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Causa para Matar Blake Pierce Un Misterio de Avery Black #1 Una dinámica historia que atrapa desde el primer episodio y no deja ir. Midwest Book Review, Diane Donovan (sobre Una Vez Desaparecido) Del autor de misterio #1 mejor vendido Blake Pierce llega una nueva obra maestra del suspenso psicológico. La detective de Homicidios Avery Black ha pasado por el infierno. Una vez abogada defensora estrella, cayó en desgracia cuando logró dejar en libertad a un brillante profesor de Harvard, sólo para verlo volver a matar. Perdió a su esposo y a su hija, y su vida se derrumbó a su alrededor. Intentando redimirse, Avery se ha volcado al otro lado de la ley. Trabajando desde abajo, ha llegado a ser detective de Homicidios, causando repudio en sus compañeros oficiales, quienes aún recuerdan lo que hizo, y quienes la odiarán por siempre. Pero incluso ellos no pueden negar la mente brillante de Avery, y cuando un perturbador asesino serial genera terror en el corazón de Boston, asesinando a chicas de universidades de élite, es a Avery a quien recurren. Es la oportunidad de Avery para probar su valor, y finalmente alcanzar la redención que ansía. Sin embargo, como está a punto de descubrir, Avery se ha enfrentado a un asesino tan brillante y audaz como ella misma. En este juego psicológico del gato y el ratón, las mujeres mueren con misteriosas pistas, y las apuestas no podrían ser más altas. Una frenética carrera contra el tiempo lleva a Avery a través de una serie de sorprendentes e inesperados giros, culminando en un clímax que ni siquiera Avery podría haber imaginado. Un oscuro thriller psicológico con suspenso que acelera el corazón, CAUSA PARA MATAR marca el debut de una cautivadora nueva serie, y un querido nuevo personaje, que te dejará dando vuelta las páginas hasta tarde en la noche. El libro #2 de la serie de Avery Black estará disponible pronto. Una obra maestra del thriller y el misterio. Pierce hizo un magnífico trabajo desarrollando personajes con un lado psicológico, tan bien descritos que nos sentimos dentro de sus mentes, seguimos sus miedos y los alentamos en sus éxitos. La trama es muy inteligente y te mantendrá entretenido a través del libro. Lleno de giros, este libro te mantendrá despierto hasta dar vuelta la última página. Books and Movie Reviews, Roberto Mattos (sobre Una Vez Desaparecido) CAUSA PARA MATAR (MISTERIO DE AVERY BLACK – LIBRO 1) B L A K E P I E R C E Blake Pierce Blake Pierce es el autor de la exitosa serie de misterio RILEY PAGE, la cual incluye las novelas de suspenso y misterio UNA VEZ DESAPARECIDO (libro #1), UNA VEZ TOMADO (libro #2), UNA VEZ ANHELADO (#3) y UNA VEZ ATRAÍDO (#4). Blake Pierce es también el autor de las series de misterio MACKENZIE WHITE y AVERY BLACK. Ávido lector y admirador de toda la vida de los géneros de misterio y suspenso, a Blake le encanta tener noticias de sus lectores, así que no dudes en visitar www.blakepierceauthor.com (http://www.blakepierceauthor.com) para saber más y mantenerte en contacto. Copyright © 2016 por Blake Pierce. Todos los derechos reservados. Excepto lo permitido por la ley U.S. Copyright Act of 1976, ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, distribuida o transmitida en ninguna forma y por ningún medio, o almacenado en base de datos o sistemas de recuperación, sin previa autorización del autor. Este ebook está licenciado para su disfrute personal solamente. Este ebook no puede ser revendido ni entregado libremente a otras personas. Si desea compartir este libro con otras personas, por favor sírvase comprar una copia adicional para cada receptor. Si está leyendo este libro y no lo adquirió, o no fue adquirido para su solo uso, por favor devuélvalo y compre su propia copia. Gracias por respetar el trabajo duro del autor. Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, negocios, organizaciones, lugares, eventos e incidente son o bien producto de la imaginación del autor, o bien utilizados en forma ficticia. Cualquier semejanza con personal reales, vivas o muertas, es una completa coincidencia. Imagen de portada Copyright miljko, utilizada bajo licencia de iStock.com. LIBROS DE BLAKE PIERCE SERIE DE MISTERIO DE RILEY PAIGE UNA VEZ DESAPARECIDO (Libro #1) UNA VEZ TOMADO (Libro #2) UNA VEZ ANHELADO (Libro #3) UNA VEZ ATRAÍDO (Libro #4) SERIE DE MISTERIO MACKENZIE WHITE ANTES DE QUE MATE (Libro #1) ANTES DE QUE VEA (Libro #2) SERIE DE MISTERIO AVERY BLACK CAUSA PARA MATAR (Libro #1) CAUSA PARA CORRER (Libro #2) CONTENIDOS PRÓLOGO (#uf5a8fdba-637a-5feb-bd98-722c1f96a1e4) CAPÍTULO UNO (#uca3ade71-9f2a-553c-a1e0-8390b3897e83) CAPÍTULO DOS (#ud878e6d6-9655-5401-9aca-7421af9f90f8) CAPÍTULO TRES (#u6f2f11a8-a856-5fe6-a8eb-a94bcc7974a4) CAPÍTULO CUATRO (#uea3e7bd3-c8ee-54e7-bb77-95d2f85998be) CAPÍTULO CINCO (#uae92fd2e-e210-5f75-b0db-482389f232db) CAPÍTULO SEIS (#u6841bce7-884f-51c1-a19f-7338eaf1edb3) CAPÍTULO SIETE (#u229d4a59-1f00-5c23-960b-89cbb0799df3) CAPÍTULO OCHO (#u3f3b29f1-d33c-502f-a120-6e7cafb6f7a5) CAPÍTULO NUEVE (#ub91b62f3-f364-5dd5-b0b2-aa83d5c72149) CAPÍTULO DIEZ (#litres_trial_promo) CAPÍTULO ONCE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DOCE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TRECE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO CATORCE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO QUINCE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DIECISÉIS (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DIECISIETE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DIECIOCHO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DIECINUEVE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTIUNO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTIDÓS (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTITRÉS (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTICUATRO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTICINCO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTESÉIS (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTESIETE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTIOCHO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTINUEVE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA Y UNO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA Y DOS (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA Y TRES (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA Y CINCO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA Y SEIS (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA Y SIETE (#litres_trial_promo) CAPITULO TREINTA Y OCHO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO CUARENTA (#litres_trial_promo) PRÓLOGO Fue casi imposible para Cindy Jenkins irse de la fiesta de primavera de su sororidad en el Atrium. El enorme espacio del pent-house estaba repleto de luces estroboscópicas, dos barras abastecidas, y una bola de cristal casi estelar que reflejaba su brillo en una pista repleta de invitados. En el transcurrir de la noche bailó con todos y con ninguno. Los compañeros iban y venían, y Cindy sacudía su cabello caoba y mostraba una perfecta sonrisa y su mirada azul cielo a cualquier bailarín que por casualidad apareciese. Esta era su noche, una celebración no sólo por el orgullo de ser Kappa Kappa Gamma, sino también por los muchos años de esfuerzo por ser la mejor. Ella sabía que su futuro estaba asegurado. Por los últimos dos años había sido pasante en una importante empresa de contaduría en la ciudad; recientemente le habían ofrecido un puesto como contable junior. El salario inicial era suficiente para comprar un elegante nuevo guardarropas y pagar un apartamento a tan sólo unas cuadras del trabajo. ¿Sus notas? Las mejores de su clase. Sin dudas podría avanzar sin esfuerzo hasta la graduación, pero Cindy no comprendía el significado de la frase “avanzar sin esfuerzo”. Siempre daba todo lo que tenía, cada día, sin importar lo que estuviese haciendo. Trabaja duro y diviértete duro, ese era su lema; y esta noche quería divertirse. Otro vaso de la altamente alcohólica “Aguanieve azul de ensueño”, otra ovación de Kappa Kappa Gamma, y otro baile, y Cindy no podía borrar la sonrisa de su rostro. Bajo las luces estroboscópicas, se movía en cámara lenta. Su cabello se azotó hacia atrás y su nariz respingada se arrugó al ver a un chico quien ella sabía que hacía años quería un beso. ¿Por qué no?, pensó. Sólo un beso rápido; nada serio; nada que arruinara su relación actual, sólo lo suficiente para que todos en la fiesta supieran que no siempre era una santurrona Tipo A que seguía las reglas. Sus amigos la vieron y la aclamaron en señal de aprobación. Cindy se apartó del chico. El baile y el alcohol y el calor finalmente le empezaban a pasar factura. Se desvaneció levemente, aun sonriendo, y se agarró del cuello del chico para no caerse. “¿Quieres ir a mi casa?”, susurró él. “Tengo novio.” “¿Dónde está?” Es cierto, pensó Cindy. ¿Dónde está Winston? Él odiaba las fiestas de sororidad. No son más que un montón de chicas creídas emborrachándose y engañando a sus novios, solía decir. Bueno, pensó ella, creo que por fin estamos de acuerdo. Besar a un chico estando ya comprometida con otro hombre era probablemente lo más