tenía el propósito de ver a Caitlin de nuevo y darle explicaciones de lo que sucedió. Sam no se había opuesto y habían  regresado juntos. De nuevo, Sam miró a su alrededor con la mirada fija en los campos, preguntándose dónde estaba ella. "¿Polly?", gritó una primera vez. No escuchó ninguna respuesta. Caminó hacia el borde de una colina para tener una vista más amplia del paisaje. "¿¡Polly !?", gritó de nuevo, esta vez más fuerte. "¡Por fin!" dijo una voz. Cuando Sam miró a lo lejos, vio a Polly caminando en el horizonte, dando vuelta en  una colina. Cargaba una brazada de fresas y estaba comiendo mientras hablaba con la boca llena. "¡He estado esperando toda la mañana! ¡Dios! ¡Realmente te gusta dormir, ¿¡no!?" Sam estaba encantado de verla. Se dio cuenta de lo solo que se había sentido al volver, y lo feliz que estaba de tener algo de compañía. También se dio cuenta, a pesar de sí mismo, de lo importante que ella se había convertido para él. Después de su fiasco con Kendra, apreciaba estar alrededor de una chica normal, apreciaba a Polly más de lo que ella podía imaginar. Y a medida que se acercaba y el sol iluminaba su pelo marrón, sus ojos de color azul claro y su piel blanca translúcida, le sorprendió, una vez más, su belleza natural. Estaba a punto de responder pero, como de costumbre, ella no lo dejó hablar. "Me desperté a menos de tres metros de ti", continuó mientras se acercaba comiendo otra fresa, "y te sacudí una y otra vez ¡pero no despertabas! Así que me fui y me puse a recolectar fresas. Ya quería irme de este lugar pero no iba a dejarte a merced de los pájaros. Tenemos que encontrar a Caitlin. ¿Quién sabe dónde estará? Ella podría necesitar nuestra ayuda en estos momentos. ¡Y todo lo que haces es dormir! Después de todo, ¿para qué regresamos si no nos vamos a levantar e ir… " "¡Por favor!" Sam gritó, rompiendo a reír. "¡No puedo decir una palabra!" Polly se detuvo y lo miró con sorpresa,como si no tuviera ni idea de que estaba hablando muchísimo. "Pues bien," dijo ella, "¡habla!" Sam la miró, distraído por lo azul que sus ojos se veían a la luz de la mañana; finalmente cuando tuvo la oportunidad de hablar, se quedó congelado olvidando lo que iba a decir. "Uh …", comenzó. Polly alzó las manos. "¡Chicos!", exclamó. "Nunca quieren que hables-¡pero ellos nunca tienen nada que decir! Bueno, ¡no puedo seguir esperando más! ", dijo y se apresuró pavoneándose por el campo, mientras comía otra fresa. "¡Espera!" Sam gritó, corriendo tratando de alcanzarla. "¿Adónde vas?" "¿Pues a encontrar a Caitlin, por supuesto!" "¿Sabes dónde está?", preguntó. "No," dijo ella. "Pero sé dónde no está- ¡y es en este campo! Tenemos que salir de aquí. Encontrar la ciudad más cercana, o edificios, o lo que sea, y averiguar en qué época nos encontramos. ¡Tenemos que empezar en alguna parte! ¡Y este no es un lugar adecuado!" "Bueno, ¿¡No crees que yo también quiero encontrar a mi hermana!?" Sam gritó exasperado. Finalmente, ella se detuvo y se volvió de frente hacia él. "Quiero decir, ¿no quieres que te acompañe?", preguntó Sam, dándose cuenta de lo mucho que quería buscar a Caitlin con ella. "¿No quieres que busquemos juntos?" Polly lo miró con sus grandes ojos azules, como si lo estuviera evaluando. Él sentía como si lo estuvieran  investigando, y pudo ver que ella no estaba segura. No lograba entender por qué. "No sé," ella dijo finalmente. "Quiero decir, te manejaste muy bien allá en París -Tengo que admitirlo. Pero … " Hizo una pausa. "¿Qué pasa?", le preguntó finalmente. Polly se aclaró la garganta. "Bueno, si quieres saberlo, el último-um-chico- con quien estuve -Sergei resultó ser un mentiroso y un estafador, me engañó y me usó. Era demasiado tonta para darme cuenta. Pero nunca más voy a dejarme engañar así de nuevo. Y no estoy lista para confiar en nadie de la raza masculina, incluido tú. Es sólo que no quiero estar con ningún chico ahora. No es que tú y yo-no estoy diciendo que SEAMOS-no pienso en ti de esa manera-más que como un amigo- un conocido-" Polly empezó a tartamudear, y Sam pudo ver lo nerviosa que estaba y no pudo evitar sonreír para sus adentros. »Pero es sólo que estoy harta de los chicos. Sin ánimo de ofender." Sam sonrió divertido. Le encantaba su candor y su desparpajo. "No me ofende", respondió. "La verdad sea dicha," añadió, “Yo estoy harto de las chicas." Los ojos de Polly se abrieron de sorpresa; claramente no era la respuesta que había estado esperando. "Pero se me ocurre que tenemos una mejor oportunidad de encontrar a mi hermana si buscamos juntos. Quiero decir-" Sam se aclaró la garganta, "profesionalmente hablando." Ahora fue el turno de Polly de sonreír. "Profesionalmente hablando," repitió. Sam extendió formalmente su mano. "Te lo prometo, sólo seremos amigos, nada más", dijo. "He renunciado a las chicas para siempre. No importa lo que pase. " "Y he renunciado a chicos para siempre. No importa qué, " Polly dijo, todavía examinando su mano que colgaba en el aire, aun no muy segura. Sam sacó su mano con paciencia, esperando. "¿Solo amigos?", preguntó. "¿Nada más?" "Sólo amigos", dijo Sam. Finalmente, ella extendió su mano y se la estrechó. Sam no pudo evitar notar que ella sostuvo su mano por un poco demasiado largo tiempo. CAPÍTULO TRES Caitlin se sentó en el sarcófago y le devolvió la mirada al hombre que tenía frente a ella. Sabía que lo conocía de alguna parte, pero no lograba ubicar de dónde. Miró sus grande ojos cafés preocupados, su rostro perfectamente cincelado, sus pómulos, su piel suave y su cabello grueso y ondulado. Era hermoso, y ella percibió lo mucho que se preocupaba por ella. En el fondo, sentía que se trataba de una persona importante para ella pero, con toda sinceridad, no podía recordar quién era. Caitlin sintió algo húmedo en su palma y miró hacia abajo para ver un lobo sentado allí, lamiéndola. Le sorprendió lo cariñosa que la loba era con ella, como si la conociera de siempre. Tenía una hermosa piel blanca, con una sola raya gris que iba por el medio de su cabeza y su espalda. Caitlin sentía que también conocía a este animal y que en algún momento de su vida había tenido una estrecha relación con ella. Pero aunque trató, no pudo recordar cómo. Con la esperanza de  poder refrescar su memoria, miró a su alrededor. La habitación se ponía lentamente en foco. Era oscura y estaba iluminada sólo por una antorcha y a lo lejos vio otras habitaciones llenas de sarcófagos. Tenía un techo bajo abovedado, y las piedras se veían antiguas. Parecía una cripta. Se preguntó cómo había llegado hasta allí -y quiénes eran esas personas. Sentía como si se hubiera despertado de un sueño que aun no terminaba. Caitlin cerró los ojos por un momento respirando profundamente y, repentinamente, una colección de imágenes al azar cruzó por su mente. Se vio de pie en el Coliseo romano luchando contra varios soldados sobre el suelo caliente y polvoriento; se vio volando sobre una isla en el río Hudson, mirando un castillo extendido abajo; se vio en Venecia en una góndola con un chico que no conocía y que también era hermoso; se vio en París, caminando a lo largo de un río con un hombre que ella reconoció como el mismo hombre que estaba frente a ella. Trató de concentrarse en esa imagen para aferrarse a él. Quizás la ayudaría a recordar. Vio a ellos dos de nuevo, esta vez en su castillo, en el campo de Francia. Los vio montar a caballo en la playa, y luego vio a un halcón dando vueltas por encima de ellos y que dejaba una carta. Ella trató de mirar su rostro más de cerca y recordar su nombre. Parecía regresar a ella; todo estaba tan cerca. Pero su mente no dejaba de arrojar más imágenes y le era muy difícil aferrarse a alguna. Vida tras vida pasó ante ella en un sin fin de imágenes. Era como si su memoria se estuviera volviendo a habitar. "Caleb", dijo una voz. Caitlin abrió los ojos. Él se había acercado a ella, extendiéndole una mano, sosteniendo su hombro. "Mi nombre es Caleb. De la cofradía Blanca. ¿No te acuerdas?" Los ojos de Caitlin se cerraron de nuevo, mientras su mente recibía sus palabras, su voz. Caleb. El nombre sonó como una campana en su cerebro. Sentía que era un nombre importante para ella. La cofradía Blanca. Eso también le resultó conocido. De repente, se vio en una ciudad que ella sabía que era Nueva York, en un claustro en el extremo norte de la isla. Se vio de pie en una gran terraza, mirando hacia afuera. Se vio discutiendo con una mujer llamada Sera. "Caitlin", dijo la voz de nuevo, con más firmeza. "¿No te acuerdas?" Caitlin. Sí. Ese era su nombre. Ahora estaba segura. Y Caleb. Sí. Él era importante para ella. ¿Él era su amigo …? Se sentía como más que eso. ¿ Era su prometido? ¿ Su marido? Ella abrió los ojos y lo miró fijamente; todo empezaba a regresar a su memoria. Se empezó a llenar de  esperanza, lentamente, poco a poco, estaba empezando a recordar todo. "Caleb", dijo ella de regreso en voz baja. Los ojos de él se llenaron de esperanza y de lágrimas. El lobo gimió a su lado y , entusiasmada, le lamió la mejilla. Caitlin la miró y de repente se acordó su nombre. "Rose", dijo, y luego se dio cuenta de que no estaba bien. "No. Ruth. Tu nombre es Ruth." Ruth se inclinó más lamiéndole la cara. Caitlin no pudo evitar sonreír y le acarició la cabeza. Caleb se iluminó con una sonrisa de alivio. "Sí. Ruth. Y yo soy Caleb. Y tú eres Caitlin. ¿Te acuerdas ahora?" Ella asintió con la cabeza. "Todo está regresando", dijo. "¿Tú eres mi marido …?" Observó cómo su rostro de repente se puso rojo, como si estuviera