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Jurada Morgan Rice Diario de un Vampiro #7 En JURADA (Libro # 7 del Diario del vampiro), Caitlin y Caleb se encuentran en la Escocia medieval, en 1350, una época de caballeros y de armaduras brillantes, de castillos y guerreros, de la búsqueda del Santo Grial que se decía contenía la clave para la verdadera inmortalidad vampiro. Después de aterrizar en las orillas de la antigua isla de Skye, un lugar remoto frente a la costa occidental de Escocia, donde sólo viven y se entrenan los guerreros de élite, se reúnen con Sam y Polly, Scarlet y Ruth, un rey humano y sus guerreros, y con toda la cofradía de Aiden. Antes de continuar su misión y obtener la cuarta y última llave, es el momento para que Caleb y Caitlin se casen. Contra el telón de fondo más asombroso que Caitlin pudiera haber soñado, se planea una elaborada boda de vampiros, incluidos todos los antiguos rituales y ceremonias que lo acompañan. Es la boda de su vida, meticulosamente planeada por Polly y los demás; Caitlin y Caleb son más felices que nunca. Al mismo tiempo, Sam y Polly, para su propia sorpresa, se están enamorando profundamente el uno del otro. A medida que su relación avanza, Sam sorprende a Polly con una proposición. Y Polly lo sorprende con su propia noticia impactante. Pero, por debajo de la superficie no todo está bien. Blake ha aparecido de nuevo, y su profundo amor por Caitlin podría amenazar su casamiento el día antes de su boda. Sera también ha aparecido de nuevo, y jura separar lo que no puede tener. Scarlet, también, se encuentra en peligro, cuando se revela la fuente de sus poderes profundos -así como quién son sus verdaderos padres. Lo peor de todo, Kyle ha aterrizado en este tiempo, y ha dado con su antiguo protegido, Rynd, a quien obligará a usar su habilidad para cambiar de forma para engañar y matar a Caitlin y a su gente. A medida que caen en su elaborada trampa, Caitlin y los demás se encuentran en un peligro más serio que nunca. Será una carrera para encontrar la llave final, antes de que todos a quienes Caitlin quiere sean aniquilados para siempre. Esta vez, ella tendrá que tomar las decisiones más difíciles y hacer los sacrificios más duros de su vida. Morgan Rice jurada libro #7 del Diario del Vampiro Acerca de Morgan Rice Morgan Rice es la escritora del bestseller #1: DIARIO DE UN VAMPIRO (THE VAMPIRE JOURNALS), una saga que comprende once libros (y siguen llegando); la saga del bestseller #1: TRILOGÍA DE SUPERVIVENCIA (THE SURVIVAL TRILOGY), thriller pos apocalíptico que comprende dos libros (y siguen llegando); y la saga de fantasía épica, bestseller #1: EL ANILLO DEL HECHICERO, que comprende trece libros (y contando). Los libros de Morgan están disponibles en audio y edición impresa, y la traducción de los libros está disponible en alemán, francés, italiano, español, portugués, japonés, chino, sueco, holandés, turco, húngaro, checo y eslovaco (próximamente en otros idiomas). A Morgan le encantaría tener comunicación con usted, así que visite www.morganricebooks.com (http://www.morganricebooks.com/) para unirse a la lista de correo electrónico, recibir un libro gratuito, recibir regalos gratuitos, descargar una aplicación gratuita, obtener las últimas noticias exclusivas, conectarse a Facebook y Twitter, y ¡mantenerse en contacto! Algunas Opiniones Acerca de las Obras de Morgan Rice “EL ANILLO DEL HECHICERO (THE SOURCERER’S RING) tiene todos los ingredientes para ser un éxito inmediato: tramas, tramas secundarias, misterio, caballeros aguerridos y relaciones que florecen, llenos de corazones heridos, decepciones y traiciones. Lo mantendrá entretenido durante horas y satisfará a las personas de cualquier edad.   Recomendado para la biblioteca habitual de todos los lectores de fantasía”. –-Books and Movie Reviews, Roberto Mattos “Rice hace un gran trabajo para captar su atención desde el principio, al utilizar una gran calidad descriptiva que va más allá de la simple descripción de la ambientación… Bien escrito y sumamente rápido de leer”. –-Black Lagoon Reviews (acerca de Turned) “Es una historia ideal para lectores jóvenes. Morgan Rice hizo un buen trabajo dando un giro interesante… Innovador y singular. La saga se centra alrededor de una chica… ¡una chica extraordinaria!  Es fácil de leer, pero con un ritmo sumamente rápido…  Clasificación PG (Guía Paternal)”. –-The Romance Reviews (acerca de Turned) “Me llamó la atención desde el principio y no dejé de leerlo… Esta historia es una aventura increíble, de ritmo rápido y llena de acción desde su inicio.   No hay un momento aburrido”. –-Paranormal Romance Guild (con respecto a Turned) “Lleno de acción, romance, aventura y suspenso.   Ponga sus manos en él y vuelva a enamorarse”. –-vampirebooksite.com (con respecto a Turned) “Tiene una trama estupenda y este libro en particular, le costará dejar de leer en la noche.  El final en suspenso es tan espectacular, que inmediatamente querrá comprar el siguiente libro, solamente para ver qué sigue”. –-The Dallas Examiner (referente a Loved) “Es un libro equiparable a TWILIGHT y DIARIO DE UN VAMPIRO (VAMPIRE DIARIES), y hará que quiera seguir leyendo ¡hasta la última página!  Si le gusta la aventura, el amor y los vampiros, ¡este libro es para usted!”. –-Vampirebooksite.com (con respecto a Turned) “Morgan Rice se demuestra a sí misma una vez más que es una narradora de gran talento… Esto atraerá a una gran audiencia, incluyendo a los aficionados más jóvenes, del género de los vampiros y de la fantasía.   El final de suspenso inesperado lo dejará estupefacto”. –-Reseñas de The Romance Reviews (con respecto a Loved) "Una fantasía animada que entreteje elementos de misterio e intriga en la historia. La Senda de los Héroes trata acerca del valor y sobre la realización de un propósito de vida que conduce al crecimiento, la madurez y la excelencia… Para los que buscan aventuras de ficción sustanciosa, los protagonistas, los mecanismos y la acción proporcionan un conjunto vigoroso de encuentros que se centran en la evolución de Thor de ser un niño soñador a un adulto joven que enfrenta a situaciones imposibles para sobrevivir… Es sólo el comienzo de lo que promete ser una saga épica para adultos jóvenes". – Midwest Book Review (D. Donovan, eBook Reviewer) Libros de Morgan Rice EL ANILLO DEL HECHICERO (THE SORCERER’S RING) LA SENDA DE LOS HÉROES (A QUEST OF HEROES) – (Libro #1) LA MARCHA DE LOS REYES (A MARCH OF KINGS) – (Libro #2) EL DESTINO DE LOS DRAGONES (A FATE OF DRAGONS) (Libro #3) EL GRITO DE HONOR (A CRY OF HONOR) (Libro #4) UNA PROMESA DE GLORIA (A VOW OF GLORY) (Libro #5) UN DEBER DE VALOR (A CHARGE OF VALOR)  (Libro #6) UN GRITO DE ESPADAS (A RITE OF SWORDS) (Libro #7) UNA SUBVENCIÓN DE ARMAS (A GRANT OF ARMS)  (Libro #8) UN CIELO DE HECHIZOS (A SKY OF SPELLS)  (Libro #9) UN MAR DE ESCUDOS (A SEA OF SHIELDS) (Libro #10) UN REINADO DE HIERRO (A REIGN OF STEEL) (Libro #11) UNA TIERRA DE FUEGO (A LAND OF FIRE) –  (Libro #12) EL DECRETO DE LAS REINAS (A RULE OF QUEENS) –  (Libro #13) LA TRILOGÍA DE SUPERVIVENCIA (THE SURVIVAL TRILOGY) ARENA UNO: TRATANTES DE ESCLAVOS (SLAVERSUNNERS) –  (Libro #1) ARENA DOS (ARENA TWO) – (Libro #2) DIARIO DE UN VAMPIRO (THE VAMPIRE JOURNALS) TRANSFORMACIÓN (TURNED) (Libro #1) AMORES (LOVED)  (Libro #2) TRAICIÓN (BETRAYED) – (Libro #3) DESTINADO (DESTINED) (Libro #4) DESEO (DESIRED) (Libro #5) PROMETIDO (BETROTHED) (Libro #6) PROMESA (VOWED) (Libro #7) ENCUENTRO (FOUND) (Libro #8) RESURRECCIÓN (RESURRECTED) (Libro #9) ANSIAS (CRAVED) (Libro #10) DESTINO (FATED) (Libro #11) ¡Escuche la serie del Diario del Vampiro en formato de audio libro! Disponibles ahora en: Amazon (http://www.amazon.com/turned-book-1-vampire-journals/dp/b006m6vyjm/ref=tmm_aud_title_0) Audible (http://www.audible.com/pd/ref=sr_1_1?asin=b006lakl34&qid=1323958119&sr=sr_1_1) iTunes (http://itunes.apple.com/webobjects/mzstore.woa/wa/viewaudiobook?id=489725251&s=143441) Derechos Reservados © 2014 Morgan Rice Todos los derechos reservados. Ninguna porción de este libro podrá ser reproducida, almacenada en algún sistema de recuperación, o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio o ser guardado en una base de datos o sistema de recuperación, sin la autorización previa del autor. Este libro electrónico está disponible sólo para su disfrute personal. Este libro electrónico no puede ser re- vendido o regalado a otras personas. Si usted desea compartir este libro con otra persona, por favor adquiera una copia adicional para cada destinatario. Si usted está leyendo este libro y no lo compró , o no lo compró sólo para su uso individual, por favor devuélvalo y compre su propia copia. Muchas gracias por respetar el trabajo de este autor. Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes , empresas, organizaciones, lugares, eventos e incidentes son producto de la imaginación del autor o han sido usados como ficción. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es total coincidencia. Modelo de la portada: Jennifer Onvie. Fotografía de la portada: Adam Luke Studios, New York. Maquillista de la modelo: Ruthie Weems. Si deseas ponerte en contact con estos artistas, comunícate con Morgan Rice. HECHO: La isla remota de Skye (nombre Nórdico que significa"la isla en la niebla") está ubicada frente a la costa occidental de Escocia y es un lugar muy antiguo donde han vivido y luchado varios reyes y todavía existen castillos donde guerreros de élite han estado entrenando durante siglos. HECHO: En la Isla de Skye, existe un lugar llamado Faerie Glen donde se dice que si se pide un deseo, éste se hace realidad. HECHO: Se dice que en la Capilla Rosslyn, ubicada en un pequeño pueblo de Escocia, se encuentra el Santo Grial; dicen que está oculto detrás de una pared en los niveles inferiores de una cripta JULIETA: ¡Qué satisfacción tenerlo conmigo esta noche¡ ROMEO: El intercambio es fiel promesa de tu amor por el mío. JULIETA: Yo te di el mío sin que lo solicitaras: Y sin embargo, te lo daría de nuevo… Mi generosidad es tan ilimitada como el mar, Mi amor es más profundo, cuanto más te lo doy, Cuanto más tengo, pues ambos son infinitos.     --William Shakespeare, Romeo y Julieta CAPITULO PRIMERO Highlands, Scotland (1350) El sol era color rojo sangre cuando Caitlin se despertó. Llenaba todo el cielo y se veía como una pelota increíblemente grande en el horizonte. De pie frente a Caitlin, había una silueta solitaria, una figura que ella sabía no podía ser más que su padre. Extendió los brazos como si quisiera correr hacia él. Deseaba hacerlo con desesperación. Pero, cuando ella trató de incorporarse, vio que estaba encadenada a una roca y ganchos de hierro le sujetaban las muñecas y los pies. En una mano tenía tres llaves -las llaves que tenía que llevarle a su padre-y en la otra, su collar; su pequeña cruz de plata colgaba de la palma de su mano. Luchó tan fuerte como pudo, sin embargo no pudo zafarse. Caitlin parpadeó y, de repente, su padre estaba junto a ella y le sonreía. Sintió todo su amor por ella. Él se arrodilló y abrió suavemente sus cadenas. Cuando Caitlin lo abrazó, percibió su calor, su tranquilidad. Se sentía muy bien de estar en sus brazos; las lágrimas corrían por sus mejillas. "Lo siento, padre. Te he decepcionado.” Él se echó hacia atrás y le volvió a sonreír, mientras la miraba a los ojos. "Has hecho todo lo que esperaba de ti y mucho más", respondió. “Sólo falta una última llave para que podamos estar juntos. Para siempre.” Caitlin parpadeó y cuando abrió los ojos, él ya se había ido. En su lugar había dos figuras acostadas e inmóviles sobre una meseta rocosa. Eran Caleb y Scarlet. Entonces, Caitlin recordó. Están enfermos. Trató de ir hacia la roca pero todavía estaba encadenada y, aunque jaloneó las cadenas, no pudo soltarse. Cuando Caitlin parpadeó otra vez, y Scarlet estaba junto a ella y estaba mirando. “¿Mami?", la niña preguntó. Scarlet le sonrió y Caitlin sintió que su amor por ella la envolvía. Quería abrazarla, y luchó con todas sus fuerzas, pero no podía liberarse. “¿Mami?" Scarlet la llamó nuevamente, mientras extendía su pequeña mano. Caitlin se sentó de golpe. Respirando con dificultad, se tocó las manos y las piernas para  averiguar si todavía seguía encadenada, o si estaba libre. Movió las manos y los pies libremente; miró a su alrededor pero no las cadenas. Levantó la vista y vio un enorme sol rojo sangre en el horizonte, y luego miró a su alrededor: estaba acostada sobre una meseta rocosa. Al igual que en su sueño. Amanecía en el horizonte. Los picos de las montañas estaban cubiertos por la niebla y se veían infinitamente hermosos contra el cielo abierto. Caitlin trató de ver bajo la tenue luz del amanecer y de distinguir lo que había a su alrededor; su corazón dio un brinco. A lo lejos, había dos figuras acostadas, inmóviles. Inmediatamente supo quienes eran: Caleb y Scarlet. Caitlin se levantó de un salto, y corrió y se arrodilló entre ellos; puso una mano sobre el pecho de cada uno y los sacudió levemente. Su corazón latía con miedo mientras se esforzaba por recordar los acontecimientos de su anterior encarnación. Una imagen más horrible que la otra cruzó por su mente al recordar lo enfermo que los dos habían estado: Scarlet cubierta de forúnculos de la viruela, y Caleb muriendo por el veneno para vampiros. La última vez que los había visto, parecía claro de que ambos morirían. Caitlin palpó su cuello y sintió las dos pequeñas cicatrices. Recordó el fatídico final cuando Caleb se había alimentado de ella. ¿Sí había funcionado? ¿Lo había podido revivir? Caitlin los sacudió frenéticamente. "Caleb", exclamó. “¡Scarlet!" Caitlin sintió que se le salían las lágrimas mientras trataba de no pensar en una vida sin ellos. No podía siquiera concebirla. Si no estaban con ella, entonces prefería no seguir adelante. De repente, Scarlet se movió. El corazón de Caitlin se llenó de esperanza cuando la vio moverse lentamente, y luego extenderse poco a poco y frotarse sus ojos. La niña miró a Caitlin quien pudo comprobar que su piel estaba completamente curada; sus pequeños ojos eran nuevamente de un azul brillante y reluciente. Scarlet se iluminó con una amplia sonrisa, y el corazón de Caitlin se animó. "¡Mami!", Scarlet le dijo. “¿Dónde estabas?" Caitlin se puso a llorar de alegría mientras se agachaba y sostenía a Scarlet junto a  ella, abrazándola. Por encima de su hombro, le dijo: "Estoy aquí, cariño." "Estaba soñando que no podía encontrarte," dijo ella. "Y que estaba enferma." Caitlin respiró con alivio al comprobar de que Scarlet estaba completamente curada. "Fue sólo una pesadilla", dijo Caitlin. "Estás bien ahora. Todo va a estar bien.” Repentinamente, se escuchó un ladrido, Caitlin se volvió y vio a Ruth lanzarse rápidamente hacia ellas. Caitlin se alegró al ver que Ruth también había regresado en el tiempo y le sorprendió cuanto había crecido, ahora era toda una loba. Sin embargo, Ruth todavía actuaba como un cachorro, moviendo la cola con entusiasmo, mientras corría a los brazos de Scarlet. “¡Ruth!" gritó Scarlet apartándose de Caitlin para abrazarla. Ruth apenas podía contener su emoción, y corrió con tanta fuerza que golpeó a Scarlet. Scarlet rebotó hacia arriba, gritando de risa y alegría. "¿Qué es todo este alboroto?" se escuchó una voz. Caleb. Al escuchar la voz de Caleb, Caitlin se dio vuelta con un escalofrío. Allí estaba de pie, sonriendo. Ella no lo podía creer. Él se veía tan joven y saludable, mejor de lo que ella jamás lo había visto. Caitlin se levantó y le dio un abrazo, feliz de que él estaba con vida. Sintió sus músculos fuertes mientras él la abrazaba; se sentía muy bien de estar nuevamente en sus brazos. Finalmente, todo estaba bien de nuevo. Todo había sido como un largo y mal sueño. "Estaba tan asustada que hubieras muerto," le dijo Caitlin por encima del hombro. Ella se echó hacia atrás y lo miró. "¿Te acuerdas?", le preguntó. "¿Te acuerdas que estabas muy enfermo?" Él frunció el ceño. "Vagamente", respondió. “Siento todo como si hubiera sido un sueño. Recuerdo … ver a Jade. Y … que me alimenté de ti.” De repente, Caleb la miró con los ojos muy abiertos. "Tú me salvaste", le dijo, asombrado. Él se inclinó y la abrazó. "Te amo," le susurró en el oído mientras la abrazaba. "Te amo, también", ella respondió. "¡Papá!" Caleb levantó a Scarlet y le dio un enorme abrazo. Luego se agachó y acarició a Ruth, igual hizo Caitlin. Ruth no podía estar más feliz con toda la atención que estaba recibiendo, saltaba y lloriqueaba tratando de abrazarlos. Después de un rato, Caleb tomó la mano de Caitlin y, juntos, se volvieron y miraron hacia el horizonte. La suave luz de la mañana cubría el cielo infinito, los picos de las montañas delineaban el horizonte y la luz color rosa perforaba la niebla espesa. Los picos se extendían sin fin y, cuando miraron hacia abajo, vieron que estaban a miles de pies de altura. Caitlin se preguntó dónde podrían estar. “Me estaba preguntando lo mismo," dijo Caleb, leyendo sus pensamientos. Examinaron el horizonte, girando en todas direcciones. “¿Reconoces algo?" preguntó Caitlin. Él negó lentamente con la cabeza. "Bueno, parece que sólo tenemos dos opciones", él continuó. “¿Hacia arriba o hacia abajo? Estamos tan alto que digo que vayamos hacia arriba. Veamos qué  puede verse desde la cima.” Caleb asintió con la cabeza, Caitlin tomó la mano de Scarlet, y los tres comenzaron a caminar por la pendiente. Hacía frío allí arriba, y Caitlin estaba muy poco vestida para este tipo de clima. Todavía llevaba sus botas de cuero negro, unos pantalones negros herméticamente cerrados, y una camisa manga larga negra de cuando había entrenado en Inglaterra. Pero, su ropa no era lo suficientemente caliente para protegerla de estos vientos fríos de montaña. Subieron por la ladera, agarrándose de las rocas empujando su paso hacia la cima. A medida que el sol se elevaba en el cielo, y justo cuando estaban empezando a preguntarse si habían tomado la decisión correcta, por fin llegaron a la cima más alta. Sin aliento, cuando llegaron a la cima, se detuvieron y observaron los alrededores. La vista dejó sin aliento a Caitlin. Ante ellos, se extendía el otro lado de la cordillera que llegaba hasta donde alcanzaba la vista. Más allá, se veía el mar. A lo lejos, en el mar, se veía una isla rocosa y montañosa, cubierta de vegetación. Una isla primordial que sobresalía en el mar, era lo más pintoresco que jamás había visto en su vida. Parecía un lugar sacado de un cuento de hadas, especialmente bajo la luz de la mañana, porque la cubría una niebla misteriosa que le daba un tono naranja y morado. Y aun más dramático, lo único que conectaba a la isla con el continente era un puente de cuerda sin fin, que se balanceaba violentamente en el viento y parecía tener cientos de años de antigüedad. Debajo, el precipicio caía cientos de metros hacia el mar. "Sí," dijo Caleb mientras la contemplaba con asombro. "Eso es todo. Esa isla me resulta conocida.“ "¿Dónde estamos?" preguntó Caitlin. Él observó la isla con reverencia, luego se volvió y la miró, sus ojos estaban llenos de emoción. "Skye", le dijo. “Es la legendaria isla de Skye. El hogar de los guerreros y de nuestra especie desde hace miles de años. Entonces, estamos en Escocia," dijo. "Cerca de la aproximación a Skye. Es evidente que es donde debemos ir. Es un lugar sagrado.” "Vamos a volar", dijo Caitlin, sintiendo sus alas ya activas. Caleb negó con la cabeza. "Skye es uno de los pocos lugares en la tierra donde eso no es posible. Seguramente, habrá vampiros guerreros custodiando y, lo más importante, hay un escudo de energía que lo protege de quienes buscan ingresar volando. El agua crea una barrera psíquica a este lugar. Ningún vampiro puede entrar sin ser invitado.” Él se volvió y la miró. "Vamos a tener que entrar por el camino difícil: por ese puente de cuerda." Caitlin se quedó mirando el puente que se balanceaba con el viento. "Pero ese puente se ve muy traicionero", ella dijo. Caleb suspiró. "Skye es diferente a cualquier otro lugar. Sólo se le permite entrar a los dignos. La mayoría de las personas que tratan de acercarse se enfrentan con su muerte, de una u otra manera.” Caleb la miró. "Podemos dar la vuelta", él sugirió. Caitlin lo pensó y luego negó con la cabeza. "No", respondió ella, decidida. "Nos pusieron aquí por una razón. Vamos a hacerlo.” CAPÍTULO DOS Sam se despertó sobresaltado. Su mundo giraba y se mecía violentamente; no lograba entender dónde estaba o qué estaba pasando. Estaba en una posición muy incómoda, acostado de espaldas sobre lo que parecía madera. Estaba de cara al cielo y podía ver las nubes moverse erráticamente. Sam se inclinó, se agarró de un pedazo de madera y se irguió. Cuando se sentó parpadeando, su mundo seguía girando pero, entonces, pudo ver lo que lo rodeaba. No podía creerlo. Estaba sobre el piso de un barco, de un pequeño bote de madera de remos en medio del mar. El bote se sacudía violentamente en el mar agitado, las olas lo elevaban y lo hundían una y otra vez. Crujía y gemía con el movimiento, subiendo y bajando, balanceándose de un lado a otro. Al ver la espuma de las olas romper a su alrededor, Sam sintió frío; el viento salado le erizó el pelo y la cara. Era temprano por la mañana, de hecho, era un hermoso amanecer, el cielo se rompía en una miríada de colores. Se preguntó cómo demonios había terminado allí. Cuando Sam se dio vuelta y observó el barco en la penumbra de la mañana, vio una