escandaloso que había hecho en su vida. Estás borracha, se recordó. Sal de aquí. “Debo irme”, dijo, arrastrando las palabras. “¿Un baile más?” “No,”, respondió, “de verdad me tengo que ir”. El chico aceptó sus términos a regañadientes. Mirando embelesado a la popular alumna de último año de Harvard, se retiró hacia la multitud y ofreció un adiós con la mano. Cindy se deslizó un mechón de cabello sudoroso por detrás de la oreja y se abrió camino para salir de la pista de baile, con la vista baja y el rostro brillando de felicidad. Su canción favorita empezó a sonar y giró y se balanceó hacia el borde de la multitud. “¡Noooo!”, se quejaron sus amigos, viéndola intentar partir. “¿Adónde vas?”, exigió uno. “A casa”, insistió ella. Su mejor amiga, Rachel, se abrió paso a los empujones a través del grupo y tomó a Cindy de las manos. Siendo una morocha bajita y robusta, no era la más atractiva ni la más inteligente de la manada, pero su naturaleza sexual y agresiva la convertía a menudo en el centro de atención. Tenía puesto un revelador vestido plateado, y cada vez que se movía, su cuerpo parecía a punto de reventar y salirse de su atuendo. “¡No-puedes-irte!”, ordenó. “Estoy muy borracha”, alegó Cindy. “No hemos ni siquiera hecho nuestra broma del Día de los Inocentes! ¡Ese el momento más importante de la fiesta! Por favor. Sólo quédate un rato más.” Cindy pensó en su novio Llevaban juntos dos años. Esa noche se suponía que tuvieran una cita nocturna en su apartamento. Gruñó para sí al recordar su tan poco característico beso en la pista de baile. ¿Cómo se supone que explique eso?, se preguntó. "De verdad", dijo, "Tengo que irme", y apelando a la naturaleza escandalosamente erótica de Rachel, echo un vistazo al chico que había besado y agregó jocosamente, "¿Y si me quedo? ¿Quién sabe lo que pueda pasar?" "Oh!", aclamaron sus amigos. "¡Está fuera de control!" Cindy besó a Rachel en la mejilla y susurró, "Que tengas una noche genial. Nos vemos mañana", y se dirigió a la puerta. Afuera, el aire fresco primaveral hizo que Cindy respirara hondo. Se limpió el sudor de la cara y subió brincando la Calle Church en su corto vestido amarillo de verano. La cuadra del centro de la ciudad estaba compuesta principalmente por edificios bajos de ladrillos y algunas casas señoriales anidadas entre los árboles. Un giro a la izquierda hacia la Calle Brattle y cruzó al otro lado y caminó hacia el suroeste. Los faroles de la calle alumbraban la mayoría de las esquinas, pero una sección de la Calle Brattle estaba envuelta en la oscuridad. En lugar de preocuparse, Cindy apuró el paso y extendió sus brazos a lo ancho, como si las sombras pudiesen de alguna manera limpiar su sistema del alcohol y el cansancio y darle energías para la cita con Winston. Un callejón angosto apareció a su izquierda. Su instinto le dijo que tuviese cuidado, después de todo era sumamente tarde, y no desconocía el lado más turbio de Boston, pero también estaba demasiado colocada como para creer que algo malo podía interponerse entre ella y su futuro. Por el rabillo del ojo, percibió movimiento, y demasiado tarde, se dio vuelta. Sintió un repentino dolor agudo en el cuello, tanto que la hizo tomar aire, y miro rápidamente hacia atrás, descubriendo algo que brillaba en la oscuridad. Una aguja. Su corazón se desplomó, y su borrachera desapareció en un instante. Al mismo tiempo, sintió que alguien se apoyaba en su espalda, un sólo brazo esbelto atrapando el suyo. El cuerpo era más pequeño que el suyo, pero fuerte. De un tirón, fue arrastrada de espaldas hacia el callejón. “Shhh.” Cualquier idea de que pudiese ser una broma desapareció en el momento que escuchó esa malévola e intensa voz. Intentó patalear y gritar. Por algún motivo, su voz no funcionaba, como si algo le hubiese ablandado los músculos del cuello. Sus piernas, también, comenzaron a sentirse como gelatina, y apenas podía mantener sus pies en el suelo. ¡Haz algo!, se imploró a sí misma, sabiendo que si no lo hacía iba a morir. El brazo estaba alrededor de su lado derecho. Cindy se liberó del agarre, y al mismo tiempo tiró su cuello hacia atrás y le dio un cabezazo a su atacante. La parte trasera de su cráneo dio contra la nariz de él, y pudo casi escuchar un crujido. El hombre maldijo silenciosamente y la soltó. ¡Corre! Suplicó Cindy. Pero su cuerpo se rehusó a obedecer. Sus piernas se rindieron debajo de su cuerpo, y cayó pesadamente al piso de concreto. Cindy se acostó sobre su espalda, con las piernas extendidas y los brazos abiertos en ángulos opuestos, incapaz de moverse. El atacante se arrodilló a su lado. Su cara estaba oculta tras una peluca descuidadamente colocada, un bigote falso, y anteojos gruesos. Los ojos detrás de los anteojos le dieron un escalofrío por todo el cuerpo: frío y duro. Sin alma. "Te amo", le dijo. Cindy intentó gritar; sólo le salió un gorgoteo. El hombre le rozó el rostro; luego, como si fuese consciente de su entorno, se puso de pie rápidamente. Cindy sintió que la agarraban de las manos y la arrastraban por el callejón. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Alguien, suplicó mentalmente, ayúdeme. ¡Ayuda! Recordó a sus compañeros de clase, sus amigos, sus risas en la fiesta. ¡Ayuda! Al final del camino, el pequeño hombre la levantó y la abrazó fuertemente. Su cabeza se apoyó en el hombro de él. Le acarició el cabello cariñosamente. Le tomó una de las manos y le dio una vuelta como si fuesen amantes. "Está bien", dijo en voz alta, como si alguien más lo estuviese escuchando, "yo abriré la puerta." Cindy distinguió gente a lo lejos. Pensar era difícil. Nada se movía; un esfuerzo por hablar no tuvo éxito. Se abrió la puerta del asiento del acompañante de una camioneta azul. La dejó caer adentro y cerró la puerta cuidadosamente para que su cabeza descansara en la ventanilla. Él entró del lado del conductor, y le colocó un saco suave, con forma de almohada, sobre la cabeza. "Duerme, mi amor", dijo, y encendió el motor. "Duerme." La camioneta se alejó, y mientras la mente de Cindy se desvanecía hacia la oscuridad, su pensamiento final fue sobre su futuro, su brillante, increíble futuro que de repente y horriblemente le había sido robado. CAPÍTULO UNO Avery Black se paró al fondo de la abarrotada sala de conferencias, recostándose contra una pared, sumida en sus pensamientos mientras asimilaba los procedimientos a su alrededor. Más de treinta oficiales atestaban la pequeña sala de conferencias del Departamento de Policía de Boston en la Calle Nueva Sudbury. Dos paredes estaban pintadas de amarillo; dos eran de vidrio y daban al segundo piso del departamento. El Capitán Mike O'Malley, en sus cincuenta, pequeño, pero poderosamente fornido, nativo de Boston con ojos y cabello oscuro, se movía de un lado al otro detrás del podio. A Avery le parecía estar perpetuamente inquieto, incómodo en su propio cuerpo. "Finalmente pero no de menos importancia," dijo con su grueso acento, "me gustaría darle la bienvenida a Avery Black a la Brigada de Homicidios." Algunos aplausos desinteresados llenaron la sala, la cual sin ser por eso se mantuvo en un vergonzoso silencio. "Vamos, vamos", soltó el capitán, "esa no es la forma de tratar a un nuevo detective. Black tuvo más arrestos que cualquiera de ustedes el año pasado, y atrapó casi sin ayuda sola a los Asesinos del Lado Oeste. Denle un poco de respeto," dijo y asintió hacia el fondo con una sonrisa evasiva. Con la cabeza baja, Avery sabía que su cabello rubio oxigenado escondía sus facciones. Vestida más como abogada que como policía, en su elegante traje negro y camisa abotonada, su atuendo, un recuerdo de sus días de abogada defensora, era otra de las razones por las cuales la mayoría dentro del departamento de policía elegía o bien evitarla, o maldecir su nombre a sus espaldas. "¡Avery!" El capitán levantó los brazos. "Estoy intentando felicitarte. ¡Despierta!" Miró a su alrededor, nerviosa, al mar de rostros hostiles que le devolvían la mirada. Comenzaba a cuestionarse si venir a Homicidios había sido una buena idea después de todo. "Muy bien, comencemos el día", añadió el capitán hacia el resto de la sala. "Avery, tú, a mi oficina. Ahora." Se volteó hacia otro policía. "Y quiero verte a ti también, Hennessey, acércate. Y Charlie, ¿por qué te vas tan rápido?" Avery esperó que la multitud de oficiales de policía se dispersase, luego mientras se acercaba hacia su oficina, un policía se paró frente a ella, uno a quien había visto en el departamento, pero nunca había saludado formalmente. Ramírez era apenas más alto que ella, esbelto y sofisticado en apariencia, de una bronceada piel latina. Tenía cabello corto y negro, rostro afeitado, y aunque usaba un bonito traje gris, había cierta soltura en su postura y apariencia. Un trago de café mientras continuaba mirando sin emoción. "¿En qué puedo ayudarte?" “Es al revés,” dijo él. “Yo soy quien va a ayudarte.” Él ofreció una mano; ella no la tomó. "Sólo quería hacer un intento con la infame Avery Black. Muchos rumores. Quería averiguar cuáles eran fundados. Hasta ahora tengo: distraída, actúa como que es demasiado buena para la policía. Correcto y correcto. Dos de dos. Nada más para un lunes." El abuso dentro de la fuerza policial no era nada