avergonzado o avergonzado. Y en ese momento, de repente recordó. No. Ellos no estaban casados. "No estamos casados", ella dijo, disculpándose, "pero estamos juntos." Estaba avergonzada también mientras comenzaba a recordarlo todo, todo el pasado la inundaba. De repente, se acordó de las llaves. Las llaves de su padre. Buscó en el bolsillo y se tranquilizó al sentirlas allí. Metió la mano en otro bolsillo y sintió su diario, seguía ahí. Se sintió aliviada. Caleb le tendió una mano. Ella la tomó y se dejó levantar y sacar del sarcófago. Se sentía bien de estar de pie y estirar los músculos doloridos. Caleb se acercó y apartó el pelo de la cara. Sus suaves dedos se sentían muy bien cuando le rozaron la sien. "Estoy muy feliz de que estés con vida", él dijo. Él la abrazó con fuerza. Ella le devolvió el abrazo y más recuerdos la inundaron. Sí, él era el hombre a quien  amaba. El hombre con quien un día esperaba casarse. Podía sentir el amor correr por ella y recordó que habían retrocedido juntos en el tiempo. Habían estado en Francia, en París, y ella había encontrado la segunda llave, y ambos habían sido enviados de regreso en el tiempo. Ella había orado para que esta vez regresaran juntos. Y mientras lo sostenía con más fuerza, se dio cuenta de que sus oraciones se habían hecho realidad. Finalmente, en esta ocasión, estaban juntos. CAPÍTULO CUATRO "Veo que ustedes dos ya se han encontrado", dijo una voz. Todavía abrazados, Caitlin y Caleb giraron hacia la voz que los había sobresaltado. Caitlin se sorprendió de que alguien hubiera podido dar con ellos tan rápidamente, especialmente teniendo en cuenta sus sentidos de vampiro estaban en alerta. Pero cuando miró a la mujer de pie delante de ellos, se dio cuenta por qué: esa mujer también era un vampiro. Vestía toda de blanco y llevaba una capucha, la mujer levantó la barbilla y le devolvió la mirada con unos penetrantes ojos azules. Caitlin pudo detectar una sensación de paz y armonía salir de ella, y bajó la guardia. Caleb también lo hizo. La mujer rompió en una amplia sonrisa. "Hemos estado esperándolos desde hace bastante tiempo", dijo ella con voz suave. "¿Dónde estamos?" preguntó Caitlin. "¿Qué año es?" La mujer sólo le devolvió la sonrisa. "Ven por aquí", dijo ella dándole la espalda y saliendo por la puerta baja con forma de arco. Caitlin y Caleb intercambiaron miradas, luego la siguieron por la puerta; Ruth iba a su lado. Caminaron por un pasillo de piedra, dando varias vueltas hasta dar con un conjunto de escaleras estrechas, iluminadas por una antorcha. Iban muy cerca detrás de la mujer, quien simplemente siguió caminando suponiendo que la seguirían. Caitlin quiso hacerle más preguntas, presionarla para saber donde estaban; pero al llegar a la parte superior de la escalera, de repente la sala se abrió en una magnífica vista que le quitó la respiración, y se dio cuenta de que estaban en una iglesia enorme. Al menos, encontraba respuesta a una parte de su pregunta. Una vez más, Caitlin lamentó no haber puesto más atención en sus clases de historia y arquitectura, lamentó no poder decir a primera vista exactamente qué iglesia era. Pensó de nuevo en todas las magníficas iglesias que había visitado-Notre Dame, en París, el Duomo en Florencia-y ésta le recordó un poco a ellas. La nave de la iglesia se extendía por cientos de metros, tenía un piso de mármol con azulejos, y tenía paredes adornadas con docenas de estatuas de piedra talladas. Sus techos abovedados se elevaban a cientos de metros de altura. En lo alto, había filas y filas de vitrales que inundaban la iglesia con una luz multicolor suave. En su extremo más alejado, había una enorme pieza circular con vitrales que filtraba la luz en un enorme altar dorado. Frente al altar se extendían cientos de pequeñas sillas de madera para los fieles. Pero ahora, la iglesia estaba vacía. Tenían todo el lugar para ellos. Caminaron a través del cuarto detrás de la vampiro, sus pasos resonaban reverberando en la enorme sala vacía. "¿Qué iglesia es ésta?" Caitlin preguntó finalmente. "La Abadía de Westminster," le llegó la voz de la mujer mientras continuaba caminando. "Ha sido la sede de la coronación de reyes y reinas desde hace miles de años." La Abadía de Westminster, pensó Caitlin. Sabía que estaba en Inglaterra. Londres, de hecho. Londres. La idea de estar allí la golpeó como una ola de ladrillos. Era abrumador, impresionante. Nunca antes había estado allí y siempre había querido ir. Había tenido amigos que habían ido y había visto fotos en línea. Tenía mucho sentido que estuvieran aquí, dada la larga historia medieval de esta ciudad. Tan solo esa iglesia tenía  miles de años-y sabía que esa ciudad tenía muchos más edificios como ése. Pero todavía no sabía el año. "¿Y qué año es?" preguntó Caitlin, nerviosa. Pero su guía caminaba tan rápido que ya había cruzado la gran capilla y ahora se agachaba bajo otra puerta de arco, obligando a Caitlin y Caleb a darse prisa para no quedarse atrás. Cuando entraron, Caitlin se sorprendió al ver que se trataba de un claustro. Había un largo pasillo de piedra, con paredes de piedra y estatuas a uno y por el otro, arcos abiertos. Estos arcos estaban abiertos y, a través de ellos, se podía ver un patio pequeño y tranquilo. Le recordó a muchos otros claustros que había visitado; ya empezaba a ver el patrón de su simplicidad, su vacío, las paredes con arcos, las columnas, los patios cuidados. Todos ellos se sentían como un refugio del mundo, como un lugar para la oración y la contemplación silenciosa. La vampiro finalmente se detuvo y los enfrentó. Miró a Caitlin con sus grandes ojos compasivos, y parecía venir de otro mundo. "Estamos a fines de siglo," dijo ella. Caitlin pensó por un momento. "¿En qué siglo?", preguntó. "El decimosexto, por supuesto. Es 1599." 1599, pensó Caitlin. La idea era abrumadora. Una vez más, deseaba haber leído historia con mayor detalle. Anteriormente, había pasado de 1791 a 1789, pero ahora se encontraba en 1599, era un salto de casi  200 años. Recordó que muchas cosas le habían parecido primitivas en 1789 -la falta de plomería, los caminos de tierra aquí y allá, la gente que rara vez se bañaba. No podía llegar a hacerse una idea de cuánto más primitivas podrían ser las cosas 200 años más atrás. Sin duda, sería más difícil de reconocer que cualquier otro momento. Incluso Londres probablemente sería apenas reconocible. Eso la hizo sentir aislada, sola, en un mundo y en una época distantes. Si Caleb no hubiera estado allí, a su lado, se habría sentido completamente sola. Pero al mismo tiempo, esa arquitectura, esa iglesia, esos claustros -todo se sentía muy reconocible, muy familiar. Después de todo, estaba caminando en la misma Abadía de Westminster que existía en el siglo 21. No sólo eso, ese edificio, incluso como estaba ahora, ya era antiguo, ya había existido por siglos. Al menos eso le dio un poco de familiaridad. Pero ¿por qué la habían enviado de regreso a esta época? ¿Y a este lugar? Claramente, tenía una gran importancia para su misión. Londres. 1599. ¿Era ésta la época en que Shakespeare vivió? se preguntó, su corazón empezó a latir más rápidamente de repente, mientras se imaginaba que tal vez podría tener la oportunidad de verlo en carne y hueso. Caminaron en silencio, pasillo tras pasillo. "Londres en 1599 no es tan primitiva como crees," dijo su guía mirándola con una sonrisa. Caitlin se sintió avergonzada de que hubiera leído sus pensamientos. Como siempre, sabía que debía estar más atenta y guardárselos. Esperaba no haberla ofendido. "No me ofende en lo absoluto", respondió ella, leyendo sus pensamientos. "Nuestro tiempo es primitivo en muchos aspectos tecnológicos a los que estás acostumbrada. Pero, de otras maneras, somos más sofisticados que incluso en su tiempo moderno. Estamos muy bien informados y cultivados y los libros rigen el día. Tal vez,  somos personas con medios primitivos, pero con un intelecto muy desarrollado. "Más importante aún, este es un momento crucial para la raza de los vampiros. Nos encontramos en una encrucijada. Has venido al final de este siglo por una razón." "¿Por qué?" preguntó Caleb. La mujer les sonrió antes de pasar por otra puerta. "Esa respuesta tendrás que descubrirla por ti misma." Entraron a otra sala magnífica, con techos altos, vitrales, pisos de mármol, adornada con enormes velas, y con estatuas talladas  de reyes y santos. Pero esa habitación era diferente a las demás. Tenía sarcófagos y efigies cuidadosamente colocadas en todas partes, y en el centro había una tumba enorme de decenas de metros de altura y cubierta de oro. Su guía se acercó hasta allí mientras la seguían. Se detuvo ante la tumba y se volvió hacia ellos. Caitlin observó la magnífica tumba: era grande, imponente. Era una obra de arte magnífica enchapada en oro y adornada con  intrincadas tallas. También, ella sintió una energía provenir de ella, como si contuviera algo importante. "Es la tumba de San Eduardo, el Confesor", dijo la vampiro. "Es un lugar sagrado, un lugar de peregrinación para nuestra especie desde hace cientos de años. Se dice que si uno le reza, recibirá curaciones milagrosas para quienes están enfermos. Miren la piedra a sus pies:.. Está gastada por todas las personas que se han arrodillado aquí a lo largo del tiempo." Caitlin miró hacia abajo y vio que, en efecto, la plataforma de mármol tenía leves hendiduras en sus bordes. Se maravilló de cuántas personas debieron arrodillado allí. "Pero en tu caso," continuó, "tiene una mayor importancia." Ella