figura acostada en el otro extremo, estaba acurrucada sobre el piso y estaba cubierta con un chal. Se preguntó quién podría estar junto a él en este pequeño bote en el medio de la nada. Y entonces la sintió. Fue como una descarga eléctrica. No tuvo que ver su cara. Era Polly. Cada hueso en el cuerpo de Sam se lo dijo. Le sorprendió cómo pudo saberlo  tan rápido y sin duda, era evidente de que estaba muy conectado con ella, sus sentimientos por Polly eran tan profundos que casi parecían ser una sola persona. No entendía cómo había podido suceder tan rápidamente. Mientras la miraba desde allí sentado y notó que Polly permanecía inmóvil, de repente se llenó de temor. No estaba seguro si ella estaba viva y, en ese momento, se dio cuenta que no podría soportar que no lo estuviera. Fue entonces cuando, de manera inequívoca, supo que la amaba. Tambaleándose, Sam se puso de pie; cuando una ola  empujó y elevó la pequeña embarcación, Sam logró dar unos pasos y se arrodilló junto a Polly. Extendió su mano, suavemente le sacó el chal, y sacudió sus hombros. Ella no respondió, y el corazón de Sam empezó latía con fuerza mientras esperaba. “¿Polly?", preguntó. No escuchó ninguna respuesta. "Polly", dijo con más firmeza. "Despiértate. Soy yo, Sam.” Pero ella no se movió, y cuando Sam acarició la piel de su hombro, sintió que estaba demasiado frío. Su corazón se detuvo. ¿Podría ser posible? Sam se inclinó y puso el rostro de Polly entre sus manos. Ella era tan hermosa como él la recordaba, su piel de un tono muy pálido, de un blanco casi translúcido, con el pelo de color marrón claro, y sus rasgos perfectamente cincelados bajo el resplandor de la luz de la mañana. Vio sus perfectos labios carnosos, su pequeña nariz, sus grandes ojos, su pelo largo y castaño. Recordaba esos ojos cuando estaban abiertos, de un azul increíble, como el mar. Anhelaba verlos abiertos de nuevo; haría cualquier cosa para que fuera así. Anhelaba ver su sonrisa, escuchar su voz, su risa. En el pasado, a veces le había molestado que hablara demasiado. Pero ahora hubiera dado cualquier cosa por escucharla hablar. Pero su piel estaba demasiado fría. Fría congelada. Y él estaba empezando a desesperarse ante la idea de que sus ojos nunca más se volvieran a abrir. "Polly", gritó mientras escuchaba la desesperación en su voz que se elevaba hacia el cielo y se mezclaba con el chillido de los pájaros. Sam se desesperaba más y más. No sabía qué hacer. Él la sacudía más y más  pero ella no volvía en sí. Recordó cuando la había visto por  última vez. Había sido en el palacio de Sergei. Recordó que la había liberado. Habían regresado al castillo de Aiden, y allí habían encontrado a Caitlin, Caleb y Scarlet yaciendo sin vida sobre aquella cama. Aiden les había dicho que habían regresado en el tiempo, sin ellos. Él le había implorado a Aiden que los regresara en el tiempo también. Aiden se había negado, argumentando que no estaba destinado, que podrían interferir con el destino. Pero Sam había insistido. Finalmente, Aiden había realizado el ritual. ¿Había muerto en el viaje de regreso? Sam bajó la mirada y la sacudió de nuevo. Todavía, nada. Finalmente, Sam se agachó y jaló a Polly junto a él. Le sacó su largo y hermoso cabello de la cara, puso una mano detrás de su cuello, y acercó su cara. Se inclinó y la besó. Fue un beso largo e intenso que plantó en sus labios, y Sam se dio cuenta de que ésta era la segunda vez que se habían besado. Los labios de Polly se sentían muy suaves, perfectos en los suyos. Pero también los sintió demasiado fríos, sin vida. Mientras la besaba, se concentró para  transmitirle su amor, quería regresarla a la vida. Mentalmente, quiso enviarle un mensaje claro. Haré lo que sea. Voy a pagar cualquier precio. Haré cualquier cosa para tenerte de vuelta. Solo regresa conmigo. “¡Voy a pagar cualquier precio!" Sam se echó hacia atrás y gritó a las olas. El grito pareció elevarse a los cielos e hizo eco en una bandada de pájaros que volaba arriba. Sam sintió un escalofrío a través de su cuerpo, al intuir que el universo había escuchado y le estaba respondiendo. Él sabía, en cada onza de su cuerpo, que Polly podía, realmente podía, volver a la vida. Aun cuando no estuviera destinado. Sabía que al haberlo exigido, había roto un plan más grande en el universo. Y que tendría que pagar el precio. De repente, Sam miró hacia abajo y los ojos de Polly se abrieron lentamente. Eran tan azules y hermosos como los recordaba, y lo miraban directamente. Por un momento, estuvieron en blanco, pero luego lo reconocieron. Y entonces se produjo la cosa más grandiosa y mágica que él jamás había visto: una pequeña sonrisa se formó en la comisura de los labios de Polly. “¿Te estás aprovechando de una chica mientras duerme?" Polly preguntó, con su acostumbrada jovialidad. Sam no pudo evitar sonreír. Polly había regresado. Era todo lo que le importaba en el mundo. Trató de quitar de su mente la terrible sensación de que había desafiado el destino y que tendría que pagar el precio. Polly se sentó; era de nuevo la chica ingeniosa y feliz que él conocía, aunque  se veía avergonzada de estar en sus brazos, y trató de hacerse la fuerte e independiente. Ella observó alrededor y se agarró de un lado de la embarcación mientras una ola los elevaba y luego los hundía. "No es exactamente lo que llamaría una expedición romántica en barco," dijo, viéndose aun un poco pálida, mientras trataba de mantener el equilibrio en el mar que se mecía. "¿Dónde estamos exactamente? Y ¿qué es eso en el horizonte?" Sam se volvió y miró hacia donde Polly estaba señalando. No lo había visto antes. Allí, a unos cientos de metros, había una isla rocosa que sobresalía del mar, con altos acantilados implacables. Se veía antigua y deshabitada, su terreno era rocoso y desolado. Se volvió y contempló el horizonte en todas direcciones. Era la única isla en miles de kilómetros. "Parece que nos estamos dirigiendo directamente hacia allí", dijo. "Eso espero", dijo Polly. “Tengo náuseas en este barco." De repente, Polly se inclinó sobre la borda y vomitó una y otra vez. Sam se acercó y puso una mano sobre su espalda para tranquilizarla. Polly finalmente se puso de pie, limpiándose la boca con el dorso de la manga y miró hacia otro lado: estaba avergonzada. "Lo siento," dijo ella. "Estas olas son implacables." Ella lo miró, con aire de culpabilidad. “No me debo ver muy atractiva." Pero Sam no estaba pensando en eso. Por el contrario, se estaba dando cuenta de sus fuertes sentimientos hacia Polly. "¿Por qué me miras así?" preguntó Polly. “¿Me veo horrible?" Al darse cuenta de que la estaba mirando fijamente, Sam apartó la mirada rápidamente. "No estaba pensando eso", él dijo, ruborizándose. Pero algo los interrumpió. De repente, en la isla aparecieron varios guerreros en la cima de un acantilado. Aparecía uno tras otro y, pronto, el horizonte se llenó de ellos. Sam se agachó para buscar sus armas. Pero le decepcionó comprobar que no había llevado ninguna. El horizonte se ennegreció con más y más guerreros vampiros, y Sam pudo ver que la corriente los estaba llevando directamente hacia ellos. Estaban a la deriva dirigiéndose a una trampa, y no había nada que pudieran hacer para evitarlo. "Mira", dijo Polly. "Vienen a saludarnos." Sam los examinó cuidadosamente y llegó a una conclusión muy diferente. "No, no vienen a eso", dijo. "Vienen a ponernos a prueba." CAPÍTULO TERCERO Caitlin estaba frente al puente de cuerda que conducía a Skye, Caleb estaba a su lado, y Scarlet y Ruth esperaban detrás. Observó la cuerda gastada balancearse violentamente, podía escuchar el silbido del viento a través de las rocas mientras las olas rompían contra los acantilados cientos de metros abajo. El puente estaba mojado y se veía resbaladizo. Si se patinaban hacia afuera Scarlet y Ruth morirían instantáneamente, además Caitlin aun no había probado sus propias alas. Realmente no quería correr el riesgo de cruzar este puente pero necesitaban llegar a la isla de Skye. Caleb la miró. "No tenemos muchas opciones", dijo. "Entonces no hay por qué esperar", respondió ella. “¿Llevo a Scarlet y tú tomas a Ruth?" Caleb asintió sombríamente mientras Caitlin tomaba a Scarlet y la ponía sobre su espalda, mientras que Caleb sostenía a Ruth en sus brazos. Ruth se retorció en un primer momento, quería bajarse, pero Caleb la sostuvo firmemente, y finalmente se calmó. No tuvieron más más remedio que ir en fila por el puente estrecho. Caitlin iba primero. Caitlin dio su primer paso titubeante sobre el puente e, inmediatamente, sintió que los tablones mojados eran muy resbaladizos. Extendió su mano y agarró la barandilla de cuerda para mantener el equilibrio, pero el puente se balanceó y la barandilla se hizo pedazos en sus manos. Cerró los ojos, respiró hondo, y se concentró. No podía confiar en su vista o en  su  equilibrio. Necesitaba recurrir a algo más profundo. Pensó de nuevo en las lecciones que la había dado Aiden y recordó sus palabras. Ya no trató de oponerse al puente: en su lugar, trató de sentirse en armonía con él. Caitlin confió en sus instintos internos y dio varios pasos hacia adelante. Abrió lentamente los ojos y, cuando dio un paso, un tablón cayó hacia el mar. Scarlet gritó, y ella perdió el equilibrio por un momento – rápidamente dio otro paso y lo recobró. El viento mecía el puente nuevamente. Caitlin sentía como si hubiera estado allí por siempre pero, cuando miró hacia arriba, vio que sólo había avanzado unos tres metros. Instintivamente supo que nunca lo lograrían. Se volvió y miró a Caleb. Vio la expresión en sus ojos y supo que él estaba pensando lo mismo. Más que nada quería simplemente extender sus alas y despegar, pero sintió algo en el aire y supo que Caleb tenía razón: había una especie de energía invisible en torno a esta isla, y no era posible volar sin haber sido invitados primero. El viento movió nuevamente el puente y Caitlin estaba empezando a desesperarse. Habían llegado demasiado lejos para dar marcha atrás. Ella tomó instantáneamente una decisión. "A la de tres, salta, agarra tu lado de la barandilla, y déjate columpiar!" gritó a Caleb. “¡No hay de otra!" “¿¡Y si se rompe!?" él respondió. “¡No tenemos otra opción! ¡Si seguimos así, vamos a morir!” Caleb no discutió. “¡UNO!" gritó ella, tomando una respiración profunda, “¡DOS! ¡TRES!” Ella saltó en el aire a su derecha, y vio a Caleb saltar a su izquierda. Escuchó a Scarlet gritar y gemir mientras Ruth caía por el borde. Caitlin extendió la mano y agarró con fuerza la barandilla de cuerda, rogando a Dios que resistiera. Caleb hizo lo mismo. Unos segundos más tarde, estaban aferrados a la cuerda mientras se movían por el aire a toda velocidad, el agua salada se eleva desde las olas y se