nuevo para Avery. Había comenzado hacía tres años cuando entró como policía novata, y no había parado hasta entonces. Pocos en el departamento eran considerados amigos, e incluso menos colegas de confianza. Avery le pasó de largo. "Buena suerte con el jefe," gritó Ramírez sarcásticamente, "Me contaron que es un imbécil." La respuesta fue un saludo flojo con el revés de la mano. A través de los años, Avery había aprendido que era mejor ofrecerles reconocimiento a sus compañeros hostiles que evitarlos por completo, sólo para que supieran que allí estaba ella, y que no iría a ninguna parte. El segundo piso del departamento de policía A1 en el centro de Boston era un expansivo y agitado motor de actividad. Los cubículos llenaban el extenso espacio de trabajo, y oficinas de vidrio más pequeñas rodeaban las ventanas laterales. Los policías miraban intensamente a Avery al pasar. "Asesina", murmuró alguien. "Homicidios te queda como anillo al dedo," dijo otro. Avery pasó por delante de una mujer policía irlandesa a quien había rescatado de las garras de la guarida de una pandilla; le echó un vistazo rápido a Avery y susurró, "Buena suerte, Avery. Te lo mereces." Avery sonrió. "Gracias." Su primera palabra amable del día le dio un impulso de confianza que se llevó con ella hasta la oficina del capitán. Para su sorpresa, Ramírez se encontraba a unos escasos metros de la separación de vidrio. Alzó su café y sonrió. "Adelante", dijo el capitán. "Y cierra la puerta detrás de ti." Avery tomó asiento. O'Malley era incluso más impresionante de cerca. La tintura de su cabello era notoria, como también lo eran las muchas arrugas que rodeaban sus ojos y su boca. Se frotó las sienes y se recostó en la silla. "¿Te gusta aquí?", preguntó. "¿A qué se refiere?" "Me refiero a este lugar, el A1. El corazón de Boston. Estás en el centro de todo, aquí. Perro de ciudad. Eres una chica de pueblo, ¿verdad? ¿Oklahoma?" "Ohio." "Cierto, cierto", murmuró. "¿Qué es lo que tanto te gusta del A1? Hay muchos otros departamentos en Boston. Podrían haber empezado en el Lado Sur, B2, quizá D14 y tomarle el gusto a los suburbios. Muchas pandillas por ahí. Sólo te presentaste aquí." "Me gustan las ciudades grandes." "Tenemos gente muy retorcida aquí. ¿Segura que quieres seguir ese camino otra vez? Esto es homicidios. Es un poco diferente a las rondas." "Vi al líder de los Asesinos del Lado Oeste desollar a alguien vivo mientras el resto de su pandilla cantaba canciones y miraba. ¿De qué clase de 'gente retorcida' hablamos?" O'Malley seguía cada uno de sus movimientos. "Por lo que tengo entendido", dijo, "ese psicópata de Harvard te tendió una trampa. Te hizo quedar como una tonta. Destruyó tu vida. De abogada estrella a abogada en desgracia, después nada. Y luego cambiaste a policía novata. Eso seguro dolió." Avery se retorció en su silla. ¿Por qué tenía que recordar todo esto? ¿Por qué ahora? Hoy era un día para celebrar su ascenso a Homicidios, y no quería arruinarlo. Y ciertamente no quería vivir en el pasado. Lo hecho, hecho estaba. Sólo quedaba mirar hacia adelante. "Le diste un vuelco, de todas formas", asintió en señal de respeto, "te hiciste una nueva vida aquí. En el lado correcto esta vez. Hay que respetar eso. Pero", dijo echándole una mirada, "quiero estar seguro de que estás lista. ¿Estás lista?" Le devolvió la mirada, preguntándose adónde quería llegar con esto. "Si no estuviese lista", dijo, "no estaría aquí". Asintió, aparentemente satisfecho. "Acabamos de recibir un llamado", dijo. "Una chica muerta. Una puesta en escena. No se ve bien. Los muchachos en la escena del crimen no saben que pensar." El corazón Avery latió más deprisa. "Estoy lista", dijo. "¿Lo estás?", preguntó él. "Eres buena, pero si esto resulta ser algo grande, quiero estar seguro que no te vas a quebrar." "Yo no me quiebro", dijo ella. "Eso quería escuchar", dijo él, y empujó unos papeles en su escritorio. "Dylan Connelly supervisa a Homicidios. Está ahí ahora, trabajando con los forenses. Tienes un compañero también. Intenta no hacer que lo maten." "Eso no fue mi culpa", se quejó Avery, y se enfureció por dentro al pensar en la reciente investigación de Asuntos Internos, todo porque su antiguo compañero, un prejuicioso impulsivo, se precipitó e intentó infiltrarse en una pandilla por su cuenta y llevarse el crédito por el trabajo de ella. El jefe apuntó hacia afuera. "Tu compañero espera. Te hice detective principal. No me decepciones." Al darse vuelta vio a Ramírez esperando. Gruñó. “Ramírez? ¿Por qué él?" "¿Sinceramente?" El capitán se encogió de hombros. "Fue el único dispuesto a trabajar contigo. Todo el resto aquí parece odiarte." Sintió que su estómago se tensaba. "Camina con suavidad, joven detective", agregó mientras se ponía de pie, en señal de que la reunión había concluido. "Necesitas todos los amigos que puedas conseguir." CAPÍTULO DOS "¿Cómo estuvo?" preguntó Ramírez, mientras Avery salía de la oficina. Ella agachó la cabeza y siguió caminando. Avery odiaba la charla casual, y no confiaba en que ninguno de sus colegas policías le hablase sin intercambiar insultos. "¿Adónde vamos?", contestó ella. "Sólo negocios." Ramírez sonrió. "Es bueno saberlo. Muy bien, Black; tenemos una chica muerta y colocada en un banco en el Parque Lederman, cerca del río. Es un área de mucho tránsito. No es el lugar ideal para dejar un cuerpo." Los oficiales chocaron palmas con Ramírez. "¡Ve por ella, campeón!" "Enséñale el trabajo, Ramírez." Avery sacudió la cabeza. "Bien", dijo. Ramírez alzó sus manos. "No soy yo." "Sí que eres tú", dijo con desprecio. "Nunca pensé que una estación de policía sería peor que una firma de abogados. El club secreto de los chicos, ¿verdad? ¿No se permiten chicas?" "Tranquila, Black." Se dirigió al elevador. Algunos oficiales festejaron el haber logrado enfadarla. Normalmente, Avery era capaz de ignorarlo, pero algo sobre este nuevo caso ya había sacudido su duro exterior. Las palabras usadas por el capitán no eran las típicas en un simple homicidio: No saben que pensar. Puesta en escena. Y el aire arrogante y distante de su nuevo compañero no era exactamente reconfortante: parece pan comido. Nada nunca era pan comido. La puerta del elevador estaba a punto de cerrarse cuando Ramírez atravesó su mano. "Lo siento, ¿de acuerdo?" Parecía sincero. Las palmas hacia arriba, una mirada arrepentida en sus ojos oscuros. Un botón fue presionado y se movieron hacia abajo. Avery le echó un vistazo. "El capitán dijo que fuiste el único que quiso trabajar conmigo. ¿Por qué?"? "Eres Avery Black", contestó, como si la respuesta fuese obvia. "¿Cómo no me va a dar curiosidad? Nadie te conoce de verdad, pero todos parecen tener una opinión: idiota, genio, fracasada, en ascenso, asesina, salvadora. Quiero separar la realidad de la ficción." "¿Y por qué te importaría a ti?" Ramírez esbozó una enigmática sonrisa. Pero no dijo nada. * * * Avery siguió a Ramírez mientras éste caminaba tranquilamente a través del estacionamiento. No usaba corbata y sus dos botones de arriba estaban abiertos. "Estoy por aquí", señaló. Pasaron por delante de unos oficiales uniformados que parecían conocerlo; uno lo saludó con la mano y le dio una mirada de extrañeza que parecía preguntar: ¿Qué estás haciendo tú con ella? La llevó hacia un viejo Cadillac carmesí, polvoriento, con asientos rasgados color marrón claro en el interior. "Lindo auto", bromeó Avery. "Este bebé me ha salvado muchas veces", relató con orgullo mientras le daba cariñosas palmadas al capó. "No tengo más que vestirme de proxeneta o de español hambriento y nadie me presta atención." Salieron del estacionamiento. El Parque Lederman estaba a tan sólo unos pocos kilómetros de la estación de policía. Condujeron hacia el oeste por la Calle Cambridge y giraron a la derecha en Blossom. "Entonces", dijo Ramírez, "Oí que antes eras abogada." "¿Sí?" Unos ojos azules vigilantes le echaron una mirada de reojo. "¿Qué otra cosa oíste?" "Abogada defensora criminal", agregó, "lo mejor de lo mejor. Trabajaste en Goldfinch & Seymour. Nada mal. ¿Por qué renunciaste?" "¿No lo sabes?" "Sé que defendiste a un montón de canallas. Récord perfecto, ¿cierto? Hasta metiste a algunos policías sucios tras las rejas. Seguro estabas viviendo la gran vida. Gran salario, una cadena sin fin de éxitos. ¿Qué clase de persona deja todo eso atrás para unirse a la policía?" Avery recordó la casa donde había crecido, en una pequeña granja rodeada de kilómetros de terreno llano. Jamás se ajustó a esa soledad. Ni a los animales o el olor del lugar: heces y pelo y plumas. Desde el principio quería irse de allí. Lo había hecho: Boston. Primero la universidad y luego la escuela de leyes y su carrera. Y ahora esto. Un suspiró escapó de sus labios. "Creo que a veces las cosas no funcionan como las planeamos." "¿Qué se supone que signifique eso?" En su mente, volvió a ver esa sonrisa, esa vieja y siniestra sonrisa de aquel anciano arrugado con anteojos gruesos. Parecía tan sincero al comienzo, tan humilde, inteligente y honesto. Todos lo habían parecido, se dio cuenta. Hasta que sus juicios terminaban y volvían a sus vidas cotidianas y ella se veía forzada a admitir que no era ninguna salvadora de los desamparados, ni