se volvió y miró directamente a Caitlin. "Tu llave", dijo a Caitlin. Caitlin estaba desconcertada. ¿A qué llave se refería? Metió la mano en los bolsillos y palpó de nuevo las dos llaves que había encontrado hasta el momento. No estaba segura cuál quería mujer. Ella negó con la cabeza. "No. Tu otra llave." Caitlin pensó, estaba perpleja. ¿Se había olvidado de alguna otra llave? Entonces, al mirar su pecho, se dio cuenta. Su collar. Caitlin se tocó, y se sorprendió al darse cuenta de que todavía estaba allí. Se la quitó con cuidado y sostuvo la delicada cruz de plata antigua en la palma de su mano. La vampiro negó con la cabeza. "Sólo tú puedes usarla." Ella extendió la mano y suavemente tomó la muñeca de Caitlin y la guió hacia una cerradura que era la más pequeña que pudiera imaginarse, en la base del pedestal. Caitlin estaba asombrada. Nunca podría haber notado por si sola la cerradura. Introdujo la llave, giró, y se escuchó un suave clic. Levantó la vista y vio que un compartimiento pequeño se había abierto a un lado de la tumba. Caitlin miró a la vampiro, y ella asintió solemnemente. Caitlin alzó la mano y lentamente sacó un compartimento largo y estrecho. En el interior, le sorprendió encontrar un largo cetro de oro, con la cabeza adornada con rubíes y esmeraldas. Lo extrajo y le sorprendió lo pesado que era y lo suave que se sentía el oro en sus manos. Debía tener un metro de largo y estaba hecho de oro macizo. "El cetro sagrado", dijo la monja. "Era de tu padre, hace tiempo de eso.” Caitlin miró el cetro con renovada admiración y también respeto. Percibió su electricidad mientras lo sostenía, y se sintió más cerca de su padre, más que nunca. "¿Esto me llevará con mi padre?", preguntó. Su guía sólo se volvió y se dirigió a la cámara. "Por aquí", dijo. Caitlin y Caleb la siguieron por otra puerta y hacia abajo por más corredores; cruzaron el patio medieval de otro claustro. A Caitlin le sorprendió ver a varios vampiros vestidos con túnicas blancas y capuchas caminando por los pasillos. La mayoría miraba hacia abajo, parecían absortos en la oración. Algunos balanceaban decantadores de incienso. Algunos asentían a su paso y continuaban en silencio. Caitlin se preguntó cuántos vampiros vivirían allí y si pertenecían a la cofradía de su padre. No sabía que la Abadía de Westminster, además de una iglesia, era un claustro. O que era un lugar de descanso para su especie. Finalmente, entraron a otra habitación, era más pequeña que las demás pero tenía techos altos y abovedados y la luz natural entraba en ella. Esa habitación tenía pisos de piedra austeros y en su centro se asentaba una notable pieza de mobiliario: un trono. Montado en lo alto de un pedestal, al menos a cinco metros de altura, estaba el trono de madera, una silla extremadamente ancha, con posabrazos que se inclinaban hacia arriba, y un respaldo con un ángulo en triángulo, que se juntaba en un punto en el medio. Debajo, en sus esquinas, había dos leones de oro sentados, diseñados para que se vieran como si estuvieran sosteniendo la silla. Caitlin la observó con respeto. "Es la silla del rey Eduardo," dijo la vampiro. “Ha sido el trono para la coronación de los reyes y reinas desde hace miles de años. Es una pieza de mobiliario muy especial -no sólo por su importancia en la historia, sino porque tiene una de las llaves para nuestra especie." Ella se volvió y miró a Caitlin. "Hemos estado custodiando este trono desde hace miles de años. Ahora que ya estás aquí, y que has desbloqueado el cetro, es el momento para que tomes el lugar que te corresponde." Ella hizo un gesto a Caitlin para que ascendiera al trono. Caitlin la miró con sorpresa. ¿Qué derecho tenía ella, una chica sencilla, para subir a un trono real -el trono donde se habían sentado los reyes y reinas por miles de años? Sentía que no era correcto acercarse y mucho menos ascender por su enorme pedestal y sentarse en el trono. "Por favor," insistió la vampiro. "Tienes todo el derecho. Tú eres La Elegida." Caleb asintió y lentamente, a regañadientes, Caitlin subió al enorme pedestal llevando el cetro. Cuando llegó a la cima, se dio vuelta y delicadamente se sentó en el trono. Estaba hecho de madera dura, y no cedió. Ella se recostó y apoyó las manos sobre los posabrazos, logró sentir su poder. Sintió los miles de años en los que los reyes habían sido coronados allí. Lo sentía cargado eléctricamente. Cuando miró la habitación desde quince pies más arriba que los demás, sintió como si se hubiera alzado sobre todos, sobre el mundo. Era una sensación impresionante. "El cetro", dijo la vampiro. Con desconcierto,  Caitlin miró sin saber lo que quería que hiciera con el cetro. "En el posabrazo del trono, hay un pequeño agujero. Está diseñado para sostenerlo." Caitlin miró de cerca hacia abajo, y esta vez vio un pequeño agujero lo suficientemente amplio como para que cupiera el diámetro exacto del cetro. Lentamente, Caitlin insertó el cetro que se hundió hasta que sólo su cabeza sobresalía del posabrazo. De repente, se escuchó un suave clic. Caitlin miró hacia abajo y se sorprendió al ver un pequeño compartimiento abierto en la base de una de las cabezas de los leones. En el interior, había un pequeño anillo de oro. Se agachó y lo sacó. Lo sostuvo en lo alto, mirándolo. "El anillo del destino", dijo la vampiro. "Está destinado sólo para ti. Es un regalo de tu padre." Con profunda admiración, Caitlin lo contempló en la luz, viendo como brillaba la joya, mientras lo movía. "Colócatelo en el dedo anular de tu mano derecha." Caitlin se lo deslizó y, cuando sintió el metal frío, una vibración corrió a través de ella. Pudo sentir el poder emerger de él. "Él te conducirá." Caitlin lo examinó. "Pero, ¿cómo?", preguntó. "Sólo necesitas inspeccionarlo," dijo la vampiro. En un principio Caitlin estaba desconcertada, pero luego examinó el anillo más de cerca. Se dio cuenta que tenía un delicado grabado alrededor de la banda. El corazón le latió más rápidamente  cuando comenzó a leerlo. Inmediatamente sintió que era un mensaje de su padre. Al otro lado del puente, Más allá del oso, Con los vientos o el sol, cruzamos Londres. Caitlin leyó el acertijo de nuevo, y luego en voz alta para que Caleb pudiera oírlo. "¿Qué significa?", preguntó. Su guía sólo le devolvió la sonrisa. "Estoy autorizado a conducirte hasta aquí. El resto del viaje lo tienes que descubrir tú." Entonces ella se acercó más. “Contamos contigo. Hagas lo que hagas, no nos vayas a  fallar.” CAPÍTULO CINCO Bajo la luz de la mañana, Caitlin y Caleb salieron por las enormes puertas de arco de la abadía de Westminster, Ruth iba pisándoles los talones. Instintivamente, ambos entrecerraron los ojos y levantaron la mano a la luz, Caitlin agradecía de que Caleb le hubiera dado las gotas para los ojos antes de salir. Le tomó unos momentos para que sus ojos se adaptaran. Poco a poco, el mundo de 1599 de Londres entró en foco. Caitlin estaba asombrada. París en 1789 no había sido muy diferente a la Venecia de 1791, pero Londres en 1599 era un mundo aparte. Le sorprendió la diferencia que hacían 190 años. Ante ella se extendía Londres. Pero no era una bulliciosa ciudad metropolitana. Más bien se sentía aún en desarrollo como una gran ciudad, rural, con lotes grandes y vacíos. No había caminos pavimentados, en todas partes había suciedad y, aunque había muchos edificios, se veían más árboles. En medio de los árboles, había cuadras e hileras de casas, muchas de ellas desiguales y toscamente trazadas. Las casas estaban construidas de madera y estaban cubiertas con enormes techos de paja. Era evidente que la ciudad podía incendiarse porque casi todo estaba construido con madera y era fácil que la paja cubría las casas se prendiera fuego. Los caminos de tierra dificultaban el tránsito. El caballo parecía ser la forma preferible de transporte y de vez en cuando pasaba un caballo o un carruaje. Pero esa era la excepción. La mayoría de la gente caminaba -o más bien, tropezaba. La gente parecía luchar para mantener el equilibrio y no caerse en las calles llenas de lodo. Divisó excremento a lo largo de las calles, aun estando lejos le llegaba el hedor. El  ganado que caminaba aquí y allá lo empeoraba. Si alguna vez había pensado en regresar en el tiempo para ser romántica, esta vista no era la mejor. Y aun más, en esta ciudad no veía a la gente pasear con sus mejores galas, portando sombrillas, mostrando lo último de la moda, como lo había visto en París y Venecia. En cambio, estaban vestidos más simplemente, con ropa mucho más anticuada; los hombres vestían ropa rural, ya sea simple, como harapos, y sólo unos pocos llevaban pantalones blancos hasta los muslos con túnicas cortas que parecían faldas. Las mujeres, por su parte, estaban todavía cubiertas de tanto material que luchaban para transitar por las calles mientras agarraban los bordes de las faldas y los sostenían tan alto como podían, no sólo para mantenerlos lejos del barro y los excrementos sino también de las ratas, que sorprendieron a Caitlin corriendo a la luz del día. Aún así, esta época era claramente única y, al menos, relajada. Sentía como si estuviera en un gran pueblo rural. No había el bullicio vertiginoso del siglo 21. No había coches acelerando por las calles; no se escuchaba el ruido de la construcción. Sin claxon, ni autobuses, ni camiones, ni maquinaria. Incluso los caballos no hacían ruido porque sus patas se hundían en la tierra. De hecho, los únicos sonidos que se oían, aparte de los vendedores gritando, eran las