estrellaba contra ellos. Por un momento, Caitlin no supo si todavía se estaban balanceando, o estaban cayendo. Pero después de unos segundos, sintió la tensión de la cuerda en la mano; no estaban cayendo en picada sino que se estaban columpiando hacia el acantilado. Se estaban sosteniendo. Caitlin se preparó. La cuerda los estaba sosteniendo, era una buena señal. Pero se estaban balanceando demasiado rápidamente, directamente hacia el acantilado. Si se estrellaban, iba a ser muy doloroso. Giró su hombro y colocó a Scarlet detrás, para que ella pudiera recibir toda la fuerza del golpe. Miró y vio a Caleb hacer lo mismo, sosteniendo a Ruth con un brazo detrás de él mientras inclinaba su hombro. Ambos se prepararon para el impacto. Un segundo más tarde, se estrellaron contra el muro, el dolor fue tremendo. La fuerza del impacto dejó sin aliento a Caitlin quien se quedó aturdida por un momento. Pero se aferró a la cuerda, y vio que Caleb hacía lo mismo. Se quedó colgando allí, aturdida durante unos segundos, mientras verificaba que Scarlet estuviera bien, y Caleb estuviera ileso. Ambos estaban bien. Lentamente, Caitlin se recuperó del golpe y empezó a jalar de la cuerda empujándose hacia arriba del acantilado. Levantó la vista y vio que tenía treinta yardas adelante para llegar a la cima. Entonces, cometió el error de darse vuelta y mirar hacia abajo: se trataba de una caída peligrosa y, si la cuerda cedía, caerían cientos de metros en picada sobre las afiladas rocas que estaban  debajo. Caleb siguió subiendo por su cuerda. Los dos estaban ascendiendo a una buena velocidad, aun con los acantilados cubiertos de musgo que los hacían resbalar. De repente, Caitlin oyó un ruido horrible. Era el sonido de la cuerda  rompiéndose. Caitlin se preparó para caer en picada hacia su muerte, pero se dio cuenta que su cuerda no estaba rompiéndose. Miró por encima de su hombro y vio que era la cuerda de Caleb. Su cuerda se se estaba quebrando. Caitlin entró en acción. Se alejó de la roca y echó la cuerda cerca de él, y extendió su mano libre. Se las arregló para agarrar la mano de Caleb justo cuando estaba cayendo en picada. Lo tenía agarrado con la mano libre y lo mantuvo así, colgando en el aire. Luego, con un esfuerzo supremo, lo levantó varios metros hacia una grieta profunda en la pared del acantilado. Caleb, todavía con Ruth, pudo mantenerse firme en un escalón y agarrarse de una roca. Estaba a salvo, ella pudo ver el alivio en su rostro. Pero no había tiempo para pensar. Inmediatamente, Caitlin se dio vuelta y se apuró a subir por la cuerda. Su cuerda podía romperse también en cualquier momento, y cargaba a Scarlet en su espalda. Finalmente, llegó a la cima. Rápidamente, ella saltó a la meseta cubierta de hierba y depositó a Scarlet sobre la tierra. Se sentía tan agradecida de estar sobre la tierra -pero no perdió el tiempo. Se dio vuelta, tomó la cuerda y la arrojó con fuerza varios metros para que colgara cerca de donde Caleb se estaba sosteniendo. Miró hacia abajo y él la estaba esperando y, cuando la cuerda llegó hasta él, Caleb extendió su mano y la agarró mientras sostenía a Ruth con la otra mano. Se las arregló para empujarse rápidamente hacia arriba. Caitlin miró detenidamente cada paso que daba, rezando para que la cuerda no se rompiera. Finalmente, llegaron a la cima y rodaron sobre la hierba. Se apresuraron a alejarse de la cornisa, y Scarlet y Ruth se abrazaron mientras Caitlin y Caleb hacían lo propio. Al igual que Caleb, Caitlin se sintió completamente aliviada. "Me salvaste la vida", él dijo. "Una vez más.” Ella respondió con una sonrisa. “Tú has salvado la mía muchas veces", ella le dijo. "Te debo al menos unas cuantas." Él le devolvió la sonrisa. Todos se volvieron y observaron sus nuevos alrededores. La Isla de Skye. Era preciosa, impresionante, mística, desolada y dramática al mismo tiempo. La isla se ondulaba en una serie de montañas y valles y colinas y mesetas, algunas de ellas rocosas y áridas, otras estaban cubiertas de un musgo verde. Todo estaba envuelto por una neblina celestial que se abría camino en los rincones y grietas, y se iluminaba de color naranja y rojo y amarillo bajo el sol de la mañana. Esta isla parecía un lugar de ensueño. Y también parecía un lugar donde los seres humanos posiblemente nunca podrían vivir. Mientras miraban el horizonte, de pronto, como si fuera una aparición, una docena de vampiros salieron lentamente de la niebla sobre la colina, se  dirigían directamente hacia ellos. Caitlin no lo podía creer. Se preparó para la batalla, pero, mientras todos permanecían en sus posiciones, Caleb se acercó y puso una mano sobre la suya para tranquilizarla. "No te preocupes", dijo Caleb. "Puedo sentirlo. Son amigables.” Al acercarse, Caitlin pudo ver sus características y sintió que tenía razón. De hecho, se sorprendió de lo que vio. Allí, de pie, frente a ella, estaban varios de sus viejos amigos. CAPÍTULO CUATRO Mientras el barco se mecía violentamente y era empujado hacia la costa rocosa, Sam se preparó para la batalla. Pudo sentir la aprensión de Polly mientras docenas de vampiros guerreros se apresuraban hacia ellos por los acantilados escarpados. "¿Y ahora qué?", preguntó Polly cuando el barco estaba a unos pocos metros de la orilla. "No tenemos de otra", respondió Sam. “Los enfrentaremos." Dicho esto, saltó de la embarcación tomando a Polly de la mano. Los dos saltaron varios metros en el aire y aterrizaron en la orilla. Cuando el agua helada tocó sus pies descalzos, Sam sintió un escalofrío en su columna vertebral que lo despertó completamente. Se dio cuenta de que todavía vestía el equipo de batalla que había usado en Londres – pantalones negros ajustados y camiseta acolchada en los hombros y los brazos, y que Polly, también. Pero no tenía tiempo para perder. Cuando Sam miró hacia la orilla, vio a docenas de guerreros humanos lanzarse sobre ellos. Vestidos con armaduras y cotas  de malla de pies a cabeza, blandiendo espadas y llevando escudos, era la visión clásica de los caballeros de armadura brillante que Sam había visto durante su infancia en los libros ilustrados -los caballeros que una vez quiso ser. Cuando era niño, los había idolatrado. Pero ahora, siendo un vampiro, sabía que era mucho más fuerte que cualquier otro guerrero. Sabía que ellos nunca podrían igualar su fuerza o su velocidad, nunca llegarían a tener sus habilidades para el combate. Por esa razón, Sam no tenía miedo. Pero, le preocupó Polly. Desconocía sus habilidades para el combate, y la verdad no le gustaba para nada cómo se veían las armas de estos seres humanos. Eran muy diferentes a otras espadas y escudos que había visto antes. Pudo notar, por el brillo del sol de la mañana sobre las espadas, que su punta era de plata. Estaban diseñadas para matar vampiros. Sabía que era una amenaza real que no podían menospreciar. Por la expresión en sus rostros, estos humanos hablaban en serio y por sus apretadas formaciones coordinadas era evidente de que estaban bien entrenados. Para los seres humanos, probablemente eran los mejores guerreros de su tiempo. También estaban muy bien organizados, y se lanzaron hacia Sam y Polly desde direcciones contrarias. Sam no les daría la oportunidad de dar del primer golpe. Rompiendo en una carrera de velocidad, Sam se lanzó hacia los guerreros humanos moviéndose más rápidamente que ellos. Era claro que ellos no se lo esperaban. Pudo sentir su vacilación, no sabían cómo reaccionar. Pero él no les dio tiempo para reaccionar. Con un salto y usando sus alas para propulsarse, voló por encima de sus cabezas hasta que libró a todo el grupo y aterrizó detrás de ellos. Se agachó y agarró una lanza de la espalda de un caballero. No bien aterrizó, la hizo girar arrojando a varios de sus caballos con un solo movimiento. Los caballos relinchaban y pateaban, afectando al resto del grupo y provocando el caos. Aún así, estos caballeros estaban bien entrenados y no se dejaron amilanar. Otros caballeros humanos se habrían dispersado inmediatamente, pero éstos, para sorpresa de Sam, se dieron la vuelta y volvieron a agruparse formando una sola línea de carga. Sam se sorprendió y se preguntó dónde estaba exactamente. ¿Había  aterrizado en un reino con una especie de elite guerrera? Sam no tenía tiempo para averiguarlo. Y no quería matar a estos seres humanos. Una parte de él sentía que ellos no querían matarlos, y solo querían confrontarlos y, tal vez, capturarlos. O, probablemente, ponerlos a prueba. Después de todo, habían arribado a su territorio: intuía que querían saber que se traían entre manos. Al menos, había logrado desviar su atención de Polly. Solo se lanzaban hacia él. Sam hizo la lanza hacia atrás y la apuntó directamente al escudo de su líder – quería aturdirlo pero no matarlo- y se la arrojó. Fue un golpe certero. Sacó el escudo limpiamente de su mano y lo derribó de su caballo. El caballero aterrizó sobre el piso con un fuerte ruido metálico. Sam saltó y sacó la espada y el escudo de las manos del caballero. Justo a tiempo, porque varios golpes cayeron sobre él. Sam los bloqueó a todos y arrancó una maza de las manos de un caballero. Cogió el eje de madera, lo hizo hacia atrás, y giró la bola mortal de metal mientras la cadena describía un amplio arco. Se escuchó el sonido del metal en todas direcciones mientras Sam quitaba las espadas de las manos de una docena de guerreros. La continuó balanceando golpeando varios de sus escudos y derribando a más guerreros. Pero, de nuevo, Sam se sorprendió. Cualquier otro guerrero humano habría huido en caos; pero no estos hombres. Los que habían sido arrojados de sus caballos, aun aturdidos, se reagruparon, tomaron sus armas de la arena, y se formaron en torno a Sam, rodeándolo. Esta vez, se mantuvieron a una mayor distancia de él, la suficiente para que Sam no pudiera golpearlos con la maza. Y aun más preocupante, de repente todos, desde todas las direcciones, extrajeron ballestas de sus espaldas y le apuntaron. Sam notó que estaban cargadas con flechas de punta de plata. Estaban construidas para matar. Tal vez había sido demasiado indulgentes con ellos. Ellos no dispararon, pero seguían apuntándole. Sam se dio cuenta de que estaba en un aprieto. No podía creerlo. Cualquier movimiento precipitado podría ser su último. "Suelten sus arcos," se escuchó una voz acerada fría. Los humanos volvieron lentamente sus cabezas y Sam volvió la suya también. No podía creerlo. Allí, de pie, en el perímetro exterior del círculo estaba Polly. Sostenía a uno de los soldados en un abrazo mortal, tenía el antebrazo envuelto alrededor de su garganta y sostenía una pequeña daga de plata en su garganta. El soldado se quedó allí, congelado, incapaz de zafarse del agarre de Polly; con