defensora de la gente, sino un peón, un simple peón en un juego demasiado complejo y arraigado para cambiarlo. "La vida es dura", reflexionó. "Crees que sabes algo un día y luego al día siguiente, se levanta el velo y todo cambia." Él asintió. "Howard Randall", dijo, claramente dándose cuenta de algo. El nombre la hizo más consciente de todo: el aire fresco en el auto, su posición en el asiento, su ubicación en la ciudad. Nadie había dicho su nombre en voz alta en mucho tiempo, especialmente a ella. Se sintió expuesta y vulnerable, y en respuesta tensó todo su cuerpo y se sentó más erguida. "Perdón", dijo él, "no fue mi intención..." "Está bien", dijo ella. Sólo que no estaba bien. Todo había terminado luego de él. Su vida. Su trabajo. Su cordura. Ser abogada defensora había sido un desafío, por decir algo, pero él era el que supuestamente iba a arreglar todo. Un genial profesor de Harvard, respetado por todos, sencillo y amable, había sido acusado se asesinato. La salvación de Avery iba a llegar en la forma de su defensa. Por una vez, se suponía que hiciera lo que había soñado desde niña: defender a los inocentes y asegurar que la justicia prevaleciera. Pero nada sucedió de esa forma. CAPÍTULO TRES El parque ya había cerrado el público. Dos oficiales vestidos de civiles le bajaron la bandera al auto de Ramírez y rápidamente le hicieron señas para que se alejase del estacionamiento y girase a la izquierda. Entre los oficiales que eran evidentemente de su departamento, Avery detectó una cantidad de policías estatales. "¿Por qué está la policía estatal aquí?", preguntó. "Su sede central está al final de la calle." Ramírez cruzó y estacionó junto a una fila de patrullas de policía. Un área amplia del lugar había sido separada con cinta amarilla. Camionetas de las noticias, reporteros, cámaras, y un montón de otros corredores y otras personas asiduas al parque estaban de pie junto a la cinta intentando ver lo que sucedía. "Nadie cruza de esta línea", dijo un oficial. Avery mostró una placa. "Homicidios", dijo. Era la primera vez que hacía uso de su nuevo puesto, y la llenó de orgullo. "¿Dónde está Connelly?" preguntó Ramírez. Un oficial señaló hacia los árboles. Se abrieron camino por el césped, un diamante de béisbol a su izquierda. Se encontraron con más cinta amarilla antes de una fila de árboles. Debajo del denso follaje había un camino que iba a lo largo del Río Charles. Un sólo oficial, acompañado de un especialista forense y un fotógrafo, se encontraba de pie tras un banco. Avery evitó el contacto inicial con los que ya se encontraban en la escena. En el transcurso de los años, había descubierto que la interacción social le quitaba enfoque, y demasiadas preguntas y formalidades con los demás contaminaban su punto de vista. Tristemente, esta era otra de las características que le habían ganado el desprecio de todo su departamento. La víctima era una chica joven colocada de lado en el banco. Estaba evidentemente muerta, pero exceptuando su tono de piel azulado, su posición y expresión facial podrían haber hecho que el transeúnte promedio se lo pensara dos veces antes de preguntarse si pasaba algo malo. Como una novia esperando a su amado, las manos de la muchacha estaban colocadas en el respaldo del banco. Su mentón descansaba sobre sus manos. Una sonrisa traviesa rizaba sus labios. Su cuerpo estaba volteado, como su hubiese estado sentada en una posición y se hubiese movido para buscar a alguien o dejar salir un gran suspiro. Estaba ataviada con un vestido de verano amarillo y sandalias blancas, su precioso cabello caoba caía sobre su hombro izquierdo. Sus piernas estaban cruzadas y sus dedos descansaban suavemente sobre el camino. Sólo los ojos de la víctima delataban su tormento. Emanaban dolor e incredulidad. Avery escuchó una voz en su mente, la voz del anciano que acechaba sus sueños y ensoñaciones diurnas. Con respecto a sus propias víctimas, una vez le había preguntado: ¿Dónde están? Tan sólo receptáculos, receptáculos sin nombre, sin rostro, tan pocos de miles de millones, esperando encontrar su propósito. La ira creció en su interior, ira nacida de ser expuesta y humillada y sobre todas las cosas, de haber visto su vida entera ser destruida. Se acercó al cuerpo. Como abogada, había sido forzada a examinar interminables informes forenses y fotos de pesquisas y cualquier cosa relacionada con su caso. Su educación había mejorado ampliamente como policía, cuando analizaba habitualmente a las víctimas de asesinato en persona, y podía hacer evaluaciones más honestas. El vestido, notó, había sido lavado, y el cabello de la víctima también estaba limpio. Las uñas de las manos y de los pies estaban recientemente pintadas, y cuando olió profundamente la piel, sintió olor a coco y miel y apenas un dejo de formaldehído. "¿Le vas a dar un beso o qué?", dijo alguien. Avery estaba inclinada sobre el cuerpo de la víctima, con las manos detrás de la espalda. En el banco se hallaba un cartel amarillo con la leyenda "4." A su lado, en la espalda baja de la muchacha, había un cabello tieso color naranja, apenas perceptible entre el amarillo de su vestido. El supervisor de Homicidios Dylan Connelly se encontraba de pie con los brazos en jarra, esperando una respuesta. Era tosco y fornido, con cabello rubio y ondulado y penetrantes ojos azules. Su pecho y sus brazos parecían a punto de salirse de su camisa azul. Sus pantalones eran de lino marrón, y gruesas botas negras adornaban sus pies. Avery había notado su presencia en la oficina a menudo; no era exactamente su tipo, pero tenía una ferocidad animal que le causaba admiración. "Esto es una escena del crimen, Black. La próxima, mira por donde caminas. Tienes suerte que ya tomamos huellas dactilares y de zapatos." Ella bajó la cabeza, perpleja; había tenido cuidado por donde había caminado. Levantó la vista hacia la mirada férrea de Connelly, y se dio cuenta que él sólo buscaba una razón para humillarla. "No sabía que era una escena del crimen", dijo. "Gracias por ponerme al día." Ramírez soltó una risita. Connelly apretó los dientes y dio un paso al frente. "¿Sabes por qué la gente no te soporta, Black? No es sólo que seas una persona de afuera, es que cuando estabas afuera, no tenías ningún respeto por los policías, y ahora que estás adentro, tienes aún menos respeto. Déjame que sea perfectamente claro: No me gustas, no confío en ti, y te aseguro que no te quería en mi equipo." Se volvió hacia Ramírez. "Ponla al día con lo que sabemos. Voy a casa a darme una ducha. Tengo náuseas", dijo. Se quitó los guantes y los arrojó al piso. Dirigiéndose a Avery, añadió: "Espero un informe completo al final del día. Cinco en punto. Sala de conferencias. ¿Me escucharon? No llegues tarde. Y asegúrate de limpiar este desastre también, antes de irte. La policía estatal nos hizo la cortesía de hacerse a un lado y dejarnos trabajar. Tú ten la cortesía de mostrarles algo de amabilidad." Connelly se alejó en medio de una rabieta. "Tienes el don de la gente", se admiró Ramírez. Avery se encogió de hombros. La especialista forense en la escena era una moldeada joven afroamericana llamada Randy Johnson. Tenía ojos grandes y modos sencillos. Cabello con rastas, corto, apenas parcialmente escondido detrás del gorro blanco. Avery ya había trabajado con ella antes. Habían formado un vínculo rápidamente durante un caso de violencia doméstica. La última vez que se había visto habían tomado unos tragos. Felices de estar con Avery en un nuevo caso, Randy ofreció su mano, se dio cuenta de que tenía el guante puesto, se sonrojó, largó una carcajada, y dijo, "Oops", seguido por un excéntrico ¡ah! y el anuncio: "Puede que esté contaminada." "También me alegro de verte, Randy". "Felicitaciones por lo de Homicidios." Randy hizo una reverencia. "Avanzando en el mundo." "Un demente a la vez. ¿Qué tenemos?" "Yo diría que alguien estaba enamorado", contestó Randy. "La limpiaron bastante bien. La abrieron por la espalda. Drenaron el cuerpo, la rellenaron para que no se pudriese, y la volvieron a coser. Ropa limpia. Manicura. Muy cuidadoso. No hay huellas por ahora. No tengo mucho para seguir hasta que vaya al laboratorio. Sólo pude encontrar dos heridas. ¿Ves la boca? Puedes ponerle alfileres desde adentro, o usar gel para lograr que un cadáver sonría de esa forma. Por la marca de pinchazo aquí", señaló a la esquina del labio, "creo que fue una inyección. Hay otra aquí," dijo señalando el cuello. "Por el color, esta fue antes, quizás al momento del rapto. El cuerpo lleva muerto unas cuarenta y ocho horas. Encontré un par de cabellos interesantes." "¿Cuánto tiempo lleva aquí?" "Unos motociclistas la encontraron a las seis", dijo Ramírez. "El parque es patrullado todas las noches alrededor de la medianoche y las tres de la mañana. No vieron nada." Avery no podía quitarles la vista a los ojos de la muchacha muerta. Parecían estar mirando algo a la distancia, pero cerca de la orilla, en su lado del río. Maniobró cuidadosamente hacia atrás del banco e intentó seguir la línea de la vista. Río abajo había un montón de edificios bajos de ladrillos; uno de ellos era bajo; un domo blanco descansaba sobre el techo. "¿Qué edificio es ese?", preguntó. "¿El grande con el