campanas de la iglesia que, como un coro de bombas,  sonaban regularmente por toda la ciudad. Se trataba de una ciudad dominada por las iglesias. Lo único que presagiaba la futura urbanización eran, paradójicamente, las antiguas iglesias -que se elevaban por encima del resto de la humilde arquitectura y dominaban el horizonte, sus campanarios elevándose a alturas inimaginables. De hecho, el edificio del que salían, la Abadía de Westminster, era el más alto de todos los edificios de la vista. Su campanario era como un faro que servía como una guía para orientarse en la ciudad. Miró a Caleb e, igualmente sorprendido, estaba contemplando el lugar. Ella extendió su mano y se sintió feliz de sentir que él colocaba su mano sobre la suya. Le gustaba  sentir su mano en la suya. Él se volvió y la miró, ella pudo ver el amor en sus ojos. "Bueno", dijo, aclarándose la garganta, "no es exactamente el París del siglo 18." Ella le devolvió la sonrisa. "No, no lo es." "Pero estamos juntos y eso es todo lo que importa", él agregó. Mientras él la miraba fijamente a los ojos, ella sintió todo lo que él la amaba y, por un momento, no pensó en su misión. “Siento mucho lo que pasó en Francia", dijo. "Con Sera. Nunca quise hacerte daño. ¿Sí lo sabes?” Ella lo miró, sabía que lo decía en serio. Y para su sorpresa, sintió que podía perdonarlo sin más. La Caitlin de antes le hubiera guardado rencor. Pero se sentía más fuerte de lo que nunca había estado, y capaz de olvidar todo el asunto. Sobre todo porque él había regresado por ella y, sobre todo, porque era claro que no él tenía sentimientos por Sera. Aún más, ahora, por primera vez, ella se dio cuenta de sus propios errores en el pasado, llegando demasiado rápido a conclusiones, no confiando en él, no dándole espacio suficiente. "Yo también lo siento," dijo ella. "Esta es una nueva vida ahora. Y estamos aquí juntos. Eso es todo lo que importa." Él le apretó la mano, y el amor corrió dentro de ella. Él se inclinó y la besó. Ella se sorprendió y se emocionó al mismo tiempo. Sintió la electricidad correr por ella y le devolvió el beso. Ruth comenzó a gemir a sus pies. Ambos se separaron, la miraron y se rieron. “Tiene hambre", dijo Caleb. "Yo también" “¿Vamos a ver Londres?", él le preguntó con una sonrisa. "Podríamos volar", agregó, "es decir, si estás lista.” Ella arqueó sus hombros hacia atrás y sintió sus alas, estaba lista. Se sentía recuperada del viaje en el tiempo. Tal vez, finalmente, se había acostumbrado a este tipo de viajes. “Estoy lista, dijo, "pero me gustaría caminar. Me gustaría experimentar este lugar, por primera vez, como lo hace todo el mundo." Y también es más romántico, pensó para sí pero no se lo dijo. Pero él bajó la mirada y le sonrió, ella se preguntó si había leído sus pensamientos. Él extendió la mano con una sonrisa, ella la tomó, y los dos bajaron las escaleras. * Mientras salían de la iglesia, Caitlin avistó un río a lo lejos y un camino ancho a unos cincuenta yardas con un cartel de madera toscamente tallada que decía "King Street." Tenían la opción de girar a la izquierda o a la derecha. La ciudad se veía más poblada a la izquierda. Giraron a la izquierda en dirección norte hacia King Street, que iba paralela al río. A Caitlin le asombró el paisaje y los sonidos, lo observaba todo. A su derecha, había una serie de grandes casas de madera, grandes propiedades, construidas en el estilo Tudor, con un exterior de estuco blanco enmarcado en café, y con techo de paja. A su izquierda, se sorprendió al ver parcelas rurales con tierras de cultivo, y una que otra pequeña casa humilde; ovejas y las vacas salpicaban el paisaje. Londres de 1599 le era fascinante. Un lado de la calle era cosmopolita y rica, mientras que el otro todavía estaba poblada por agricultores. En sí, la calle era sorprendente. Sus pies se atoraban en el barro mientras caminaba, el suelo era liso por todo el tránsito a pie y a caballo. Por sí solo, podía soportarse, pero mezclado con la suciedad había excremento de las jaurías de perros salvajes o de los seres humanos que arrojaban por las ventanas. De hecho, mientras caminaban, esporádicamente se abrían las persianas y las ancianas tiraban residuos domésticos a la calle. Olía mucho peor que Venecia o Florencia o París. Casi sentía que iba a vomitar y le hubiera gustado tener una de esas pequeñas bolsas perfume para poner junto a su nariz. Por suerte, todavía llevaba los zapatos de entrenamiento que Aiden le había dado en Versalles. No podía imaginar caminar por esta calle en tacones. Sin embargo, entremezclado con las tierras de cultivo y grandes fincas, también encontró fabulosas obras de arquitectura. Caitlin se sorprendió al ver aquí y allá algunos edificios que reconoció por fotografías del siglo 21, iglesias ornamentadas, y uno que otro palacio. En una gran puerta de entrada arqueada, el camino llegó a un abrupto fin; había varios guardias de pie frente a ella en uniforme, en posición de firmes, sosteniendo lanzas. Sin embargo, la puerta estaba abierta y entraron. Un letrero esculpido en piedra decía "el palacio de Whitehall," y continuaron por un pasillo largo y estrecho y luego por otra puerta de arco hasta el otro lado, y de regreso al camino principal. Pronto se acercaron a una intersección circular con un cartel que decía "Charing Cross", con un gran monumento vertical en el centro. El camino se bifurcaba a la izquierda y a la derecha. "¿Por dónde?", ella preguntó. Caleb parecía tan abrumado como ella. Finalmente dijo, "Mi instinto me dice de permanecer cerca del río y tomar el camino de la derecha." Ella cerró los ojos y trató de sentirlo también. "Estoy de acuerdo", dijo, y añadió, "¿Tienes alguna idea de qué es exactamente lo que estamos buscando?" Él negó con la cabeza. “Sé tanto como tú.” Ella miró su anillo y leyó, una vez más, el acertijo en voz alta. Al otro lado del puente, Más allá del oso, Con los vientos o el sol, cruzamos Londres. No le sonaba familiar y a Caleb tampoco. "Bueno, menciona a Londres", ella dijo, "siento que que estamos en el camino correcto. Mi instinto me dice que tenemos que seguir adelante, hacia el interior de la ciudad, y que lo sabremos cuando lo veamos." Él estuvo de acuerdo y ella le agarró la mano, y tomaron por el camino de la derecha paralelo al río siguiendo un cartel que decía "El Strande." Esta nueva calle estaba más densamente poblada, había más casas construidas una cerca de la otra a ambos lados de la calle. Se sentía como si se estuvieran acercando al centro de la ciudad. Las calles  también se llenaban con más y más gente. El clima era perfecto -se sentía como un día de otoño y el sol brillaba sin parar. Se preguntó qué mes podría ser. Le sorprendió cómo había perdido la noción del tiempo. Por lo menos no hacía demasiado calor. Pero a medida que las calles estaban más llenas de gente, empezó a sentirse un poco claustrofóbica. Sin duda, se estaban acercando el centro de una gran ciudad metropolitana, incluso si no era tan sofisticada como la de hoy en día. Estaba sorprendida: siempre había imaginado que en la antigüedad habría menos gente y los lugares estarían menos concurridos. Pero, en realidad, era cierto lo contrario: mientras las calles se llenaban más y más, no podía creer cuanta gente había. Le pareció que estaba de vuelta en la ciudad de Nueva York en el siglo 21. La gente daba codazos y empujones y ni siquiera miraba hacia atrás para disculparse. También apestaban. Además, en cada esquina había vendedores ambulantes tratando con ahínco de vender sus mercancías. Por todos lados, la gente gritaba con los más divertidos acentos británicos. Y cuando las voces de los vendedores ambulantes se apagaban, otras voces dominaban el aire: los predicadores. En todas partes, Caitlin vio improvisadas plataformas, tarimas, cajones, púlpitos, sobre los que los predicadores se paraban para predicar sus sermones a las masas, gritaban para hacerse oír. “¡Jesús dice ARREPIÉNTANSE!” gritaba un ministro de pie con un sombrero de copa y una divertida mirada severa, mirando a la multitud con una mirada arrebatadora. “¡Yo exijo que TODOS LOS TEATROS deben cerrarse! ¡Se debe PROHIBIR el ocio! ¡Regresen a los templos!” Le recordó a Caitlin las personas que predicaban en las esquinas de la ciudad de Nueva York. De alguna manera, nada había cambiado. Llegaron a otra puerta ubicada justo en el medio de la calle con un cartel que decía "Templo Barre, Puerta de la Ciudad." A Caitlin le asombró de que las ciudades tuvieran puertas. Esta puerta grande e imponente estaba abierta para que las personas pasaran, Caitlin se preguntó si las cerrarían por la noche. A cada lado había más guardias. Pero esta puerta era diferente: también parecía ser un lugar de reunión. Una gran multitud se amontonaba a su alrededor y muy arriba, encima de una pequeña plataforma, un guardia sostenía un látigo. Caitlin se sorprendió al ver que un hombre, encadenado y apenas vestido, estaba atado a un poste de flagelación. El guardia lo azotaba una y otra vez mientras toda la multitud vitoreaba y lanzaba gritos de exclamación. Caitlin examinó los rostros de la multitud y no podía creer lo indiferentes que se veían, como si se tratara de un hecho cotidiano ordinario, como si fuera una forma popular de entretenimiento. Le enfureció la barbarie de esta sociedad y le dio un codazo a Caleb. También la escena lo tenía impactado, y lo tomó de la mano y corrió a través de la puerta para evitar mirar más. Temía que si se quedaba por más tiempo, no podría contenerse de atacar