los ojos desorbitados por el miedo, tenía la mirada de un hombre a punto de morir. "Si no lo hacen," Polly continuó, "este hombre va a morir.” A Sam le sorprendió el tono de su voz. Nunca había visto a Polly como un guerrero, nunca la había visto tan fría y firme. Era como si estuviera en presencia de una persona totalmente nueva y estaba muy impresionado. Al parecer, los seres humanos también lo estaban. Lentamente, de mala gana, uno por uno, dejaron caer sus ballestas en la arena. “Bájense de los caballos", Polly les ordenó. Poco a poco, cada uno obedeció y desmontó. Docenas de guerreros humanos estaban a merced de Polly quien sostenía al hombre como rehén. "Entonces. La chica salva al chico, ¿verdad?” de repente se escuchó una voz altisonante y alegre. Le siguió una carcajada profunda y todas las cabezas se volvieron. De la nada, apareció un guerrero humano envuelto en pieles, con una corona,  montaba un caballo y estaba flanqueado por una docena de soldados. Por su apariencia, era evidente de que era su rey. Tenía pelo desordenado de color naranja, una gruesa barba del mismo color y ojos verdes brillantes y traviesos. Se echó hacia atrás y se rió de buena gana, mientras observaba la escena frente a él. "Impresionante", continuó, al parecer divertido por todo el asunto. "Muy impresionante, verdaderamente." Desmontó, e inmediatamente todos sus hombres se hicieron a un lado mientras él entraba al círculo. Sam se sintió enrojecer, al darse cuenta de que al rey le debió parecer que él no podía combatir y que no habría sabido defenderse, si no hubiera sido por Polly. Lo cual era, al menos en parte, cierto. Pero no estaba demasiado molesto porque estaba muy agradecido con ella por haberlo salvado. Y se sintió aun más avergonzado cuando el rey no le hizo caso y caminó hacia Polly. "Puedes soltarlo", le dijo el Rey, sin dejar de sonreír. "¿Por qué debería hacerlo?", preguntó ella, mirando al rey y a Sam, todavía cautelosa. "Porque no íbamos a hacerles daño. No era más que una prueba. Para saber si eran dignos de estar en Skye. Después de todo,” se rió", ¡ustedes llegaron a nuestras costas!" El Rey rompió en carcajadas otra vez, y varios de sus hombres dieron un paso adelante y le entregaron dos largas espadas enjoyadas que brillaban con la luz de la mañana; estaban cubiertas con rubíes y zafiros y esmeraldas. Sam se sorprendió: eran las espadas más hermosas que jamas había visto. "Han pasado nuestra prueba," el Rey anunció. "Y esto es para ustedes. Es un regalo.” Sam se acercó a Polly mientras ella lentamente soltaba a su rehén. Cada uno tomó una espada y los dos examinaron la empuñadura con joyas incrustadas. A Sam le maravilló su artesanía. “Para dos guerreros muy dignos", dijo. "Nos sentimos honrados de darles la bienvenida." Se dio vuelta y comenzó a caminar, era claro que Sam y Polly debían  seguirlo. Mientras caminaba, él tronó: "Bienvenidos a nuestra isla de Skye." CAPÍTULO CINCO Seguidos por Scarlet y Ruth, y flanqueados por Taylor, Tyler y varios otros miembros de la cofradía de Aiden, Caitlin y Caleb caminaron a paso vivo a través de la isla de Skye. Caitlin estaba encantado de verlos. Tras las dificultades iniciales para llegar a este lugar y a esta época, por fin tenía una sensación de paz y tranquilidad; sabía que estaban en el lugar correcto. Taylor y Tyler, y toda la gente  de Aiden, también se habían emocionado de verlos. Era tan extraño encontrarlos en un tiempo y lugar tan diferentes, en este clima frío, en esta isla cruda y estéril en medio de la nada. Caitlin se dio cuenta de que si bien podían cambiar los tiempos y lugares, la gente no lo hacía. Taylor y Tyler los llevaron en un recorrido a paso ligero por la isla, y llevaban horas caminando. Inmediatamente, Caitlin les había preguntado si tenían alguna noticia de Sam o Polly; se sintió abatida cuando le dijeron que no. Desesperadamente, esperaba que también hubieran regresado en el tiempo. Mientras caminaban, Taylor los puso al corriente de los rituales de su cofradía, sus hábitos, los nuevos métodos de entrenamiento, y todo lo que Caitlin podría querer saber. Ella se dio cuenta de que Skye era impresionante, uno de los lugares más hermosos en los que jamás había estado. Se veía antiguo, primordial, con piedras elevándose en el paisaje, colinas cubiertas de musgo, lagos de montaña que reflejaban el sol de la mañana, y una hermosa niebla que parecía colgar sobre todo. "La niebla nunca nos abandona," dijo Tyler, sonriendo mientras leía la mente de Caitlin. Caitlin se sonrojó, avergonzada como siempre, por la facilidad con que los demás podían leer sus pensamientos. "De hecho, de ahí viene su nombre: Skye significa 'la isla en la niebla'", dijo Taylor. "Le da un telón de fondo bastante dramático a todo, ¿no te parece?" Caitlin asintió mientras contemplaba el paisaje. "Y es útil cuando peleamos contra nuestros enemigos," Tyler intervino. "Sin embargo, nadie se atreve ni siquiera a acercarse a nuestras costas." “No los culpo", dijo Caleb. “No es una entrada para nada acogedora." Taylor y Tyler sonrieron. "Sólo los dignos pueden acercarse. Esa es nuestra prueba. Han pasado años desde la última vez que alguien trató de visitarnos -y después de muchos años  pasaron esa prueba y llegaron con vida a nuestras costas.” "Sólo los dignos pueden sobrevivir y entrenar aquí", dijo Taylor. "Sin embargo, el entrenamiento es el mejor del mundo." "Skye es un lugar que no perdona", añadió Tyler, "un lugar de extremos. La cofradía de Aiden está muy unida aquí, como nunca antes. Casi nunca nos vamos. Entrenamos juntos casi todo el día, y en el más extremo de los ambientes -en el frío, la niebla, la lluvia, los acantilados, en las montañas, en los lagos congelados, en las costas rocosas, a veces incluso en el mar. Hay pocos métodos de entrenamiento que no hemos probado. Y somos más aguerridos que nunca.” "Y no entrenamos solos", añadió Tyler. “Los guerreros humanos viven aquí  también, dirigidos por su Rey, McCleod. Tienen un castillo y su propia legión de guerreros, y todos vivimos y entrenamos juntos. Es algo fuera de lo común, los vampiros y los humanos entrenando juntos. Pero aquí estamos muy cerca. Todos somos guerreros, y todos respetamos el código del guerrero.” "Aunque, por supuesto," dijo Tyler, "no podemos aparearnos. A muchos de ellos les gustaría tener nuestras habilidades de vampiro, pero Aiden tiene reglas estrictas que prohíben convertir a los seres humanos. Los humanos se han resignado al hecho de que nunca van a ser como nosotros. Vivimos y entrenamos juntos en armonía. Perfeccionamos sus habilidades más allá de lo que cualquier humano podría soñar. Y nos ofrecen refugio y protección. Tienen un arsenal de armas con punta de plata y, si alguna cofradía rival nos ataca, ellos están listos para defendernos.” “¿Un castillo?" Scarlet preguntó de repente. “¿Un auténtico castillo?" Taylor miró hacia abajo, y sonrió divertida. Se acercó y tomó la mano de Scarlet mientras caminaba. "Sí, cariño. Te estamos llevando allí ahora mismo. De hecho,” dijo mientras  doblaba en una una colina y señalaba, "está justo allí.” Todos se detuvieron y a Caitlin le sorprendió la vista. Ante ellos, se extendían colinas, montañas, lagos y, a lo lejos, a la orilla de un gran lago, encaramado en su propio pequeño acantilado, había un antiguo castillo. “El Castillo de Dunvegan," Taylor anunció. “El hogar de los reyes de Escocia durante siglos." "WOW!" gritó Scarlet. "Mami, ¡vamos a vivir en un castillo!" Caitlin no pudo evitar sonreír al igual que los demás, el entusiasmo de Scarlet era contagioso. “¿¡Puede venir Ruth, también!?" preguntó Scarlet. Caitlin miró a Taylor, quien asintió con la cabeza. "Por supuesto que puede, cariño.” Scarlet gritó de alegría abrazando a Ruth, y el grupo se apresuró a bajar la pendiente hacia el castillo lejano. Mientras Caitlin observaba el castillo, percibió que sus paredes podrían ocultar secretos profundos, secretos que podrían ayudarla a encontrar a su padre. Una vez más, sintió que estaba en el lugar correcto. "¿Está Aiden aquí?" Caitlin le preguntó a Tyler. "Eso es lo que nos hemos estado preguntando desde hace un tiempo," contestó Tyler. "No lo he visto en semanas. A veces desaparece por un tiempo. Ya sabes cómo es.” Caitlin lo sabía, por supuesto. Recordó todas las épocas, todos los lugares en los que ella había estado con ellos. Desesperadamente, necesitaba hablar con él ahora, para saber por qué habían aterrizado allí, para averiguar si Sam y Polly estaban bien, y para saber más acerca de la llave final -y, sobre todo, si su padre estaba allí. Tenía muchas preguntas candentes que se estaba muriendo por preguntarle. Como, ¿qué había sucedido en Londres antes de que todos regresaran en el tiempo? ¿Kyle había logrado sobrevivir? Mientras se acercaban al castillo, Caitlin admiró su arquitectura -se elevaba a  cincuenta metros de altura y se extendía por muchos niveles en forma rectangular, tenía varias torres cuadradas y parapetos. Se erguía con valentía y orgullo en la cima de un acantilado con vistas al gran lago y el cielo abierto y, a diferencia de otros castillos, era amplio y estaba bien iluminado con docenas de ventanas. Su entrada era impresionante, con una amplia calzada de piedra que conducía a una puerta frontal y a una imponente puerta arqueada. No era un lugar al que se podía acercar con facilidad y, cuando Caitlin miró hacia arriba, vio en todas las torres guardias humanos que los observaban como si fueran halcones. Cuando se acercaron a la entrada, repentinamente se escucharon trompetas, seguidos por el estruendo de los cascos de los caballos. Caitlin se volvió. Galopando sobre el horizonte, corriendo directamente hacia ellos, había docenas de guerreros humanos vestidos con armaduras. Al frente de ellos había un hombre imponente vestido con pieles, con una gran barba naranja, flanqueado por sus asistentes, tenía el porte de un rey. Tenía rasgos faciales suaves y parecía ser el tipo que sonreía con facilidad. Lo seguía un gran séquito de guerreros, y Caitlin se habría preocupado si Taylor y Tyler no hubieran estado tan  relajados. Claramente, eran amigos. Cuando los soldados se detuvieron frente a ellos y se separaron, Caitlin se detuvo en seco, sorprendida. Allí, en el centro del grupo que desmontaba, había dos de las personas que más quería en el mundo. No lo podía creer. Parpadeó varias veces. Eran realmente ellos. De pie frente a ella, sonriendo, estaban Sam y Polly. * Ante los dos grandes grupos de guerreros, Caitlin y Sam se acercaron y se reunieron en un enorme abrazo. Caitlin se sintió tan aliviada de estar abrazando a su hermano y ver y sentir que estaba vivo, y comprobar que realmente estaba  allí. Luego, abrazó a Polly, mientras Caleb se