domo?" Ramírez entrecerró los ojos. "¿El Cine Omni tal vez?" "¿Podemos averiguar qué película están pasando?" "¿Por qué?" "No sé, es sólo una corazonada." Avery se puso de pie. "¿Sabemos quién es ella?" "Sí", respondió Ramírez revisando sus notas. "Creemos que su nombre es Cindy Jenkins. Alumna de último año de Harvard. Hermana de la sororidad. Kappa Kappa Gamma. Desapareció hace dos noches. La policía del campus y los policías de Cambridge publicaron su foto anoche. Connelly puso gente a revisar fotos. La de ella coincidió. Todavía necesitamos confirmación. Llamaré a la familia". "¿Cómo vamos con la vigilancia?" "Jones y Thompson están en eso ahora. Los conoces, ¿verdad? Fantásticos detectives. Lo tenemos asignados por el día. Después de eso, nos quedamos solos a menos que podamos probar que necesitamos recursos adicionales. No hay cámaras en la entrada al parque, pero hay algunas en la autopista y cruzando la calle. Deberíamos saber algo para esta tarde." "¿Algún testigo?" "Hasta ahora ninguno. Los motociclistas están limpios. Puedo intentar pescar algo." Avery inspeccionó los alrededores. La cinta amarilla rodeaba una gran franja del parque. No había nada fuera de lo común cerca del río ni en el camino para bicicletas ni en el césped. Trató de formarse una imagen mental de los hechos. Habría conducido por la calle principal, aparcado su auto cerca del agua para tener fácil acceso al banco. ¿Cómo puso el cuerpo en el banco sin levantar sospechas? Se preguntó. Podría haber habido gente mirando. Tuvo que haberse preparado para eso. ¿Tal vez hizo que pareciera que estaba viva? Avery se volvió hacia el cuerpo. Era una posibilidad definitiva. La chica era hermosa, incluso en la muerte, casi etérea. Obviamente él había pasado mucho tiempo planeando para asegurarse que se viera perfecta. No era un asesinato de pandillas, notó. Ni un amante despechado. Esto era diferente. Avery lo había visto antes. De repente, se preguntó si O'Malley tendría razón. Tal vez no estaba lista. "¿Puedo usar tu auto?", preguntó. Ramírez levantó una ceja. "¿Y qué hay de la escena del crimen?" Se encogió de hombros demostrando seguridad. "Eres un muchacho grande. Resuélvelo." "¿Adónde vas tú?" "A Harvard." CAPÍTULO CUATRO Se sentó en un cubículo de oficina, superior, victorioso, más poderoso que nadie en el planeta. Una pantalla de computadora se abrió frente a él. Con un respiro profundo, cerró sus ojos, y recordó. Recordó el sótano cavernoso de su hogar, más parecido a un vivero. Muchas variedades de amapolas cubrían la habitación principal: rojas, amarillas, y blancas. Muchas otras plantas psicodélicas, cada una acumulada durante incontables años, habían sido colocadas en largas canaletas; algunas eran malezas que parecían de otro planeta o flores intrigantes; muchas tenían apariencias más comunes que podrían haber sido ignoradas en cualquier entorno silvestre, a pesar de sus potentes habilidades. Un sistema de riego temporizado, control de temperatura, y luces LED las mantenía prósperas. Un pasillo largo hecho de barras de madera llevaba a otras habitaciones. En las paredes había fotografías. La mayor parte de las fotografías eran animales en distintas etapas de la muerte, y luego el "renacimiento" mientras eran rellenados y puestos en posición: un gato atigrado apoyado sobre las patas traseras jugando con un ovillo de lana; un perro manchado, blanco y negro, girado sobre su espalda esperando caricias en la barriga. Luego había puertas. Se imaginó que la puerta de la izquierda se abría. Ahí, la vio de nuevo, su cuerpo desnudo dispuesto sobre una mesa plateada. El espacio estaba iluminado por intensas luces fluorescentes. En una caja de vidrio se encontraban muchos líquidos de colores en frascos transparentes. Sentía su piel cuando frotaba sus dedos por la cara externa de sus muslos. Mentalmente, recreó cada delicado procedimiento: su cuerpo drenado, preservado, limpiado, y rellenado. A lo largo del renacimiento, le tomó fotografías, las cuales luego cubrirían más paredes reservadas para sus trofeos humanos. Algunas de las fotos ya habían sido colocadas. Una enorme energía irreal fluyó a través de su ser. Por años había evitado a los seres humanos. Eran atemorizantes, más violentos e incontrolables que los animales. Él amaba a los animales. Había descubierto que los humanos, sin embargo, eran sacrificios más potentes para el Todo Espíritu. Luego de la muerte de la muchacha, había visto el cielo abrirse, y la sombría imagen del Gran Creador lo había mirado y le había dicho: Más. Su ensueño se rompió con una repentina voz. "¿Soñando despierto otra vez?" Un funcionario quejoso se paró junto a él con el ceño fruncido. Tenía la cara y el cuerpo de un jugador de fútbol americano retirado. Un elegante traje azul no lograba disminuir su ferocidad. Sumisamente, agachó la cabeza. Sus hombros levemente encorvados, y se convirtió en un olvidable, diminuto empleado. "Lo siento, Sr. Peet." ""Estoy cansado de disculpas. Consígueme esas cifras." Por dentro, el asesino sonreía como un gigante risueño. En el trabajo, el juego era casi tan emocionante como su vida privada. Nadie sabía cuan especial era él, ni cuan dedicado y esencial para el delicado balance del universo. Ninguno de ellos recibiría un lugar honorífico en el reino del Supramundo. Sus mundanas y terrenales tareas cotidianas: vestirse, tener reuniones, mover dinero de un lugar al otro; eran insignificantes; sólo tenía significado para él porque lo conectaba con el mundo exterior y le permitía hacer el trabajo del Señor. Su jefe gruñó y se alejó. Con los ojos aún cerrados, el asesino se imaginó a su Señor Supremo: la sombría y oscura figura que susurraba en sus sueños y dirigía sus pensamientos. Una canción de culto se formó en sus labios, y la cantó en un susurro: "Oh Señor, oh Señor, nuestro trabajo es puro. Pide y te daré: Más." Más. CAPÍTULO CINCO Avery tenía un nombre: Cindy Jenkins. Conocía la sororidad: Kappa Kappa Gamma. Y estaba enterada de la Universidad de Harvard. La escuela de la Ivy League la había rechazado como estudiante, pero había encontrado una forma de empaparse de la vida de Harvard a través de su propia carrera universitaria, saliendo con dos chicos de la escuela. A diferencia de otras universidades, las sororidades y fraternidades de Harvard no estaban oficialmente reconocidas. Ninguna casa griega existía dentro o fuera del campus. Las fiestas, sin embargo, sucedían con regularidad en varias casas o complejos de apartamentos fuera del campus, bajo el nombre de "organizaciones" o "clubes" especializados. Avery había atestiguado de primera mano la paradoja de la vida universitaria durante su propia estadía. Todos fingían estar enfocados exclusivamente en sus notas hasta que caía el sol y se transformaban en un montón de animales salvajes fiesteros. En una luz roja, Avery hizo una rápida busca en internet y descubrió que Kappa Kappa Gamma tenía alquiladas dos áreas de la misma manzana en Cambridge: Calle Church. Una de las ubicaciones era para eventos, la otra para reuniones y socialización. Condujo hasta el Puente Longfellow, pasando el MIT, y giró a la derecha hacia la Avenida Massachusetts. El Harvard Yard apareció a su derecha con sus magníficos edificios de ladrillo rojo acomodados entre un bosque de árboles y caminos pavimentados. Un lugar para estacionar quedó libre en la Calle Church. Avery estacionó, cerró el auto con llave, y alzó su rostro hacia el sol. Era un día cálido, con temperaturas rondando los veinte grados. Se fijó la hora: diez y media. El edificio Kappa era una larga estructura de dos pisos con fachada de ladrillos. El primer piso albergaba una cantidad de tiendas de ropa. El segundo piso, supuso Avery, estaba reservado para oficinas y operaciones de la sororidad. La única denominación junto al timbre del segundo piso era el símbolo con la flor de Lis azul de Harvard; lo presionó. Una voz femenina rasgada salió del intercomunicador. "¿Sí?" "Policía", gruñó, "abra." Silencio por un momento. "En serio", contestó la voz, "¿quién es?" "Es la policía", dijo con toda seriedad. "Todo está bien. Nadie está en problemas. Sólo necesito hablar con alguien de Kappa Kappa Gamma." La puerta se abrió con un zumbido. Al final de las escaleras, Avery fue recibida por una chica demacrada y somnolienta, vestida con una camiseta gris muy holgada y pantalones de ejercicio blancos. Tenía cabello oscuro y aparentaba haber estado de fiesta. Mechones de cabello ocultaban la mayor parte de su rostro. Tenía ojeras bajo los ojos, y el cuerpo del que normalmente se enorgullecía tanto de acentuar, parecía grueso y sin forma. "¿Qué quiere?", preguntó. "Cálmate", sugirió Avery. "Esto no tiene nada que ver con las actividades de la sororidad. Sólo estoy aquí para hacerte un par de preguntas." "¿Puedo ver una identificación?" Avery mostró su placa. Observó a Avery, inspeccionó la placa, y dio un paso atrás. El espacio de Kappa Kappa Gamma era amplio y brillante. El techo era alto. Un gran número de cómodos sillones marrón claro y pufs azules poblaban la zona. Las paredes habían sido pintadas de azul oscuro. Había una barra, un sistema de sonido, y un enorme televisor de pantalla plana. Las ventanas iban casi desde el piso hasta el techo. Al