a los guardias. "Este lugar es una barbaridad", dijo, a medida que se alejaban de la vista grizzly y los sonidos del látigo se hacían más débiles. "Es terrible", él coincidió con ella. Mientras seguían adelante, ella trató de sacar la imagen de su mente. Se obligó a enfocar su atención en otra cosa. Miró un cartel y notó que el nombre de la calle por donde iban había cambiado a "la calle Fleet". Las calles se llenaron aún más de gente, había menos lugar para caminar, y los edificios y las numerosas filas de casas de madera estaban  construidas aún más cerca una de la otra. Esta calle también estaba llena de tiendas. Un cartel decía: “Rasurada por un centavo.” Delante de otra tienda colgaba el letrero de un herrero, con una herradura enfrente. Otro cartel en letras grandes decía “Monturas.” “¿Necesita una nueva herradura, señorita?" un comerciante local preguntó a Caitlin mientras pasaba. La sorprendió con la guardia baja. "Um … no, gracias", dijo. "¿Y usted, señor?" insistió el hombre. "¿Quiere rasurarse? Tengo las hojas más limpias en Fleet Street." Caleb sonrió el hombre. "Gracias, pero estoy bien." Caitlin miró a Caleb, y se dio cuenta de lo bien afeitado que siempre se veía. Su rostro era tan suave que parecía de porcelana. Mientras seguían por la calle Fleet, Caitlin no pudo evitar notar cómo la multitud había cambiado. Era más sórdida aquí, varias personas bebían abiertamente de frascos y botellas de vidrio, tropezando, riendo en voz demasiado alta, y mirando impúdicamente a las mujeres. “¡GINEBRA AQUÍ! ¡GINEBRA AQUÍ!" gritaba un muchacho de poco más de diez años mientras sostenía una caja llena de pequeñas botellas de color verde con ginebra. “¡COMPRE SU BOTELLA! ¡COMPRE SU BOTELLA!" Caitlin sentía que la empujaban nuevamente a medida que la multitud crecía y se hacía cada vez más espesa. Vio a un grupo de mujeres con demasiado maquillaje, vestidas con ropa gruesa y toneladas de tela mientras que llevaban sus camisas abiertas revelando la mayor parte de sus pechos. "¿Quieres pasarla bien?" una de las mujeres le gritó, estaba borracha y se tambaleaba  sobre sus pies. Se acercó a un transeúnte quien la empujó. A Caitlin le sorprendió lo rústica que era esta parte de la ciudad. Instintivamente, Caleb se le acercó más poniendo sus manos alrededor de su cintura, ella sintió su actitud protectora. Retomaron su paso y continuaron rápidamente a través de la multitud, y Caitlin miró hacia abajo, Ruth seguía a su lado. La calle pronto terminó en un pequeño puente peatonal, mientras caminaban sobre el puente, Caitlin miró hacia abajo. Leyó en un gran cartel "Fleet Ditch," y se maravilló de la vista. Debajo había lo que parecía un pequeño canal, quizás de diez pies de ancho, que fluía con agua turbia. En el agua, nadaba todo tipo de basura y desperdicios. Al mirar hacia arriba, vio gente orinando en él, y otros lanzaban botes de excrementos, huesos de pollo, residuos domésticos y todo tipo de basura. Era una inmensa cloaca que transportaba todos los residuos de la ciudad aguas abajo. Ella buscó ver a dónde conducía y vio que a lo lejos desembocaba en un río. Volvió la cabeza por el olor. Probablemente era lo peor que jamás había olido en su vida. Los gases tóxicos se elevaban haciendo que en comparación el horrible olor en las calles pareciera de  rosas. Se apresuraron por el puente. Al cruzar al otro lado de la calle Fleet, Caitlin se sintió aliviada al ver que la calle finalmente se abría y estaba un poco menos congestionada. El olor también se desvaneció. Después del horrible olor de Fleet Ditch, el olor de la calle ya no le molestó. Se dio cuenta de que así era como la gente vivía felizmente: era todo cuestión de  acostumbrarse a la época en que se estaba. Mientras caminaban, el barrio se hizo más agradable. Pasaron junto a una gran iglesia a la izquierda, grabadas en el edificio de piedra con una prolija caligrafía se leía: "San Pablo." Era una iglesia enorme con una hermosa fachada adornada que se elevaba por encima de todos los edificios a su alrededor. Caitlin se maravilló de su  hermosa arquitectura y de que podría encajar a la perfección en el siglo 21. Se sentía muy fuera de lugar, elevándose por encima de todas las pequeñas casas de madera a su alrededor. Caitlin empezó a notar que las iglesias dominaban el paisaje urbano de ese tiempo, y lo importante que eran para la gente. Eran, sin lugar a dudas, omnipresentes. Y sus campanas, muy sonoras, siempre se estaban escuchando. Caitlin se detuvo para observar su arquitectura antigua, y no pudo evitar preguntarse si guardaría alguna pista para ellos en su interior. “¿Me pregunto si deberíamos entrar?" preguntó Caleb, leyendo su mente. Ella examinó la inscripción de su anillo una vez más. Al otro lado del puente, Más allá del Oso. "Se habla de un puente," dijo ella, pensando. "Acabamos de cruzar un puente," respondió Caleb. Caitlin negó con la cabeza. No le pareció que era el lugar indicado. “Era un puente peatonal. Mi instinto me dice que éste no es el lugar. Donde sea que tengamos que ir, no siento que sea aquí." Caleb se quedó allí y cerró los ojos. Por último, los abrió. "No siento nada bueno. Sigamos adelante." “Acerquémonos al río", dijo Caitlin. "Si tenemos que encontrar un puente, supongo que sería por el río. Y no me importaría respirar un poco de aire fresco." Caitlin vio un camino lateral que conducía a la orilla del río, con un cartel que decía "St. Andrews Hill." Ella tomó la mano de Caleb y lo condujo hacia allí. Caminaron por el camino de pendiente suave, desde allí se podía ver el río a lo lejos, estaba lleno de barcos. Debía ser el famoso río Támesis de Londres, ella pensó. Tenía que ser. Era lo que recordaba de su clase de geografía básica. Esta calle terminaba en un edificio y, como no los llevaba hacia el río, tuvieron que doblar a la izquierda en una calle que corría paralela al río, a sólo unos cincuenta metros de distancia, llamada "Calle Támesis.” La calle Támesis era más amable, un mundo aparte de la calle Fleet. Las casas eran más bonitas aquí y, a su derecha, a lo largo de la orilla del río, había grandes fincas con grandes parcelas de tierra que bajaban hasta la orilla. La arquitectura era más elaborada y más hermosa también. Era evidente que esta parte de la ciudad estaba reservada para la gente rica. Se veía como un barrio pintoresco, mientras pasaban por muchas calles con nombres divertidos como “Camino de viento del Ganso y “Ca”mino del Viejo Cisne y “Cerro del Ajo y “Cerro de la Calle del Pan”, que daban muchas vueltas. De hecho, se olía a comida por todas partes, y Caitlin escuchó su estómago gruñir. Ruth se quejó también, tenía hambre. Pero no había ningún alimento a la venta. "Lo sé, Ruth," Caitlin simpatizó con ella. "Encontraré comida pronto, lo prometo." Caminaron y caminaron. Caitlin no sabía exactamente lo que estaba buscando, y Caleb tampoco. Sentía que el acertijo podría llevarlos a cualquier lugar y que no tenían ninguna pista segura. Se estaban adentrando en lo profundo del corazón de la ciudad, y todavía no estaba segura qué camino tomar. Cuando Caitlin estaba empezando a sentirse cansada, con hambre y mal humor, llegaron a una gran intersección. Ella se detuvo y miró hacia arriba. En un rústico cartel de madera, leyó “Calle de la Iglesia de la Gracia.” Olía mucho a pescado allí. Se detuvo sin saber qué hacer, y miró a Caleb. "Ni siquiera sabemos lo que estamos buscando", dijo. "Se habla de un puente. Pero no he visto ni un solo puente por ningún lado. ¿Estamos perdiendo el tiempo aquí? ¿Deberíamos estar pensando de otra manera?" De repente, Caleb le dio un golpecito en el hombro y señaló algo. Poco a poco, ella se dio la vuelta y se sorprendió por lo que vio. La calle Iglesia de la Gracia conducía a un puente enorme, uno de los puentes más grandes que jamás había visto. Su corazón se alegró con una nueva esperanza. Un enorme cartel  decía: “Puente de Londres”, y su corazón empezó a latir más rápidamente. Esta calle era más amplia, una arteria principal; la gente, caballos, carros y todo tipo de tráfico entraba y salía del puente. Si estaban buscando un puente, lo habían encontrado. * Caleb la tomó de la mano y la condujo hacia el puente, mezclándose con los transeúntes. Ella levantó la vista y se sintió abrumada por la vista. No se parecía a ningún otro puente que había visto en el pasado. Su entrada estaba anunciada por una enorme puerta con forma de arco, había guardias a cada lado. En su parte superior, había múltiples picos en los que había cabezas cortadas clavadas en las espigas, la sangre goteaba de sus gargantas. Era un espectáculo horrible, Caitlin desvió la mirada. "Me acuerdo de esto", suspiró Caleb. "De hace siglos. Era la forma en que adornaban sus puentes: con las cabezas de los presos. Lo hacen como una advertencia a otros criminales." "Es horrible", dijo Caitlin, mientras bajaba la cabeza y se dirigía rápidamente hacia el puente. En la base del puente, había puestos de venta de pescado, y Caitlin vio los barcos acercarse a la orilla y los trabajadores resbalar mientras llevaban el pescado por la costa fangosa. La entrada al puente apestaba a pescado, tanto que ella tuvo que taparse la nariz. En pequeñas mesas improvisadas, se ofrecían peces de todo tipo, algunos todavía seguían vivos. “Mojarra, ¡tres peniques por libra!" alguien gritó. Caitlin apresuró su paso, tratando de alejarse del olor. El puente la sorprendió de nuevo pues estaba lleno de tiendas. Pequeños expendios y vendedores se alineaban a ambos lados del