acercaba y también le daba un abrazo a Sam y a Polly. “¡Polly!" Scarlet gritó mientras corría hacia ella con Ruth ladrando a su lado. Polly se arrodilló y le dio un gran abrazo, levantándola en los brazos. “¡Creí que nunca te volvería a ver!", dijo Scarlet. Polly sonrió. “¡No vas a poder deshacerte de mí tan fácilmente!" Ruth ladró y Polly se arrodilló y la abrazó, mientras que Sam abrazaba a  Scarlet. Caitlin sintió la calidez de tener a su familia y seres queridos con ella. Recordó los días en Londres cuando todos habían estado enfermos y moribundos, cuando no podía imaginar que una escena feliz pudiera ser posible. Se sentía muy agradecida de que todo se había resuelto y le maravilló pensar en todas las vidas que ya había vivido. Estaba muy agradecida por la inmortalidad. No podía imaginar cómo  podría  haber hecho tanto con una sola vida. "¿Qué pasó con ustedes?" Caitlin le preguntó a Sam. "La última vez que te vi, me prometiste que no dejarías a Caleb y Scarlet. Y cuando volví, te habías ido.” Caitlin estaba todavía molesta por su traición. Sam y Polly miraron hacia abajo avergonzados. "Lo siento mucho", dijo Sam. "Fue mi culpa. Secuestraron a Polly y fui a recatarla.” "No, es mi culpa", dijo Polly. "Sergei había dicho que había una cura para Caleb y Scarlet y que lo acompañara para buscarla. Fui muy estúpida -le creí. Creí que iba a salvarlos. Pero rompí mi promesa. ¿Vas a perdonarme? " "¿Y a mí?" preguntó Sam. Caitlin miró sus rostros y vio que lo decían con total sinceridad. Una parte de ella aún estaba molesta porque habían roto su promesa y habían dejado a  Scarlet y Caleb expuestos a los ataques. Pero, otra parte de ella, la parte que estaba cambiando, le decía que debía perdonarlos y olvidarse del asunto. Ella respiró hondo y se concentró para soltar su pensamiento. Exhaló y asintió con la cabeza. "Sí, los perdono", dijo. Ambos sonrieron. “Tú podrás perdonarlos," el rey McCleod dijo de pronto, desmontando y caminando hacia ellos, “¡pero yo no voy a perdonarlos por avergonzar a mis hombres de esa manera!", dijo, dejando escapar una carcajada. "Especialmente a Polly. Los dos avergonzaron a mis mejores guerreros. Claramente, tenemos mucho que aprender de ustedes así como hemos aprendido de los demás. Los vampiros contra los humanos. Nunca es justo ", dijo, sacudiendo la cabeza con otra carcajada. McCleod dio un paso adelante y se acercó a Caitlin y Caleb. De inmediato, a Caitlin le cayó muy bien. Él se apresuró a sonreír, tenía una risa profunda y reconfortante, y parecía que todos estaban a gusto a su alrededor. "Bienvenidos a nuestra isla", dijo tomando la mano de Caitlin y besándola con una reverencia. Luego, se acercó y estrechó calurosamente la mano de Caleb entre las suyas. "La Isla de Skye. No hay un lugar igual en el mundo. El hogar Desesperado de los mejores guerreros. Este castillo ha estado en mi familia por cientos de años. Se quedarán con nosotros. Aiden se va a emocionar. Así como mis hombres. ¡Oficialmente les doy la bienvenida!", dijo con voz de mando, y todos sus hombres vitorearon. Caitlin se sintió abrumada por su hospitalidad. No sabía qué decir. "Es un gran gusto", ella dijo. "Y le damos gracias por su bondad," dijo Caleb. "¿Eres un rey?" Scarlet dio un paso adelante y le preguntó. "¿Hay una princesa real aquí?" El rey miró hacia abajo y se puso a reír a carcajadas, eran más fuertes y más profundas que antes. "Bueno, ahora, yo soy el rey, sí de verdad, pero me temo que no hay una princesa aquí. Sólo estamos nosotros, puros hombres. ¡Pero quizás tú puedas corregir eso, mi belleza!", dijo con una risa y dio dos pasos hacia delante, levantó a Scarlet y la hizo girar. “¿Y cómo te llamas?" Scarlet se sonrojó, de repente se vio tímida. "Scarlet", dijo ella, mirando hacia abajo. "Y esa es Ruth," dijo mientras la señalaba. Ruth ladró como toda respuesta, y McCleod la bajó con una sonrisa y acarició la piel de Ruth. "Estoy seguro de que todos ustedes tienen mucho hambre", dijo. “¡Vamos al castillo!", gritó. “¡Es hora de celebrar!" Todos sus hombres gritaron, se dieron vuelta como un grupo, y se dirigieron a la entrada del castillo. Las filas de guardias se cuadraron. Sam pasó un brazo alrededor del hombro de Caitlin, y Caleb alrededor del hombro de  Polly mientras todos caminaban hacia la entrada del castillo. Caitlin sabía que no debía pero, a pesar de sí misma, tuvo la esperanza de que, una vez más, había encontrado un hogar permanente, un lugar en el mundo donde todos ellos podrían, por fin, vivir en paz para siempre. CAPÍTULO SEIS Era la bienvenida más cálida y más lujosa que Caitlin hubiera podido imaginar. Su llegada había iniciado una gran celebración. Se había encontrado con todos los demás miembros de la cofradía, y vio caras que no había visto en lo que le parecía una eternidad -Barbara, Caín, y muchos otros. Todos se sentaron a almorzar un banquete enorme alrededor de una mesa en el cálido castillo de piedra, con pieles debajo de sus pies, antorchas en las paredes, la chimenea encendida y perros corriendo por todos lados. La habitación era cálida y acogedora, y Caitlin se dio cuenta de que hacía frío afuera -era finales de octubre, le habían dicho a Caitlin. 1350. Caitlin no lo podía creer. Estaban a casi 700 años del siglo 21. Siempre había tratado de imaginar como podría ser la vida en este tiempo, en la época de los caballeros, de armaduras, castillos … pero nunca había imaginado algo así. A pesar del marcado cambio en el entorno y la ausencia de grandes pueblos o ciudades, la gente era todavía muy cálida, muy inteligente, muy humana. En muchos sentidos, no había tanta diferencia con la gente de su tiempo. Caitlin se sintió muy a gusto en esta época y en este lugar. Había pasado horas poniéndose al día con Sam y Polly, escuchando sus historias, su versión de lo que les había pasado en Inglaterra. Se había horrorizado al enterarse de lo que había sucedido entre Sergei y Polly, y estaba orgullosa de Sam por haberla salvado. Y durante toda la noche, no pudo dejar de notar que Sam apenas quitaba sus ojos de Polly. Como hermana mayor, sintió que había ocurrido un cambio importante en su hermano. Se veía más maduro y, por primera vez, verdadera y totalmente enamorado. Sin embargo, Polly se veía un poco evasiva. Fue difícil para Caitlin tener una idea exacta de los sentimientos de Polly hacia Sam. Tal vez porque Polly era más reservada. O tal vez porque, esta vez, a Polly realmente le importaba. Caitlin podía sentir que, en el fondo, Sam significaba el mundo para ella y que se estaba cuidando de no revelar sus sentimientos para no estropearlo todo. Caitlin se dio cuenta de que a veces, cuando Sam miraba hacia otro lado, Polly le lanzaba una mirada furtiva. Pero, luego, rápidamente desviaba la mirada para que Sam no la atrapara mirándolo. Sin lugar a dudas, su hermano y su mejor amiga estaban a punto de convertirse en una pareja. La idea la emocionó mucho. Y le divertía que ambos estaban negando lo que les estaba pasando, e incluso fingían lo contrario. En la mesa también había nuevos amigos humanos, y Caitlin conoció a mucha gente a quien sentía muy cercana. Todos eran guerreros. El rey se sentó en la cabecera, rodeado de docenas de caballeros. A lo largo de la tarde, todos cantaron canciones beber, y se rieron fuertemente mientras contaban historias de batallas y de cacerías. Caitlin se dio cuenta de que estos escoceses eran cálidos, amables, hospitalarios, les gustaba beber, y eran grandes narradores. Y sin embargo, también eran muy nobles y orgullosos, y grandes guerreros. La comida y las historias se prolongaron por horas y el almuerzo se extendió hasta entrada la tarde. Las antorchas se extinguieron y las volvieron a encender. Agregaron docenas de leños a la enorme chimenea de piedra y se reemplazaron las enormes cubas de vino. Eventualmente, todos los perros se cansaron y se durmieron sobre las alfombras. Scarlet finalmente se quedó dormida sobre el regazo de Caitlin, mientras Ruth se acurrucó junto a Scarlet. Ruth había comido gracias a Scarlet, quien la había alimentado con carne. Una docena de perros se sentaron alrededor de la mesa pidiendo las sobras, pero todos tuvieron el buen tino de mantenerse lejos de Ruth. Y Ruth tampoco parecía interesada en jugar con ellos. Algunos de los guerreros, saciados de comida y bebida, también se quedaron dormidos en sus pieles. Caitlin se encontró a la deriva, atenta a otros tiempos y lugares, y a otros asuntos. Se preguntó cuál sería su siguiente pista; si su padre estaría en este lugar y este tiempo; donde la llevaría su próximo viaje. Sus ojos comenzaron a cerrarse, cuando de repente, oyó su nombre. Era el rey, McCleod, dirigiéndose a ella por encima del estruendo. "¿Y qué piensas, Caitlin?", él preguntó de nuevo. Lentamente, todos en la mesa hicieron silencio mientras se volvían y miraban en su dirección. Caitlin se sintió avergonzada porque no había estado escuchando la conversación. El rey la miró, como esperando una respuesta. Finalmente, ella se aclaró la garganta. "¿Qué opinas del Santo Grial?", el rey preguntó de nuevo. ¿El Santo Grial? Caitlin se preguntó. ¿Eso era de lo que estaban hablando? No tenía ni idea. No había estado pensando en el Santo Grial para nada, y apenas sabía lo que era. Deseaba haber estado escuchando su conversación. Trató de recordar lo que era, y volvió a pensar en los cuentos de hadas de la infancia, en los mitos y leyendas. En las historias del Rey Arturo. Excalibur. El Santo Grial … Poco a poco, empezaba a acordarse. Si recordaba correctamente, se rumoreaba que el Santo Grial era un cáliz o copa que contenía  un líquido especial … .Sí, ahora recordaba. Algunas personas decían que el Santo Grial contenía la sangre de Cristo y, que si se bebía, te volvía inmortal. Si no recordaba mal, los caballeros habían pasado cientos de años buscándolo y habían arriesgado sus vidas buscándolo en los confines de la tierra. Y nadie lo había encontrado . "¿Crees que alguna vez lo encontrarán?" McCleod preguntó de nuevo. Caitlin se aclaró la garganta, toda la mesa la estaba mirando esperando una respuesta. "Um …" ella comenzó, "En realidad, no he pensado mucho en ello", respondió. "Pero si realmente existe … entonces no veo por qué no pueda encontrarlo." Hubo un pequeño rugido de aprobación en la mesa. "Ves," dijo McCleod a uno de sus caballeros. "Ella es optimista. Yo también creo que se va a encontrar.” "Cuentos de viejas", dijo un caballero. "¿Y qué vas a hacer cuando lo encuentres?", preguntó otro caballero. "Esa es la verdadera pregunta." "¿Pues, voy a hacerme inmortal", contestó el rey, rompiendo en una carcajada. "Para eso no es necesario el Santo Grial", dijo otro caballero. "Todo lo que necesitas es ser convertido." De repente, un