otro lado de la calle, Avery pudo ver el techo de otro complejo bajo de apartamentos, y luego el cielo. Algunas nubes pasaban. Supuso que su experiencia universitaria era muy diferente a aquella de la mayoría de las chicas de Kappa Kappa Gamma. Para empezar, había pagado la escuela ella misma. Todos los días después de clases iba a una firma local de abogados y trabajó hasta pasar de secretaria a asistente jurídica distinguida. Además, rara vez bebía en la escuela. Su padre había sido un feroz alcohólico. La mayor parte de las noches en la universidad, o bien era la conductora designada, o estaba en su cuarto estudiando. Una ráfaga de esperanza iluminó el rostro de la chica. "¿Esto es sobre Cindy?", preguntó. "¿Cindy es tu amiga?" "Sí, mi mejor amiga", dijo. "Por favor, dígame que ella está bien." "¿Cómo te llamas?" "Rachel Strauss." "¿Eres quien llamó a la policía?" "Correcto. Cindy se fue de nuestra fiesta bastante borracha el sábado a la noche. Nadie la ha visto desde entonces. No es habitual para ella." Puso los ojos en blanco y ofreció una leve sonrisa cuando agregó, "Normalmente es muy predecible. Es tipo, la Señorita Perfección, ¿entiende? Siempre se acuesta a la misma hora, tiene el mismo horario que nunca cambia, necesita que le avisen como con cinco años de anticipación para cambiar algo. El sábado estaba alocada. Bebiendo. Bailando. Se olvidó del reloj por un rato. Fue lindo de ver." Una mirada distante se llevó a Rachel por un momento. "Ella estaba realmente feliz, ¿entiende?" "¿Por alguna razón en particular?" se preguntó Avery. "No sé, es la mejor de su clase. Tiene un trabajo esperándola para el otoño." "¿Qué trabajo?" “Devante? Son como, la mejor firma de Boston. Ella estaba haciendo su especialidad en contaduría. Muy aburrido, lo sé, pero era un genio con los números." "¿Puedes contarme sobre el sábado a la noche?" Los ojos de Rachel se llenaron de lágrimas. "Esto es sobre Cindy, ¿verdad?" "Sí", dijo Avery. "¿Podemos sentarnos?" Rachel se desplomó en el sillón y lloró. Entre los sollozos, intentaba hablar. "¿Ella está bien? ¿Dónde está?" Era la parte del trabajo que Avery odiaba más: hablar con los familiares y amigos. No había mucho de lo que tuviese permitido hablar. Cuanto más sabía la gente sobre un caso, más hablaban, y esas charlas solían llegar a los perpetradores de crímenes. Nadie comprendía eso ni les importaba en el momento: estaban demasiado angustiados. Todo lo que querían era respuestas. Avery se sentó junto a ella. "Nos alegra que hayas llamado", dijo. "Hiciste lo correcto. Me temo que no puedo hablar sobre una investigación en curso. Lo que puedo decirte es que estoy haciendo todo lo que esté a mi alcance para averiguar qué le pasó a Cindy esa noche. No puedo hacerlo sola, necesito tu ayuda." Rachel asintió y se secó los ojos. "Puedo ayudar", dijo, "Puedo ayudar." "Quisiera saber todo lo que recuerdas de esa noche, y de Cindy. ¿Con quién estuvo hablando? ¿Hubo alguna cosa que te haya llamado la atención? ¿Algún comentario que haya hecho? ¿Personas que se hayan interesado en ella? ¿Algo sobre cuando ella se fue?" Rachel se derrumbó completamente. Eventualmente, levantó una mano y asintió con la cabeza y se recompuso. "Sí", dijo, "claro." "¿Dónde están los demás?" Avery preguntó para generar distracción. "Pensaba que las casas de sororidad estaban llenas de chicas con resaca vestidas con ropa de Kappa." "Están en clase", dijo Rachel y se secó los ojos. "Un par de chicas fueron a comprar el desayuno. Por cierto", agregó, "técnicamente no somos una casa de sororidad. Este es sólo un lugar para quedarnos cuando no queremos volver a los dormitorios. Cindy nunca se quedó aquí. Demasiado moderno para ella. Ella tiene un aire más 'hogareño'". "¿Dónde vive ella?" "En una residencia estudiantil, no muy lejos de aquí", dijo Rachel. "Pero no iba a su casa el sábado por la noche. Se suponía que se encontrase con su novio." Los sentidos de Avery se aguzaron. "¿Novio?" Rachel asintió con la cabeza. "Winston Graves, gran alumno de último año, remero, imbécil. Nadie jamás entendió por qué ella salía con él. Bueno, creo que yo sí. Es apuesto y viene de una familia muy adinerada. Cindy nunca tuvo dinero. Creo que cuando vienes de una familia sin dinero, es algo muy atractivo." Sí, pensó Avery, lo sé. Recordaba como el dinero y el prestigio y el poder de su antiguo trabajo en la firma de abogados le había hecho creer que de alguna forma era distinta a aquella joven muchacha determinada y temerosa que había dejado Ohio. "¿Dónde vive Winston?", preguntó. "En Plaza Winthrop. Es muy cerca de aquí. Pero Cindy nunca llegó. Winston vino el domingo temprano a la mañana buscándola. Asumió que se había olvidado de sus planes juntos y que se había quedado dormida. Entonces fuimos juntos a su casa. Ella tampoco estaba allí. Fue entonces que llamé a la policía." "¿Es posible que haya ido a algún otro sitio?" "De ninguna manera", dijo Rachel. "Eso no es algo que haría Cindy, para nada." "Entonces cuando ella se fue de aquí, estás segura que iba camino a la casa de Winston." "Completamente." "¿Hubo algo que haya podido haber cambiado esos planes? ¿Algo que le haya sucedido más temprano en la noche, o incluso al final?" Rachel sacudió la cabeza. "No, bueno", se dio cuenta, "hubo algo. Estoy segura que no es nada, pero hay un chico que ha estado enamorado de Cindy durante años. Su nombre es George Fine. Es apuesto, se ve rudo, un solitario, pero un poco raro, ¿entiende a que me refiero? Hace ejercicio y sale a trotar por el campus muy seguido. Tuve una clase con él una vez el año pasado. Una de nuestras bromas era que él ha estado en clase con Cindy casi cada semestre desde el primer año. Ha estado obsesionado con ella. Estuvo aquí el sábado, y lo más loco es que Cindy estuvo bailando con él, y hasta se besaron. Para nada algo habitual para Cindy. Es decir, está saliendo con Winston, no es que tengan la relación perfecta, pero ella estaba muy borracha, y descontrolada. Bailaron, se besaron, y luego ella se fue." "¿George la siguió hasta afuera?" "No lo sé", dijo. "Sinceramente. No recuerdo haberlo visto luego de que Cindy se fuera, pero eso pudo haber sido porque yo estaba completamente borracha." "¿Recuerdas a qué hora se fue ella?" "Sí", dijo, "a las dos cuarenta y cinco exactamente. El sábado era nuestra fiesta del Día de los Inocentes, y se suponía que íbamos a hacer una broma genial, pero todos nos estábamos divirtiendo tanto que nos olvidamos hasta que Cindy se fue." Rachel agachó la cabeza. Un vacío llenó el aire por un momento. "Bueno, mira", dijo Avery, "esto ha sido de mucha ayuda. Gracias. Aquí tienes mi tarjeta. Si recuerdas algo más, o alguna de tus hermanas de la sororidad quiere agregar algo, me encantaría saberlo. Esta es una investigación en curso, así que incluso el más pequeño de los detalles podría darnos una pista." Rachel la miró con lágrimas en los ojos. Y mientras las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas, su voz permanecía calma y constante. "Está muerta", dijo, "¿no es así?" "Rachel, no puedo." Rachel asintió, y luego se cubrió el rostro con las manos y se derrumbó por completo. Avery se inclinó sobre ella y la abrazó fuerte. CAPÍTULO SEIS Afuera, Avery volteó hacia el sol y soltó un gran suspiro. La Calle Church era transitada, y había numerosas cámaras en las vidrieras. Incluso en medio de la noche, no podía creer que había sido allí donde había ocurrido el secuestro. ¿Adónde fuiste?, se preguntó. Una consulta rápida en su celular reveló la ruta más rápida hasta la plaza Winthrop. Caminó por la calle Church y giró a la izquierda en Brattle. La calle Brattle era más ancha que Church, con igual cantidad de tiendas. Del otro lado de la calle, reconoció el Teatro Brattle. Había un pequeño callejón a un lado del edificio, apuntalado por una pequeña tienda de café. Los árboles escondían la zona entre las sombras. Curiosa, Avery cruzó la calle y entró en la delgada franja entre los edificios. Salió de nuevo hacia Brattle y revisó cada vidriera en un radio de una cuadra a ambos lados de la calle Church. Había al menos dos tiendas con cámaras afuera. Entró a una pequeña tienda de cigarrillos. La campana de la puerta repicó. "¿Puedo ayudarle?" dijo un viejo hippie blanco de cabello con rastas. "Sí", dijo Avery, "noté que tiene una cámara en el frente. ¿Qué alcance tiene esa cosa?" "Toda la cuadra", dijo, "ambas direcciones. Tuve que instalarla hace dos años. Malditos estudiantes universitarios. Todo el mundo cree que los chicos de Harvard son tan especiales, pero son un montón de imbéciles como todos los demás. Durante años han estado rompiendo mis ventanas. Algún tipo de broma universitaria, ¿correcto? No para mí. ¿Sabe cuánto cuestan esas ventanas?" "Lamento oír eso. Escuche, no tengo una orden", dijo mientras mostraba su placa, "pero parece que alguno de esos chicos idiotas causó un disturbio aquí frente a su calle. No hay cámaras allí. ¿Podría echar un vistazo? Sé a qué hora fue. No debería tomar mucho tiempo." Frunció el ceño y murmuró algo para sí. "No lo sé", dijo, "tengo que cuidar la tienda. Soy el único aquí." "Haré que valga la pena." Sonrió. "¿Qué le parecen cincuenta dólares?" Sin decir más, bajó la cabeza, salió de