puente, mientras que los peatones, el ganado, los caballos y los carruajes se apretujaban en el medio. Era una escena caótica llena de gente que gritaba en todas direcciones anunciando sus mercancías. “¡Curtiembres por aquí!" alguien gritó. “¡Desollamos su animal!" gritó otro. “¡Cera de vela por aquí! ¡Tenemos la mejor cera de la vela!" “¡Techos de paja!" “¡Compre su leña aquí!" “¡Plumas frescas! ¡Pliegos y pergaminos!" A medida que avanzaban, había tiendas más bonitas, algunas vendían joyas. Caitlin no pudo dejar de pensar en el puente del oro de Florencia, en sus días con Blake y la pulsera que él le había comprado. Momentáneamente abrumada por la emoción, se hizo a un lado, se aferró a la barandilla y miró el paisaje. Pensó en todas las vidas que había vivido, en todos los lugares en los  que había estado, y se sintió abrumada. ¿Era todo esto realmente cierto? ¿Cómo una persona podía vivir tantas vidas? ¿O se despertaría en su departamento en la ciudad de Nueva York, y pensaría que todo había sido el sueño más largo y más increíble de su vida? “¿Estás bien?" le preguntó Caleb, acercándose a su lado. “¿Qué pasa?” Rápidamente, Caitlin se secó una lágrima. Se pellizcó y se dio cuenta de que no estaba soñando. Todo era real. Y eso fue lo más impactante de todo. "Nada," dijo ella rápidamente con una sonrisa forzada. Esperaba que él no hubiera podido leer sus pensamientos. Caleb estaba a su lado, juntos, se asomaron al Támesis. Aunque era  un río ancho, estaba totalmente congestionado de tráfico. Veleros de todos los tamaños navegaban por el río y compartían las aguas con botes de remos, botes de pescadores y todo tipo de embarcaciones. Era un curso de agua muy bulliciosa; a Caitlin le maravilló el tamaño de todas las diferentes embarcaciones y veleros, algunos alcanzaban varias docenas de metros en el aire. Le sorprendió lo tranquilas que eran las aguas aun con tantos buques. No se escuchaba el sonido de motores, tampoco había lanchas. Sólo se escuchaba el sonido de la tela ondeando al viento. Eso la relajó. El aire allí, con la brisa constante, era fresco y finalmente no olía. Se volvió hacia Caleb y continuaron paseando por el puente, con Ruth pisándoles los talones. Ruth comenzó a lloriquear de nuevo y Caitlin supo que tenía hambre y quiso detenerse. Pero por más que miró por todas partes, no encontró nada de comida. Ella también tenía cada vez más hambre. Al llegar a la mitad del puente, a Caitlin le sorprendió una vez más la vista que tenía frente a ella. Creía que no quedaba nada que pudiera escandalizarla después de ver esas cabezas en las picas -pero había más. Justo ahí, en el centro del puente, tres presos estaban de pie en un andamio con sogas alrededor de sus cuellos, con los ojos vendados, apenas vestidos, aun estaban vivos. Un verdugo con una capucha negra abierta en los ojos estaba detrás de ellos. “¡El siguiente colgado es a la una!" gritó. Una multitud que crecía se acurrucó alrededor del andamio, al parecer esperaba. "¿Qué hicieron?" Caitlin le preguntó a uno de la multitud. “Los sorprendieron robando, señorita," dijo, sin molestarse siquiera en mirar en su dirección. “¡Capturaron a uno por calumniar a la Reina!" Una anciana añadió. Caleb le alejó de la escena horripilante. "Ver ejecuciones parece ser un deporte diario por aquí", comentó Caleb. "Es cruel", dijo Caitlin. Ella se maravilló de lo diferente que esta sociedad era de la época actual, y de cómo toleraba la crueldad y la violencia. Y era Londres, uno de los lugares más civilizados en 1599. No podía llegar a imaginar el mundo fuera de una ciudad civilizada como ésta. Le asombró todo lo que la sociedad y sus reglas habían cambiado. Finalmente, llegaron al otro lado del puente, Caitlin se volvió hacia Caleb. Miró su anillo y leyó en voz alta una vez más: Del otro lado del puente, Más allá del oso, Con los vientos o el sol, cruzamos Londres. "Bueno, si estamos siguiendo esta frase correctamente, acabamos de 'cruzar el puente.' Lo siguiente sería 'Más allá del Oso.'" Caitlin miró. "¿Qué podrá significar?" "Ojalá lo supiera", él dijo. “Siento que mi padre está cerca", dijo Caitlin. Ella cerró los ojos deseando encontrar una pista. Justo en ese momento, un muchacho joven, que cargaba una pila enorme de panfletos, corrió delante de ellos, gritando. “¡El Oso Cebado! ¿Cinco peniques! ¡Por aquí! ¡El Oso cebado! ¡Cinco peniques! ¡Por aquí!” Puso un volante en la mano de Caitlin. Ella leyó, en grandes letras, las palabras “Oso Cebado, con la imagen cruda de un estadio. Ella y Caleb se miraron al mismo tiempo. Ambos miraron al chico mientras se perdía en el camino. “¿Oso cebado?" preguntó Caitlin. "¿Qué es eso?" "Ahora me acuerdo", dijo Caitlin. “Era el gran deporte de esta época. Ponían un oso en un círculo, lo ataban a una estaca como cebo para perros salvajes. Se hacían apuestas sobre quién ganaría: el oso o los perro." "Eso es enfermo", dijo Caitlin. "El acertijo, dijo. “’Del otro lado del puente y más allá del Oso. ¿Crees que podría ser eso?" Al mismo tiempo, los dos se volvieron y siguieron al muchacho, que se alejaba  todavía gritando. Doblaron a la derecha en la base del puente y caminaron junto al río, ahora del otro lado del Támesis, y bajaron por una calle llamada "Clink Street." Este lado del río, Caitlin se dio cuenta, era muy diferente al otro. Estaba menos construido y estaba menos poblado. Las casas también eran más bajas que allí, más rústicas, este lado del río se veía más descuidado. Había pocas tiendas y menos gente. Pronto se encontraron frente a una gran estructura y Caitlin se dio cuenta por los barrotes en las ventanas y los guardias afuera que era una prisión. Clink Street, pensó Caitlin. No podía tener un mejor nombre. Era un edificio enorme y extendido; al pasar, Caitlin vio manos y caras que salían de los barrotes y la observaban. Había cientos de prisioneros que la miraban con lujuria y le gritaban al pasar. Ruth gruñó, y Caleb se acercó más junto a ella. Caminaron un poco más, pasando una calle con un cartel que decía "Lugar de la Muerte." Ella miró a su derecha y vio otro andamio donde se estaba preparando otra ejecución. Con los ojos vendados, un prisionero temblaba de pie sobre una plataforma, tenía una soga alrededor de su cuello. Caitlin estaba tan distraída que casi perdió de vista al muchacho, mientras sentía que Caleb la agarraba de la mano y la guiaba hacia Clink Street. De repente, Caitlin oyó un grito a lo lejos, y luego un rugido. Vio al niño, a lo lejos, doblar en la esquina, y oyó otro grito. Le sorprendió sentir que la tierra  temblaba abajo. No había sentido nada así desde el Coliseo Romano. Se dio cuenta de que debía haber un enorme estadio a la vuelta de la esquina. Al doblar la esquina, le sorprendió ver lo que tenía adelante. Era una enorme estructura circular que parecía un Coliseo en miniatura. Tenía varios pisos  y estaba cerrado, pero en cada dirección había puertas en forma de arco. Escuchó  los gritos, que ahora eran más fuertes y provenían de detrás de sus muros. Frente al edificio deambulaban cientos de personas de las más sórdidas que jamás había visto. Algunos estaban apenas vestidos, muchos tenían panzas enormes que les sobresalían, estaban sin afeitar y sin bañar. Los perros salvajes vagaban entre ellos; Ruth gruñía, tenía los pelos en la espalda de punta. Los vendedores empujaban carritos en el barro, muchos vendían litros de ginebra. Por como se veía la multitud, parecía que la mayoría de personas bebía. Se empujaban unos contra otros, y caso todos parecían estar alcoholizados. Se escuchó otro rugido, y Caitlin vio el cartel que colgaba sobre el estadio: "Oso Cebado.” Eso le asqueó. ¿Podía esta sociedad ser realmente tan cruel? El pequeño estadio parecía ser parte de un complejo. A lo lejos, había otro pequeño estadio, con un enorme letrero que decía “Toro Cebado.” Y allí, a un lado, apartado de los dos, había otra gran estructura circular -aunque ésta se veía diferente a las demás, con más clase. “¡Vengan a ver la nueva obra de Will Shakespeare en el nuevo teatro del globo!" gritó un chico que pasaba cargando una pila de panfletos. Caminó hasta Caitlin, y empujó un folleto en sus manos. Ella leyó: "la nueva obra de William Shakespeare: La tragedia de Romeo y Julieta." "¿Quiere venir, señorita?" preguntó el muchacho. "Es su nueva obra, y la va a interpretar por primera vez en este nuevo teatro: el globo." Caitlin miró el folleto y sintió una oleada de emoción. ¿Sería real? ¿Esto estaba  realmente sucediendo? "¿Dónde está?", ella preguntó. El niño se rió entre dientes. Se volvió y señaló. “¿Pues, es justo ahí, señorita." Caitlin miró hacia donde él señalaba y vio una estructura circular a lo lejos, tenía paredes de estuco blanco y un recorte de madera al estilo Tudor. El Globo. El Globo de Shakespeare. Era increíble. Realmente estaba allí. Frente al Globo, se arremolinaban miles de personas que entraban por todas  direcciones. Y la multitud se veía tan rústica como la que entraba al Toro Cebado y al Oso Cebado. Eso la sorprendió. Siempre había imaginado que quienes asistían al teatro de Shakespeare eran más civilizados, más sofisticados. Nunca había imaginado que se trataba de entretenimiento para las masas-y el tipo más rústico. Parecían estar asistiendo al Oso Cebado. Sí, a ella le encantaría ver una nueva obra de Shakespeare, ir al Globo. Pero estaba decidida a cumplir primero con su misión y resolver el acertijo. Un nuevo rugido emergió del estadio del Oso Cebado, y ella se volvió y centró su atención allí. Se preguntó