silencio tenso cayó sobre la mesa. Era evidente que este caballero había hablado demasiado y había cruzado una línea mencionando algo que era un tabú. Bajó la cabeza avergonzado reconociendo su error. Caitlin vio cómo repentinamente McCleod oscurecía su expresión y, en ese momento, se dio cuenta de que desesperadamente quería ser convertido. Y que estaba profundamente resentido con la cofradía de Aiden por no permitírselo. Este caballero había planteado un punto delicado que ponía en tensión a las dos razas. "¿Y cómo es?", preguntó el rey en voz alta, dirigiendo, por alguna razón, su pregunta a Caitlin. “¿La inmortalidad?" Caitlin se preguntó por qué, de todos los vampiros en la habitación, le tuvo que preguntar a ella. ¿Cómo era? ¿Qué podía decir? Por un lado, le encantaba la inmortalidad, le encantaba vivir en todos estos tiempos y lugares, ver a su familia y amigos una y otra vez. Por otra parte, algunas partes de ella deseaba tener una vida normal, simple, que su vida tuviera un curso normal. Por encima de todo, le   sorprendía lo breve que parecía la inmortalidad: por un lado, se sentía como que se vivía para siempre pero, por otro lado, parecía que nunca había suficiente tiempo. "No se siente tan permanente como se podría imaginar." El resto de la mesa asintió en señal de aprobación a su respuesta. De repente, McCleod se levantó de su silla. Todos los demás se levantaron también. Mientras este extraño intercambio daba vueltas en la cabeza de Caitliny ella se  preguntaba si lo había molestado, de repente sintió la presencia del rey cerca de ella. Se dio vuelta, él estaba de pie a su lado. “Eres muy sabia a pesar de tu edad", dijo. "Ven conmigo. Y también tus amigos. Quiero mostrarte algo. Algo que te ha estado esperando desde hace mucho tiempo". Caitlin se sorprendió. No tenía idea de lo que podría ser. McCleod se volvió y se pavoneó por el pasillo, mientras Caitlin y Caleb, así como Sam y Polly, se levantaron y lo siguieron. Se miraron el uno al otro con asombro. Cruzaron el amplio piso de piedra siguiendo al rey a través de la enorme sala y por una puerta lateral, mientras los caballeros alrededor de la mesa se sentaron y reanudaron su comida. McCleod caminó en silencio, pavoneándose por un estrecho pasillo iluminado por antorchas mientras Caitlin, Caleb, Sam y Polly lo seguían. Los antiguos pasillos de piedra daban vueltas y giraban, y los condujeron a una escalera. McCleod tomó una antorcha de la pared y los guió por una escalera hacia la total oscuridad. Mientras caminaban, Caitlin empezó a preguntarse a dónde los estaba conduciendo. ¿Qué quería mostrarles? ¿Una antigua arma de algún tipo? Finalmente, llegaron a un nivel subterráneo bien iluminado por antorchas, y Caitlin se sorprendió ante lo que vio. El techo abovedado bajo brillaba enchapado en oro. Caitlin vio imágenes ilustradas de Cristo, los Caballeros, escenas de la Biblia, mezclados con diversos signos y símbolos extraños. El piso era de una piedra antigua y se veía muy gastado, Caitlin no pudo evitar sentir que había  entrado a la cámara del tesoro secreto. El corazón de Caitlin empezó a latir más rápidamente al sentir que algo importante se avecinaba. Se apresuró para alcanzar al Rey. “Ha sido la bóveda del tesoro del clan McCleod durante mil años. Aquí tenemos nuestro tesoro más sagrado, armas y posesiones. Pero hay una posesión que es más valiosa y más sagrada que todas las demás.” Se detuvo y se volvió hacia ella. "Es un tesoro que hemos estado guardando para ti." Se dio vuelta y, cuando tomó una antorcha de una pared lateral, de repente, en la pared se abrió una puerta oculta en la piedra. Caitlin estaba asombrada: no se había imaginado de que algo así estuviera allí. McCleod se volvió y los condujo por otro pasillo que daba vueltas y vueltas. Finalmente, llegaron a una pequeña sala. Ante ellos, había un trono sobre el que había un único objeto: un pequeño cofre enjoyado. La luz de la antorcha parpadeó sobre el cofre iluminándolo, con cautela McCleod se agachó y lo tomó. Lentamente, levantó la tapa. Caitlin no lo podía creer. Allí, en el interior del cofre, había una pieza de pergamino antiguo, desteñido, de color antiguo, arrugado y partido a la mitad. Estaba cubierto con una antigua escritura a mano, era una escritura delicada, en un idioma que Caitlin no reconoció. A lo largo de sus bordes había letras multicolores, dibujos y símbolos y, en su centro, había un dibujo semi-circular. Pero, dado que estaba partido a la mitad, Caitlin no podía entender qué era. “Es para ti", él dijo, con cautela levantándolo y dándoselo. Caitlin sostuvo el pedazo de pergamino roto, que se arrugaba en sus manos, y lo alzó a la luz de las antorchas. Era una página rasgada, tal vez de un libro. Con toda su delicada simbología, parecía una obra de arte en sí mismo. "Es la página que falta del Libro Sagrado", explicó McCleod. "Cuando encuentres el libro, la página estará completa. Y cuando lo esté, encontrarás la reliquia que todos estamos buscando.” Se volvió y la miró. "El Santo Grial." CAPÍTULO SIETE Caitlin se sentó en su enorme recámara en el Castillo de Dunvegan frente a un escritorio, mirando por la ventana el cielo del atardecer. Examinó la página rasgada que McCleod le había dado, levantándola contra la luz. Lentamente, pasó los dedos sobre las letras latinas en relieve. Se veían y se sentían antiguas. Toda la página estaba muy bella e intrincadamente diseñada, y ella se maravilló de los colores intrincados en los bordes del papel. En aquel entonces, se dio cuenta, se hacían libros que eran obras de arte en sí mismas. Caleb yacía sobre su cama, mientras Scarlet y Ruth estaban tendidas sobre una pila de pieles frente a la chimenea en el lado opuesto de la habitación. Esta habitación era tan grande que, incluso con todos ellos allí, Caitlin podía sentirse  sola con sus pensamientos. En la habitación contigua, sabía, estaban Sam y Polly. Había sido un largo día y una larga fiesta con la cofradía de Aiden y los hombres del rey, y todos estaban preparándose para pasar la noche. Caitlin no podía dejar de pensar en la página rasgada, la pista, a donde podría llevarla, y si encontraría la cuarta llave. ¿Su padre estará allí esta vez? ¿Él la estaría esperando, muy cerca? El corazón le latía muy rápidamente al pensar en él. ¿Significaba que finalmente encontraría el escudo? ¿Que todo esto habría terminado? ¿Y qué iba a hacer entonces? ¿A dónde iría? Eran demasiadas preguntas para que las pudiera pensar todas al mismo tiempo. Sentía que tenía que concentrarse en la pista frente a ella, y dar un paso a la vez. Pensó en lo que le había dicho McCleod sobre el Santo Grial. Que él y sus hombres habían dedicado sus vidas buscándolo. Esa leyenda decía que una mujer llegaría y los conduciría hasta él. McCleod creía que ella, Caitlin, era esa mujer. Razón por la cual le había dado su pista tan preciada, la antigua hoja de papel. Pero Caitlin no estaba tan segura. ¿Era el grial sólo un mito? ¿O era real? Y ¿cómo se conectaba con su búsqueda? Caitlin no sabía a dónde podría conducir todo esto pero, al reflexionar, se dio cuenta de que, una vez más, había encontrado por fin un lugar, en este castillo, con estas personas, donde experimentaba una sensación de paz y comodidad. Se sentía como en casa en Skye, en este castillo, con este rey, con sus caballeros, y por supuesto, de vuelta con la cofradía de Aiden. Estaba encantada de estar con Caleb, Scarlet, Sam y Polly. Sentía que todo en el mundo de nuevo estaba bien. Hacía frío y viento pero, con el fuego en su chimenea, se sentía acogedor allí adentro, y realmente no quería aventurarse por ahí afuera buscando más pistas. Quería quedarse allí. Podía verse a sí misma construyendo una casa en Skye con Caleb, y Scarlet, y Ruth. Si la presionaban para que siguiera adelante con su misión, ¿cómo afectaría eso su relación con Caleb? ¿O pondría en peligro a Scarlet o Ruth? Parecía que cada vez que estaba más cerca de encontrar otra llave, empezaban a suceder cosas malas. Lentamente, Caitlin dejó la frágil pieza de papel y se quedó mirando su diario que estaba sin abrir sobre el escritorio. Ahora se veía desgastado; ancho por el uso, parecía una reliquia en sí mismo. Lo tomó y lentamente pasó las páginas hasta que estuvo a punto de llegar al final. Con un sobresalto, se dio cuenta de que no le quedaban muchas páginas en blanco. No lo podía creer. La primera vez que había comenzó este diario, le había parecido como si fuera a durar para siempre. Levantó la pluma, la mojó en la tinta, y empezó a garabatear. No puedo creer estar casi al final de este diario. Leo algunas de mis entradas anteriores, como la de la ciudad de Nueva York, y siento como si hubiera ocurrido hace muchas vidas. Pero también siento como si todo hubiera ocurrido ayer. Pienso en todo lo que he pasado, y ni siquiera sé por dónde empezar. Han pasado demasiadas cosas para contarlo todo. Así que sólo escribiré las cosas más importantes. Caleb está vivo. Sobrevivió a su enfermedad. Ya estoy de vuelta con él ahora. Y vamos a casarnos. Nada podría hacerme más feliz. Scarlet, la niña de ocho años de edad más bella del mundo, está con nosotros. Ella es nuestra hija. Sobrevivió a su enfermedad también, y estoy muy contenta. Por no hablar de Ruth que se ha hecho más grande y más fuerte que Rose y es el animal más leal y protector que jamás he visto. Ella es una parte muy importante de nuestra familia, como lo son Scarlet y Caleb. Y estoy encantada de haberme reunido con Sam y Polly. Finalmente, siento que toda mi familia está junta otra vez, bajo un mismo techo. Estoy nerviosa de nuestra boda. Caleb y yo no hemos tenido la oportunidad de hablar de ello, pero creo que será pronto. Cuando era más joven, siempre traté de imaginar el día de mi boda. Pero nunca imaginé algo remotamente parecido a lo que va a ser. ¿Una boda de vampiros? ¿Cómo será? Espero que él todavía me ame tanto como yo lo amo. Tengo la sensación de que sí. Me pregunto si él también está nervioso por la boda. Miro mi anillo, el anillo que me dio, tan hermoso, cubierto de todas estas joyas brillantes. Todo esto no se siente real. Para nada. Pero, al mismo tiempo, siento que he estado conectado con él desde siempre. Quiero encontrar a mi papá. De verdad. Pero no quiero buscar más, y no quiero que las cosas cambien. Nada de eso. Quiero estar con Caleb. Y quiero que tengamos nuestra boda. ¿Es malo que ponga nuestra boda en primer lugar? Caitlin cerró su diario y bajó la pluma. Aún perdida en otro mundo, parpadeó y miró alrededor de la habitación. Se preguntó cuánto tiempo había pasado desdeque se había puesto a reflexionar; miró por la ventana y vio que ya era de noche y, cuando miró hacia la habitación, vio que Scarlet y Ruth todavía estaban