detrás del mostrador, y giró el cartel de la puerta de "abierto" a "cerrado". "¿Cincuenta dólares?" dijo. "¡Pase!" La parte trasera de la tienda estaba desordenada y oscura. Escondido entre cajas y provisiones, el hombre destapó un pequeño televisor. Sobre el televisor, en un estante más alto, se hallaba una serie de equipos electrónicos conectados al televisor. "No lo uso muy a menudo," dijo, "sólo cuando hay problemas. Las cintas se borras cada semana en la noche del lunes. ¿Cuándo fue su pequeño incidente?" "El sábado a la noche", dijo. "Muy bien, entonces está de suerte." Encendió el televisor. La imagen en blanco y negro era de justo afuera de la tienda. Avery podía ver claramente la entrada a la tienda, así como el lado opuesto de la calle y la calle Brattle. El área específica que ella quería investigar estaba a unos cincuenta metros. La imagen era más granulosa, y era casi imposible distinguir las formas frente al callejón. Un pequeño ratón se usaba para revisar hacia atrás. "¿A qué hora dijo?", preguntó él. "Dos cuarenta y cinco," dijo, "pero necesitaría ver otras horas también. ¿Le molesta si me siento y lo busco yo misma? Usted puede volver a la tienda." La saludó una ceja sospechosa. "¿Va a robarse algo?" "Soy policía", dijo ella. "Eso va en contra de mi lema." "Entonces usted no es como los policías que yo conozco," rio. Avery sacó una pequeña silla negra. Le limpió el polvo y tomó asiento. Luego de una pequeña revisión del equipo ya era capaz de ir hacia adelante y atrás fácilmente. A las dos cuarenta y cinco, unas personas caminaron cuesta arriba y cuesta abajo por la Calle Brattle. A las dos y cincuenta, la calle parecía vacía. A las dos cincuenta y dos, alguien, una chica por el cabello y vestido, apareció en la escena desde el lado de la calle Church. Cruzó la calle Brattle y giró hacia la izquierda. Luego de pasar por delante de la tienda de café, una imagen oscura de debajo de los árboles se fusionó con la suya, y ambas desaparecieron. Durante un momento, Avery sólo podía ver el movimiento indescifrable de varios tonos de negro. A medida que la escena continuaba, la forma de los árboles volvió a su forma original. La chica nunca volvió a aparecer. "Mierda," susurró Avery. Desenganchó un elegante y moderno walkie-talkie de la parte de atrás de su cinturón. "Ramírez", dijo. "¿Dónde está?" "¿Quién habla?" dijo una voz entrecortada. "Sabes quién habla. Tu nueva compañera." "Aún estoy en Lederman. Casi termino aquí. Acaban de llevarse el cuerpo." "Te necesito aquí, ahora," dijo, y le dio la ubicación. "Creo que sé dónde secuestraron a Cindy Jenkins." * * * Una hora después, Avery había hecho bloquear el callejón hacia ambos lados con cinta amarilla. En la Calle Brattle, una patrulla de policía y la camioneta de los forenses se encontraban estacionados sobre la acera. Un oficial había sido colocado para disuadir a los visitantes. El callejón se abría hacia una ancha, oscura calle más o menos a la mitad de la manzana. Un lado de la calle albergaba un edificio inmobiliario de vidrio y un muelle de carga. Del otro lado había complejos de vivienda. Había un estacionamiento que podía recibir cuatro autos. Otra patrulla policial, con más cinta amarilla, se encontraba al final del callejón. Avery se paró frente al muelle de carga. "Allí," dijo apuntando a una cámara en lo alto. “Necesitamos esas imágenes. Probablemente pertenezca a la empresa inmobiliaria. Entremos y veamos qué podemos encontrar." Ramírez sacudió la cabeza. "Estás loca," dijo. "Esa cinta no mostraba nada." "Cindy Jenkins no tenía motivos para caminar por este callejón," dijo Avery. "Su novio vive en la dirección opuesta." "Tal vez quería ir por un paseo," argumentó él. "Todo lo que digo es que es mucho personal sólo por una corazonada." "No es ninguna corazonada. Tú viste la cinta." "¡Vi un montón de manchas negras que no entendí!" Discutió. "¿Por qué la atacaría aquí el asesino? Hay cámaras por todas partes. Tiene que haber sido un completo idiota." "Vamos a averiguarlo," dijo ella. Top Real Estate Company era propietaria del edificio de vidrio y el muelle de carga. Luego de una breve discusión con la seguridad del escritorio del frente, les dijeron a Avery y Ramírez que esperaran en los sillones de cuero afelpado hasta que llegara alguien con más autoridad. Diez minutos más tarde, el jefe de seguridad y el presidente de la empresa aparecieron. Avery mostró su mejor sonrisa y les dio un apretón de manos. "Gracias por recibirnos," dijo. "Quisiéramos acceder a la cámara que está justo encima se su muelle de carga. No tenemos una orden," frunció el ceño, "pero lo que sí tenemos es una chica muerta que fue secuestrada el sábado a la noche, probablemente justo fuera de su puerta trasera. A menos que surja algo, no tardaremos más de veinte minutos." "¿Y si surge algo?", preguntó el presidente. "En ese caso tomaron la decisión correcta al ayudar a la policía en una cuestión extremadamente delicada y oportuna. Una orden podía tardar un día entero. El cuerpo de esa muchacha ya lleva muerto dos días. Ella ya no puede hablar. Ya no puede ayudarnos. Pero ustedes pueden. Por favor, ayuden. Cada segundo que perdemos, el rastro se enfría." El presidente asintió para sí y se volvió hacia su guardia. "Davis,” dijo, "llévalos arriba. Dales lo que necesiten. Si hay algún problema," le dijo a Avery, "por favor venga a buscarme." En el camino, Ramírez silbó para sí. "Que encantadora", dijo. "Lo que sea que haga falta," susurró Avery. La oficina de seguridad de Top Real Estate era una habitación bulliciosa completa con más de veinte pantallas de televisión. El guardia estaba sentado a una mesa negra y un teclado. "OK," dijo. "¿Fecha y hora?" "Muelle de carga. Alrededor de dos cuarenta y cinco y de ahí vamos hacia adelante." Ramírez sacudió la cabeza. "No vamos a encontrar nada." Las cámaras del negocio inmobiliario eran de una calidad muy superior que las de la tienda de cigarrillos, y en color. La mayor parte de las pantallas eran de un tamaño similar, pero una en particular era grande. El guardia puso la cámara del muelle de carga en la pantalla más grande y volvió la imagen hacia atrás. "Ahí," anunció Avery. "Deténgala." La imagen se detuvo a las dos y cincuenta. La cámara mostraba una vista panorámica del estacionamiento directamente enfrente al muelle de carga, así como a la izquierda, hacia el cartel de callejón sin salida y la calle más lejos. Había solamente una vista parcial del callejón que llevaba hacia Brattle. Un auto solitario estaba aparcado en el estacionamiento: una camioneta que parecía ser azul oscuro. "Ese auto no debería estar ahí," señaló el guardia. "¿Puedes distinguir la matrícula?" se preguntó Avery. "Sí, la tengo," dijo Ramírez. Los tres esperaron. Por un momento, el único movimiento era el de los autos por la calle perpendicular, y el movimiento de los árboles. A las dos cincuenta y tres, dos personas aparecieron en la escena. Podrían haber sido amantes. Uno era un hombre pequeño, delgado y de estatura baja, con pelo grueso y abundante, un bigote, y anteojos. La otra era una chica, más alta, de cabello largo. Tenía puesto un vestido ligero de verano y sandalias. Parecían estar bailando. Él tomó una de sus manos y la giró desde la cintura. "Mierda," dijo Ramírez, "esa es Jenkins." "Mismo vestido," dijo Avery, "zapatos, cabello." "Está drogada", dijo él. "Mírala. Arrastra los pies." Observaron al asesino abrir la puerta del asiento del acompañante y colocarla adentro. Luego, mientras se daba vuelta y caminaba hacia el lado del conductor, miró directamente a la cámara del muelle de carga, hizo una reverencia teatral, y se fue haciendo un giro hacia la puerta del asiento del conductor. "¡Mierda!" gritó Ramírez. "El hijo de perra está jugando con nosotros." "Quiero a todo el mundo en esto," dijo Avery. "Thompson y Jones están en vigilancia permanente desde ahora. Thomson puede quedarse en el parque. Dile sobre la camioneta. Eso limitará su búsqueda. Necesitamos saber en qué dirección iba ese auto. Jones tiene un trabajo más difícil. Tiene que ir allí ahora y seguir a esa camioneta. No me importa cómo lo hace. Dile que rastree todas las cámaras que puedan ayudarlo en el camino." Se volvió hacia Ramírez, quien la miraba, asombrado e impresionado. "Tenemos a nuestro asesino." CAPÍTULO SIETE El cansancio finalmente le llegó a Avery cerca de las seis cuarenta y cinco de la tarde, en el viaje en elevador hasta el segundo piso de la estación de policía. Toda la energía y el ímpetu que había recibido de las revelaciones matutinas habían culminado en un día bien gastado, pero una noche con incontables preguntas sin respuesta. Su clara piel estaba parcialmente quemada del sol, su cabello un desastre, la chaqueta que había usado más temprano colgaba de su brazo. Su camisa: sucia y por fuera del pantalón. Ramírez, por el contrario, parecía más fresco que en la mañana: el cabello peinado hacia atrás, el traje casi perfectamente planchado, los ojos atentos y apenas una pizca de sudor en la frente. "¿Cómo es posible que te veas tan bien?" preguntó ella. "Es mi sangre hispano-mexicana," explicó con orgullo. "Puedo estar veinticuatro, veintiocho horas de corrido y mantener este brillo." Le dio un vistazo