si la respuesta al acertijo estaba del otro lado de sus muros. Se volvió hacia Caleb. “¿Qué crees?" , preguntó. “¿Vemos de qué se trata?" Caleb la miró vacilante. "El acertijo mencionó un puente," dijo, "y un oso. Pero mis sentidos me dicen otra cosa. No estoy muy seguro- " De repente, Ruth gruñó y se fue corriendo lejos. “¡Ruth!" gritó Caitlin. Estaba lejos. Ni siquiera se volvió para escuchar y se echó a correr con todas sus fuerzas. Caitlin se sorprendió. Nunca la había visto comportarse de esa manera, incluso en momentos de máxima peligro. ¿Qué la estaba jalando? Ruth nunca la había  desobedecido. Al mismo tiempo, Caitlin y Caleb echaron a correr tras ella. Pero aun con su velocidad vampírica, corrían lentamente por el lodo, y Ruth era mucho más rápida que ellos. La vieron dar vuelta y meterse por las masas, y tuvieron que empujar su paso entre la multitud para no perderla de vista. Caitlin pudo verla a lo lejos, doblar en una esquina y correr por un callejón estrecho. Ella tomó velocidad, al igual que Caleb, sacando a un gran hombre fuera de su paso y se dirigió por el callejón, detrás de Ruth. ¿Qué demonios estaba persiguiendo? Caitlin se preguntó. Se preguntó si se trataba de un perro callejero, o si tal vez había llegado a sólo un punto de inflexión con el hambre e iba tras algo para comer. Después de todo, era un lobo. Caitlin tuvo que recordárselo. Debió haber buscado con más ahínco comida para ella, y pronto. Pero cuando Caitlin dobló en la esquina y miró hacia el callejón, con asombro se dio cuenta lo que era. Allí, en el otro extremo del callejón, estaba sentada sobre la tierra una niña de tal vez ocho años, se veía asustada, lloraba y temblaba. Por encima de ella había un hombre fornido, grande, sin camisa; su vientre enorme le sobresalía, estaba sin afeitar y tenía el pecho y los hombros cubiertos de pelo. Con su ceño enojado, sin algunos dientes, llevaba hacia atrás un cinturón de cuero y azotaba a la pobre chica en la espalda, una y otra vez. “¡Esto es lo que te pasa por no escuchar!" el hombre gritaba con un tono malicioso, mientras levantaba su cinturón de nuevo. Caitlin se sintió mortificada y, sin ni siquiera pensarlo, se preparó para entrar en acción. Pero Ruth se le adelantó. Cuando el hombre llevó el brazo hacia atrás, Ruth corrió y saltó en el aire, abriendo sus fauces. Mordió el antebrazo del hombre y hundió sus dientes hasta el fondo. La sangre salpicaba por todas partes, mientras el hombre emitía un grito sobrenatural. Ruth estaba furiosa y no se detuvo. Gruñó y sacudió la cabeza hacia adelante y atrás, mordiendo más profundamente la carne del hombre; no lo soltaba. El hombre jaloneaba a Ruth de uno a otro lado, lo podía hacer debido a su considerable tamaño y porque Ruth no era todavía un lobo adulto. Ella gruñía; era un sonido suficientemente aterrador para erizar el pelo detrás del cuello de Caitlin. Pero este hombre estaba acostumbrado a lidiar con la violencia, y sacudió su hombro grande y fornido hasta que logró estrellar a Ruth contra una pared de ladrillo. Luego, con la otra mano sacó su cinturón y la azotó con fuerza en la  espalda. Ruth chillaba y chillaba. Finalmente, la soltó y cayó al suelo. Con odio en sus ojos, el hombre llevó sus dos manos hacia atrás, listo para lanzar con toda su fuerza su cinturón contra el rostro de Ruth. Caitlin entró en acción. Antes de que el hombre pudiera bajarlo, se lanzó con su mano derecha extendida y lo agarró de la garganta. Lo hizo retroceder tomándolo del cuello, lo levantó sobre el suelo, más arriba de su cabeza, hasta que lo estrelló contra un muro de ladrillos en ruinas. Lo tuvo colgando frente a ella mientras su cara se volvía azul por la asfixia. Ella era mucho más pequeña, pero él no tenía ninguna alternativa con su puño de hierro. Finalmente, ella lo dejó caer. Alzó la mano, buscando su cinturón, Caitlin se echó hacia atrás y le dio una fuerte patada en la cara, rompiéndole la nariz. Luego se inclinó hacia atrás y le dio una patada en el pecho, una patada tan fuerte que lo envió volando varios metros hacia atrás. Él golpeó contra la pared con tal fuerza que dejó una hendidura en los ladrillos, y cuando cayó al suelo, era un desastre. Pero Caitlin aún podía sentir la furia correr por sus venas. Pensó en esa chica inocente, en Ruth, y no había sentido tanta rabia desde no sabía cuándo. No podía evitarlo. Se acercó a él, le sacó el cinturón de la mano, lo hizo hacia atrás, y le pegó duro en su enorme barriga. Él se tambaleaba hacia arriba mientras se agarraba el estómago. Cuando se sentó, ella lo pateó con fuerza, justo en la cara. Le pegó en el mentón, y lo envió hacia atrás; él pegó con la parte posterior de su cabeza en el suelo. Finalmente, estaba inconsciente. Pero Caitlin aún no estaba satisfecha. No se llenaba de ira con facilidad, pero cuando se enfurecía, no lograba detenerse. Se acercó y puso un pie en la garganta del hombre, iba a matarlo en el acto. “¡Caitlin!" le llegó una voz intencionada. Se dio vuelta, todavía latiendo con furia, y vio a Caleb junto a ella. Él negaba  con la cabeza lentamente, con una mirada desaprobadora. "Ya has hecho bastante daño. Deja que se vaya." Algo en la voz de Caleb le llegó. A regañadientes, levantó el pie. A lo lejos, vio una enorme bañera llena de aguas residuales. Vio el oscuro líquido espeso derramarse por sus bordes, y podía oler su hedor desde allí. Era perfecto. Se agachó, alzó al hombre por encima de su cabeza, a pesar de que pesaba fácilmente más de 300 libras, y cruzó el callejón. Lo arrojó de cabeza en la tina de aguas residuales. Aterrizó con un chapoteo. Lo vio atascado hasta el cuello en todo el excremento. Le gustó imaginar su despertar y darse cuenta de dónde estaba, finalmente, se sintió satisfecha. Bien, pensó. Ahí es donde perteneces. Inmediatamente, Caitlin pensó en Ruth. Corrió hacia ella y examinó la marca de la correa en su espalda; Ruth estaba acurrucada, y estaba recuperándose lentamente. Caleb se acercó también para examinarla, mientras Ruth ponía su rostro en el regazo de Caitlin y gemía. Caitlin le dio un beso en la frente. De repente, Ruth se apartó de ellos y se lanzó por el callejón en busca de la niña. Caitlin de pronto recordó y corrió tras ella. Ruth se acercó a la chica y empezó a lamer su rostro. Lentamente, la niña dejó de llorar, distraída por los lamidos de Ruth. Se quedó sentada en el barro, con su vestido sucio, cubierto de marcas del cinturón en la espalda, se traslucía la sangre; la niña miraba a Ruth en sorpresa. Sus ojos llorosos se abrieron mientras Ruth la seguía lamiendo. Lentamente, levantó su mano vacilante y acarició a Ruth. Luego, le dio un abrazo. Ruth le correspondió acercándose más. Era increíble, pensó Caitlin. Ruth había detectado a esta niña desde muy lejos. Era como si las dos se conocieran de siempre. Caitlin se acercó y se arrodilló junto a la niña y la ayudó a sentarse. “¿Estás bien?" preguntó Caitlin. La niña la miró en estado de shock, y luego a Caleb. Parpadeó varias veces, como si se preguntara quien eran esas personas. Por último, lentamente, asintió con la cabeza. Sus ojos estaban muy abiertos, y parecía tener demasiado miedo para hablar. Caitlin la acarició quitando suavemente el pelo enmarañado de su cara. "Está bien", dijo Caitlin. “Nunca más él te hará daño.” La muchacha miró como si estuviera a punto de llorar otra vez. "Yo soy Caitlin," dijo ella. "Y él es Caleb." La niña los miró, aún sin hablar. “¿Cómo te llamas?” preguntó Caitlin. Después de unos segundos, la niña finalmente respondió: "Scarlet". Caitlin sonrió. "Scarlet", repitió. “Es un nombre muy bonito. ¿Dónde están tus padres?" Ella negó con la cabeza. "Yo no tengo padres. Él es mi guardián. Lo odio. Me pega todos los días. Sin razón. Lo odio. Por favor, no me hagas volver con él. No tengo a nadie más." Caitlin se volvió hacia Caleb, y vio que la miraba, estaban pensando lo mismo. "Ahora estás a salvo", dijo Caitlin. “No tienes que preocuparse más. Puedes venir con nosotros." Los ojos de Scarlet se abrieron con sorpresa y alegría, y casi sonrió. "¿En serio?" , preguntó. Caitlin le devolvió la sonrisa, extendió su mano y Scarlet la tomó y la ayudó a ponerse de pie. Caitlin vio las heridas, aún con sangre, en su espalda y, desde algún lugar profundo en su interior, Caitlin sintió que un poder la invadía. Pensó en lo que Aiden le había enseñado, en la facultad de ser uno con el universo y, en lo profundo de sí, de repente sintió emerger un poder que desconocía. Había sentido su poder para la rabia, pero nunca había sentido un poder como ése. Era diferente, un nuevo poder le hormigueaba desde los pies por las piernas, a través de su torso, por sus brazos, sus dedos. Era el poder de curar. Caitlin cerró los ojos y suavemente colocó sus manos sobre la espalda de Scarlet, donde estaban las marcas. Respiró profundamente y convocó al poder del universo, convocó toda la formación Aiden le había dado, y se centró para enviar luz blanca a la muchacha. Sintió que sus manos se calentaban mucho y sintió una energía increíble correr por ella. Caitlin no sabía cuánto tiempo había pasado cuando abrió los ojos. Miró hacia arriba, abriendo los ojos lentamente, y vio a Scarlet que le devolvía la mirada con los ojos llenos de asombro. Caleb la miraba también, estaba sorprendido. Caitlin vio que las heridas de Scarlet se habían curado completamente. "¿Eres un mago?" preguntó Scarlet. Caitlin sonrió satisfecha. "Algo por el estilo." CAPÍTULO SEIS Sam volaba sobre el campo británico, Polly iba a su lado, pero