profundamente dormidas. En el otro lado de la sala, bajo la luz de las antorchas, Caleb parecía dormir también. Caitlin también se sintió somnolienta. Sentía que necesitaba dormir para despejar su cabeza, para tener un poco de aire. Se levantó de la mesa en silencio y cruzó la habitación para deslizarse afuera. Agarró un chal de piel y se lo envolvió alrededor de los hombros. Sin embargo, justo cuando llegó a la puerta, oyó a alguien aclararse la garganta. Vio a Caleb mirarla con un ojo abierto, le estaba haciendo señas. Ella se dio vuelta y se acercó a él, y mientras Caleb palmeaba la cama, ella se sentó a su lado. Él sonrió mientras abría lentamente los ojos. Como siempre, a ella le impactó su belleza. Sus rasgos faciales eran tan perfectos, tan limpios y suaves: la línea de su  mandíbula y sus pómulos prominentes, sus labios llenos y suaves, su nariz angular perfecta. Él parpadeó con sus largas pestañas, luego, lentamente se acercó y pasó una mano por el pelo de Caitlin. "Casi no hemos tenido la oportunidad de hablar", dijo. "Lo sé", ella le devolvió la sonrisa. "Quiero que sepas lo mucho que te amo", dijo. Caitlin sonrió. “Yo también te amo." "Y no puedo esperar a estar casada contigo", ella añadió, sonriendo. Él se sentó y le dio un beso, y se besaron durante mucho tiempo bajo la luz de las antorchas. Caitlin sentía su corazón contento. Eso era exactamente lo que había estado esperando escuchar. Era extraño cómo él siempre podía leer sus pensamientos. "Ahora que estamos aquí, quiero casarme contigo. Antes de continuar nuestra búsqueda. Aquí. En este lugar.” Él la examinó. “¿Qué te parece?" Ella le devolvió la mirada, con el corazón acelerado por sus emociones encontradas. También, era exactamente lo que quería. Pero también tenía miedo. No estaba segura de cómo responder. Finalmente, ella se puso de pie. "¿A dónde vas?", él le preguntó. "Volveré pronto", dijo. "Sólo necesito despejar mi cabeza." Ella lo besó una última vez, luego se volvió y salió de la habitación, cerrando la puerta suavemente detrás de ella. Sabía que si se quedaba, terminaría en sus brazos, en la cama. Y primero, realmente necesitaba poner sus pensamientos en orden. No es que tuviera alguna duda sobre él. O acerca de su matrimonio. O acerca de su boda. Pero todavía se sentía en conflicto, dividida, sobre si en cambio  tenía que estar por ahí, cumpliendo su misión. ¿Era egoísta de su parte poner la boda en primer lugar? Mientras Caitlin caminaba por el vacío pasillo de piedra y sus pasos resonaban, vio una escalera que subía y por la que se filtraba la luz natural. Era el techo del castillo. Era el lugar donde podría tener la privacidad y el aire fresco que necesitaba. Caitlin se apresuró a subir las escaleras hacia el aire crepuscular. Allí, hacía más frío de lo que había imaginado,;el viento de octubre soplaba fuertemente. Envolvió con fuerza las pieles sobre sus hombros, y se sintió mejor. Mientras Caitlin caminaba lentamente por la muralla, miró hacia el campo iluminado con la poca luz que quedaba. Era de una belleza impresionante. Por un lado, el castillo se erigía junto a un vasto lago cubierto por la niebla. Por otro lado, había una gran extensión de árboles y colinas y valles. Este lugar era mágico. Caitlin se acercó al borde de la muralla, observando el paisaje -cuando, de repente, sintió otra presencia. No sabía cómo podía ser posible, ya que no había nadie en todo el techo. Poco a poco se dio vuelta, ignorando qué podía esperar. No podía creer lo que vio. Allí, de pie, en el otro extremo de la azotea, había una figura solitaria que, de espaldas a ella, miraba el lago. Un estremecimiento eléctrico recorrió su cuerpo. No necesitaba ver sus largas túnicas, su largo cabello plateado, o el bastón junto a él para saber quién era. Aiden. ¿Podría ser él? , se preguntó. ¿O era sólo una ilusión en el ocaso? Cruzó el techo, caminó lentamente hacia él, y se detuvo a unos metros de distancia. Estaba muy quieto, el viento soplaba su pelo, y no se daba vuelta. Por un momento, ella se preguntó si era real. Luego, escuchó su voz. "Has llegado lejos," él le dijo, aun dándole su espalda. Poco a poco, él se volvió y la miró. Incluso en la penumbra, sus ojos eran de un azul brillante y parecían mirar a través de ella. Como de costumbre, su rostro era inexpresivo. Intenso. Caitlin estaba encantada de verlo allí. Había tantas preguntas que se estaba muriendo por preguntarle y, como de costumbre, parecía aparecer justo en el momento en que ella necesitaba más orientación. "No sabía si te volvería a ver," dijo ella. "Tú siempre podrás verme", él respondió. "A veces en persona, y a veces de otra manera", respondió crípticamente. Un silencio se suspendió entre ellos, mientras ella trataba de ordenar sus pensamientos. "Sólo queda una llave," le dijo. "¿Eso significa que voy a ver pronto a mi padre?" Él la examinó, luego, lentamente, miró hacia otro lado. Finalmente, le dijo: "Eso depende de tus acciones, ¿no es así?" Su hábito de responder a una pregunta con otra pregunta siempre la sacaba de quicio. Tenía que intentarlo de nuevo. "La nueva pista," dijo ella. "La página. La página arrancada. No sé a dónde conduce. No sé qué buscar. O dónde.” Aiden miró hacia el horizonte. "A veces las pistas te buscan a ti", respondió. “Ahora lo sabes. A veces hay que esperar que las cosas se te revelen.” Caitlin pensó en lo que él estaba diciendo. ¿Le estaba sugiriendo que no debía hacer nada? "Entonces … ¿no hay nada que yo pueda hacer?", le preguntó. "Es mucho lo que puedes hacer", respondió Aiden. Él se volvió y la miró de frente y, poco a poco, por primera vez en todo el tiempo que Caitlin podía recordar, rompió en una sonrisa. “Tienes que planear una boda." Caitlin le devolvió la sonrisa. “Quería hacerlo. Pero tenía miedo de que fuera algo frívolo", dijo. “Creía que  debo esperar. Que en primer lugar debería buscar la llave” Aiden sacudió lentamente la cabeza. "Una boda vampiro no es algo frívolo. Se trata de un acontecimiento sagrado. Es la unión de dos almas de vampiros. Trae más poder a cada uno de ustedes, y a toda nuestra cofradía. Y sólo profundizará tu crecimiento, tus habilidades. Estoy orgulloso de ti. Has crecido mucho. Pero para evolucionar al siguiente nivel, necesitas hacer esto. Cada unión trae su propio poder. Tanto para la pareja como para el individuo.” Caitlin se sintió aliviada, entusiasmada, pero también nerviosa. "Pero yo no sé cómo planear este tipo de boda. Ni siquiera sabría cómo planificar una boda humana.” Aiden sonrió. "Tienes muchos amigos que te ayudarán. Y yo voy a presidir la ceremonia.” Él sonrió. "Después de todo, soy un sacerdote." Caitlin sonrió, le gustaba la idea. "Entonces, ¿qué hago ahora?", preguntó Caitlin, nerviosa y entusiasmada, sin saber por dónde empezar. Él sonrió. “Ve con Caleb. Y dile que sí. Deja que el amor se ocupe del resto.” CAPÍTULO OCHO Lleno de odio, Kyle caminaba por los pantanos del sur de Escocia. Con cada paso que daba, más le enfurecía que Caitlin estuviera libre, eludiéndolo una y otra vez, en un lugar tras otro. Pensaba en cómo podría capturarla y matarla, en la justa venganza. Ya había agotado casi todos los métodos que se le habían ocurrido, y ella siempre parecía deslizarse de sus manos. Sí había logrado realizar una pequeña, venganza envenenando a su familia. Sonrió para sus adentros al pensar en ello. Pero no era suficiente. Esto ya había tomado demasiado tiempo, y la última vez que se encontraron, tenía que admitirlo, ella lo había subyugado. Le había  sorprendido su fuerza, sus habilidades para el combate. En realidad, lo había vencido. Ella había excedido sus expectativas. Una parte de él lo había temido y por eso había llegado al extremo de querer envenenarla, para evitar una confrontación frente a frente. Pero eso también había fracasado. Él había envenenado a Caleb por accidente y, aunque había estado seguro de que su veneno había matado a Caleb, no había podido confirmarlo porque había tenido que huir en la noche. Este sería el último tiempo y lugar, Kyle se prometió a sí mismo, en que esto pasaría, en que la perseguiría. O la mataba, o moría en el intento. Esta vez no habría retirada, ni rendición. No más épocas ni lugares a donde regresar. Esta sería la última y definitiva batalla. Aquí, en Escocia. Y para esta última batalla, tenía una gran estrategia, la más grande de todas. El veneno de vampiro le había parecido una buena idea en ese momento pero, en retrospectiva, había sido demasiado arriesgado, había dejado demasiado margen para el azar. Su nueva idea, sin embargo, no podría fallar. Mientras elaboraba el nuevo plan, Kyle había pensado en todas las veces y lugares en que había acorralado a Caitlin, y trató de recordar la vez que había estado más cerca de matarla. Llegó a la conclusión de que había sido en Nueva York cuando había capturado a su hermano, Sam, lo había tenido bajo su control, y lo había utilizado para cambiar de forma y engañar a Caitlin. Casi había funcionado. El cambio de forma, Kyle se dio cuenta, era la clave. Con este tipo de trampas, podría engañar a Caitlin, ganar su confianza, y luego matarla para siempre. Pero el problema era que Kyle no poseía esa habilidad. Sin embargo, conocía una persona, en esta época y lugar, que la poseía. Su antiguo protegido. Rynd. Siglos antes, Kyle había entrenado a la banda de vampiros más crueles y  sádicos que habían errado sobre la faz de la tierra. Rynd había sido uno de sus mejores estudiantes. Se había vuelto demasiado vicioso incluso para Kyle, y finalmente tuvo que expulsarlo. Lo último que había sabido era que Rynd estaba viviendo en esta época y lugar, escondido en el remoto sur de Escocia. Kyle iría a encontrarlo. Después de todo, Kyle le había enseñado todo lo que sabía y Rynd le debía una. Era lo menos que podía hacer por su antiguo mentor. Todo lo que Kyle necesitaba era que él usara su viejo truco de cambiar de forma, sólo una vez. Con el barro hasta los tobillos, Kyle sonrió al pensar en ello. Sí, Rynd era exactamente lo que necesitaba para engañar a Caitlin y acabar con ella para siempre. Era un plan que no podía fallar. Kyle observó el paisaje. Hacía frío y viento, y la humedad en el aire se filtraba en sus huesos. Era el crepúsculo, su momento favorito del día, y una densa niebla estaba cubriendo el antiguo bosque. Era el tipo de día que le gustaba. Si había algo que a Kyle le gustaba más que el crepúsculo era la niebla. Kyle se sintió como si estuviera en casa. De repente, sus sentidos se pusieron en alerta máxima. Una sensación espeluznante le levantó el vello de la piel, y algo le decía que Rynd estaba cerca. Конец ознакомительного фрагмента. Текст предоставлен ООО «ЛитРес». 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