manteniendo su distancia. Llevaban las alas extendidas pero no alcanzaban a tocarse, ya que los dos querían guardar un espacio entre sí. Sam lo prefería así, y supuso  que ella también. Le gustaba Polly, realmente. Pero después de su debacle con Kendra, por un largo tiempo, no estaba listo para acercarse a alguien del sexo opuesto. Pasaría un tiempo antes de que pudiera volver a confiar en alguien. Incluso alguien que había estado cerca de su hermana, como Polly. Habían estado volando durante horas, cuando Sam miró hacia abajo, en la luz de la mañana, vio extensiones interminables de tierras de cultivo, con casas pequeñas aquí y allá; el humo salía de sus chimeneas de piedra en este hermoso día de otoño. Había una que otra persona en su patio tendiendo la ropa, colgando sábanas en cuerdas. Sin embargo, no había muchas casas. Esta campiña se veía enteramente rural, Sam comenzó a preguntarse si existían ciudades en esta época -cualesquiera fuera la época y el lugar donde se encontraban. Sam no tenía idea a dónde ir, y Polly no había sido de mucha ayuda. Ambos habían utilizado sus agudos sentidos de vampiro, valiéndose de su estrecha conexión con Caitlin, para detectar dónde podría estar. Ambos habían intuido que ella podría estar en esa dirección y habían estado volando durante horas. Pero, desde entonces, no habían visto ninguna pista o algo que los condujera a un lugar más preciso. Los instintos le dijeron a Sam que Caitlin estaba en una gran ciudad. Pero, por cientos de kilómetros, no habían pasado nada remotamente parecido a una ciudad. Justo cuando Sam estaba empezando a preguntarse si habían elegido la dirección correcta, doblaron una curva y se sorprendieron ante lo que se extendía a lo lejos. Allí, en el horizonte, se extendía una ciudad. No logró  reconocer la ciudad y no estaba seguro de que sería capaz de identificarla aun volando más cerca. Era malo en geografía y en historia era aún peor. Fue el resultado de haberse mudado demasiadas veces, de estar con los amigos equivocados, de no prestar atención en la escuela. Había sido un estudiante de C, aunque sabía que tenía la capacidad para obtener Aes. Pero con el tipo de crianza que había recibido, le había sido demasiado difícil encontrar una razón para aplicarse. Ahora, se estaba  arrepintiendo. “¡Es Londres!" Polly gritó de alegría y sorpresa. “¡Oh, Dios mío! ¡Londres! No lo puedo creer. ¡Estamos aquí! ¡Estamos realmente aquí! ¡Es un lugar fantástico!" gritó ella, emocionada. Gracias a Dios por Polly, Sam pensó, sintiéndose más estúpido que nunca. Se dio cuenta de que tenía mucho que aprender de ella. Al acercarse y los edificios aparecieron a la vista, se maravilló ante la arquitectura. Incluso desde esta gran distancia, podía ver los campanarios de las iglesias elevándose  hacia el cielo, convirtiendo a la ciudad en un un campo de lanzas. A medida que se acercaban, vio cuán grandes y magníficas eran todas las iglesias -y le sorprendió de que ya se vieran antiguas. En comparación, todo el resto de la arquitectura quedaba eclipsada. Mientras lo veía todo, sintió con fuerza de que Caitlin estaba allí. Y la idea lo entusiasmó y lo emocionó. “¡Caitlin está allí abajo!" él gritó. "Puedo sentirla.” Polly le devolvió la sonrisa. “¡Yo también!” ella gritó. Por primera vez desde que había llegado a esta época y lugar, Sam se sintió conectado a tierra, sintió que tenía dirección y un propósito en la vida. Finalmente, sentía que estaba en el camino correcto. Trató de sentir si Caitlin estaba en peligro. Por mucho que lo intentó, no logró percibir nada. Pensó en la última vez que la había visto en París, justo antes de que ella huyera de Notre Dame. Estaba con ese hombre -Caleb-y se preguntó si aún estaban juntos. Aunque había visto a Caleb una o dos veces, le había caído muy bien. Esperaba que Caitlin estuviera con él y que la estuviera cuidando. Tenía la sensación de que estaban juntos. Sin previo aviso, de repente Polly se zambulló hacia abajo, cerca de los tejados. O no le interesó que Sam la siguiera, o supuso que lo haría. Eso molestó a Sam. Le habría gustado que ella le hubiera dado algún aviso, o al menos que tuviera la deferencia de indicarle que estaba bajando. Y, sin embargo, una parte de él tenía la sensación de que a ella sí le importaba. ¿Simplemente se estaba poniendo difícil? ¿Y, de cualquier manera, por qué le importaba tanto? ¿No se había dicho de que no estaba interesado en las chicas en este momento? Sam se lanzó hasta llegar a a su nivel, y los dos volaron a pocos metros por encima de la ciudad. Pero también marcó su posición virando a la izquierda, de modo que volaron aún más lejos uno del otro. Toma eso, pensó Sam. Cuando se acercaron al centro de la ciudad, Sam estaba impresionado. Esta época y este lugar eran muy diferentes, pero muy diferentes, a todo lo que había visto o experimentado antes. Estaba tan cerca de los tejados que sentía como si casi pudiera agacharse y tocarlos. La mayoría de los edificios eran bajos, sólo tenían unos pocos pisos y techos inclinados, cubiertos con lo que parecían enormes montones de heno o paja. La mayoría de los edificios estaban pintados de un blanco brillante, con líneas cafés enmarcándolos. Las iglesias -enormes, de mármol y piedra caliza-, se elevaban en el paisaje, dominando cuadras enteras, y aquí y allá había una que otra estructura grande que parecían ser palacios. Probablemente, supuso, eran las residencias de la realeza. La ciudad estaba dividida por un río ancho, sobre el que ahora volaban. El río estaba lleno de barcos de todas formas y tamaños -y las calles también eran bulliciosas. De hecho, no podía creer que estuvieran tan llenas de gente. Había gente por todas partes, corriendo de aquí para allá. No podía imaginar por qué podrían tener tanta prisa. No era como si tuvieran internet o e-mails, o faxes, o incluso teléfonos móviles. Sin embargo, otras partes de la ciudad se veían relativamente tranquilas. Los caminos de tierra, el río, y todos los barcos creaban una sensación de tranquilidad. No había coches corriendo, autobuses, bocinas, camiones o motocicletas acelerando. Todo estaba relativamente tranquilo. Es decir, hasta que escuchó un súbito rugido. Sam volvió la cabeza, y lo mismo hizo Polly. Allí, a un lado, avistaron un gran estadio, construido en un círculo perfecto y elevándose varios pisos. Le recordó el Coliseo romano, aunque éste era mucho más pequeño. Usando su vista de pájaro, pudo ver que había algún tipo de animal grande en el centro que corría, y muchos otros pequeños animales se movían a su alrededor. No lograba entender qué era, pero pudo ver que el estadio estaba lleno de miles de personas, todos de pie, vitoreando y rugiendo. De repente, mientras observaba, sintió un hormigueo en su cuerpo. No era algo que  pudiera describir. De pronto, sintió la presencia de Caitlin allí. Totalmente. “¡Mi hermana!" le gritó a Polly. “Está ahí", dijo, señalando. "La siento." Polly miró hacia abajo, y frunció el ceño. "Yo no estoy tan segura”, dijo. "No siento nada." Giró la cabeza hacia otra dirección y señaló el puente frente a ellos. "Tengo la sensación de que está allí." Sam vio un enorme puente sobre el río. Le sorprendió notar que estaba cubierto con tiendas de todo tipo, y aún más le sorprendió ver, mientras volaban sobre el puente, que había varios presos de pie sobre un andamio y tenían sogas alrededor de sus cuellos y capuchas sobre sus cabezas. Parecía como si estuvieran a punto de ser ejecutados. Y había grandes multitudes a su alrededor. "Está bien", dijo Sam, y de pronto se sumergió en dirección al puente. Supuso que se le adelantaría y esta vez sería el primero en sumergirse. Sin darse vuelta, Sam aterrizó sobre el puente y, momentos después, sintió que Polly aterrizaba varios metros detrás de él. Ella lo alcanzó, y los dos caminaron lado a lado, manteniendo su distancia, él sin mirarla, y ella sin mirarlo también. Estaba orgulloso de mantener su relación en un plano puramente profesional. No había ni siquiera un atisbo de cercanía, que era claramente lo que ambos querían. Sam estaba sorprendido de lo que veía sobre el puente. Era abrumador, había mucho que ver en todas direcciones. “¿Quieres teñir tu cuero, hijo?" Un hombre le preguntó, sosteniendo un pedazo de cuero crudo en su rostro. El aliento del hombre apestaba y Sam lo evitó. "Ahora, ¿por dónde?" Sam preguntó a Polly. Al igual que él, ella examinó el puente, mirando por todas partes para encontrar a Caitlin. Pero no había rastro de ella por ningún lugar. Polly finalmente se encogió de hombros. "No lo sé", dijo. “La había sentido aquí, pero ahora … no estoy tan segura.” Sam se volvió y miró al horizonte, hacia ese estadio. "Yo la sentí allá atrás", dijo. "En ese estadio que sobrevolamos." "Está bien", dijo Polly, "vamos por ahí. Pero caminemos -por si acaso está en el puente." Mientras caminaban por el puente, entre todos los vendedores, Polly pareció animarse de nuevo y poco a poco empezó a alegrarse. “¡Mira cómo viste toda esta gente!" ella dijo. “¡Quiero decir, mira lo que llevan! Es increíble, ¿verdad? No creo que nunca me encontrarían muerta llevando algo así. Pero puedo ver su funcionalidad. Me pregunto cómo pudo ponerse de moda. Es decir, ¿cómo puede cambiar de generación en generación? Está muy loco, ¿no? Y estaba pensando, si viviera en este momento, si yo fuera una de esas personas, qué color me pondría … " Конец ознакомительного фрагмента. Текст предоставлен ООО «ЛитРес». 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