rápido y aprensivo a Avery y gimió: "Sí. Te ves como la mierda." Sus ojos llenos de respeto. "Pero lo lograste." El segundo piso estaba medio vacío a la noche, con la mayoría de los funcionarios en casa o trabajando en las calles. Las luces de la sala de conferencias estaban encendidas. Dylan Connelly caminaba de un lado al otro adentro, obviamente contrariado. Al verlos, abrió la puerta de golpe. "¡¿Dónde diablos han estado?!", estalló. "Quería un informe en mi escritorio a las cinco en punto. Son casi las siete. Apagaron sus walkie-talkies. Los dos," señaló. "Puedo esperar eso de ti, Black, pero no de ti, Ramírez. Nadie me llamó. Nadie contestó su teléfono. El capitán está furioso también, así que no vayan a llorarle a él. ¿Tienen idea de lo que ha estado pasando aquí? ¿Qué demonios estaban pensando?" Ramírez levantó las palmas de las manos. "Llamamos," dijo, "Te dejé un mensaje." "Llamaste hace veinte minutos," estalló Dylan. "He estado llamando cada media hora desde las cuatro y media. ¿Murió alguien? ¿Estaban persiguiendo al asesino? ¿El mismísimo Dios Todopoderoso bajó del Cielo para ayudarlos con este caso? Porque esas son las únicas respuestas aceptables para su flagrante insubordinación. Debería sacarlos a ambos del caso ya mismo." Señaló hacia la sala de conferencias. "Métanse ahí." Las amenazas iracundas no tenían efecto sobre Avery. La furia de Dylan era ruido de fondo que podía filtrar tranquilamente. Había aprendido esa habilidad hacía mucho tiempo, en Ohio, cuando tenía que escuchar a su padre gritarle a su madre casi todas las noches. En ese entonces, se tragaba sus lágrimas y cantaba canciones y soñaba con el día en que finalmente sería libre. Ahora, había cosas más importantes que acaparaban su atención. El periódico de la tarde descansaba sobre la mesa. Había una foto de Avery Black en la portada, con una expresión sobresaltada porque alguien le había metido una cámara en la cara. El titular leía "Asesinato en el Parque Lederman: ¡Abogada Defensora de Asesino Serial en el Caso!" Justo a la imagen a página completa había una fotografía más pequeña de Howard Randall, el viejo y arrugado asesino serial de las pesadillas de Avery, con lentes fondo de botella y un rostro sonriente. El título de su foto decía: "No confíes en nadie: Abogada o Policía." "¿Has visto esto?" gruñó Connelly. Levantó el periódico y lo tiró nuevamente. "Estás en la primera plana! Primer día en Homicidios y eres noticia de primera plana, otra vez. ¿Te das cuenta cuán poco profesional es esto? No, no," dijo ante la expresión de Ramírez, "ni siquiera intentes hablar en este momento. Ambos metieron la pata. No sé con quién hablaron esta mañana, pero desataron una tormenta de mierda. ¿Cómo se enteró Harvard de la muerte de Cindy Jenkins? Hay un memorial en su honor en la página web de Kappa Kappa Gamma." "¿Adivino?" dijo Avery. "¡Vete a la mierda, Black! Estás afuera del caso. ¡¿Me escuchaste?!" El capitán O'Malley entró suavemente a la habitación. "Espera," se quejó Ramírez. "No puedes hacer eso. No sabes que lo que tenemos." "No me importa lo que tengan," rugió Dylan. "No he terminado. Se pone mejor. El Alcalde llamó hace una hora. Aparentemente, solía jugar golf con el padre de Jenkins, y quería saber por qué una abogada defensora venida a menos, que sacó a un asesino serial de la cárcel, está manejando el asesinato de la hija de un amigo cercano." "Cálmate," dijo O'Malley. Dylan giró sobre sus talones, con la cara roja y la boca abierta. Al ver a su capitán, quien era más pequeño y tranquilo, pero parecía listo para estallar, se movió suavemente hacia atrás. "Cualquiera sea la razón," dijo O'Malley en tono uniforme, "este caso acaba de explotar. Por lo tanto, me gustaría saber qué han estado haciendo todo el día, si te parece bien, ¿Dylan?" Connelly murmuró algo entre dientes y se alejó. El capitán asintió con la cabeza mirando a Avery. "Explícate." "Nunca le dije a nadie el nombre de la víctima," dijo Avery, "pero sí entrevisté a una chica de Kappa Kappa Gamma, la mejor amiga de Cindy Jenkins, Rachel Strauss. Debe haber atado cabos. Perdón por eso," dijo, ofreciendo una mirada genuinamente arrepentida a Dylan. "La charla casual no es mi fuerte. Estaba buscando repuestas, y las conseguí." "Diles," exhortó Ramírez. Avery caminó alrededor de la mesa de conferencias. "Tenemos un asesino serial aquí." "¡Oh, por favor!" se lamentó Dylan. "¿Cómo puede saber eso? Sólo ha estado en el caso un día. Tenemos una chica muerta. No hay forma." "¿Puedes callarte?" gritó O'Malley. Dylan se mordió el labio inferior. "Este no es un asesinato común y corriente," dijo Avery. "Me lo dijo usted mismo, Capitán, y tú lo debes haber visto también," le dijo a Dylan. "Hicieron que la víctima pareciese viva. Nuestro asesino la idolatraba. No había moretones en su cuerpo, ni señales de violación, así que podemos descartar pandillas o violencia doméstica. Los forenses confirmaron que estaba drogada con un anestésico poderoso, probablemente natural, creado por el mismo asesino, extractos de flores que la habrían paralizado instantáneamente, y matado lentamente. Asumiendo que tiene las plantas en un sótano, debe necesitar luces, un sistema de riego, y alimento. Hice algunas llamadas para averiguar cómo se importan estas semillas, cómo se venden, y como puedo obtener acceso al equipo. Él también quería a la víctima viva, al menos por un rato. No estaba segura por qué, hasta que lo vimos en las cámaras de seguridad." "¿Qué?" susurró O'Malley. "Lo tenemos," dijo Ramírez. "No te emociones mucho. Las imágenes son granulosas y difíciles de ver, pero el secuestro en su totalidad puede ser visto desde dos cámaras distintas. Jenkins se fue de la fiesta unos minutos después de las dos y media de la mañana del domingo para ir a la casa de su novio. Vive a alrededor de cinco cuadras del apartamento de Kappa Kappa Gamma. Avery hizo el mismo camino que asumió que Jenkins tomó. Descubrió un callejón. Quién sabe qué la poseyó para hacer esto, pero siguiendo una corazonada, revisó una cámara de seguridad en una tienda de cigarrillos." "Necesitas una orden para eso," interrumpió Dylan. "Solo si alguien la pide," contestó Avery. "Y a veces una sonrisa amable y una conversación entretenida pueden llevar muy lejos. Esa tienda ha sido víctima de vandalismo como diez veces en el último año," continuó ella. "Recientemente instalaron una cámara afuera. Ahora, la tienda está del otro lado de la calle con respecto al callejón, y como media cuadra más abajo, pero puedes ver claramente una chica, y yo creí que era Cindy Jenkins, siendo abordada debajo de unos árboles." "Ahí fue cuando me llamó," dijo Ramírez. "Yo pensé que estaba loca. De verdad. Vi el video y no hubiese pestañado dos veces. Black, por el contrario, me hizo llamar a los forenses e involucrar a todo el equipo en esto. Como pueden imaginarse, estaba furioso. Pero," dijo con ojos entusiasmados, "tenía razón. Hay otra cámara en el muelle de carga en la parte trasera del callejón. Le pedimos a la compañía con nos dejara ver que había en ella. Estuvieron de acuerdo y pum," dijo y abrió sus brazos a lo ancho. "Un hombre sale del callejón abrazando a nuestra víctima. Mismo vestido. Mismos zapatos. Es de constitución delgada, más bajo que Cindy, y está bailando. De verdad estaba abrazándola y bailando. Ella estaba claramente drogada. Arrastrando los pies y todo. En un momento, él incluso mira a la cámara. Ese enfermo nos estaba haciendo burlas. La pone en el asiento delantero de una camioneta y se aleja conduciendo como si no fuese nada. El auto es un Chrysler, azul oscuro." "¿Matrícula?" preguntó Dylan. "Es falsa. Ya la busqué en el sistema. Debe haber puesto una placa ficticia. Estoy compilando una lista de todas las camionetas Chrysler de ese color vendidos en los últimos cinco años en un radio de cinco condados. Llevará un tiempo, pero tal vez podamos reducir la lista con más información. También debe haber usado un disfraz. Apenas se le veía el rostro. Tenía bigote, posiblemente peluca, anteojos. Todo lo que podemos medir es la estatura, como un metro sesenta y cinco, un metro setenta, y tal vez el color de piel: blanco." "¿Dónde están las cintas?" preguntó O'Malley. "Abajo con Sarah," respondió Avery. "Dijo que tal vez le llevaría un rato, pero iba a intentar tener un bosquejo del asesino basado en lo que ve para mañana. Una vez que tengamos reconocimiento facial, podemos compararlo con nuestros sospechosos y pasarlo por la base de datos a ver qué surge." "¿Dónde están Jones y Thompson?" preguntó Dylan. "Espero que todavía estén trabajando," dijo Avery. "Thompson está a cargo de la vigilancia del parque. Jones está tratando de rastrear el auto desde el callejón." "Cuando nos fuimos," agregó Ramírez, "Jones había encontrado al menos seis cámaras distintas en un radio de diez cuadras desde el callejón que podrían ser de ayuda." "Incluso si perdemos el auto", dijo Avery, "al menos podemos limitar la dirección. Sabemos que giró al norte desde el callejón. Eso, unido a cualquier cosa que encuentre Thompson en el parque, y podremos triangular un área e ir casa por casa si es necesario." "¿Y qué hay de los forenses?" preguntó O'Malley. "Nada en el callejón," dijo Avery. "¿Eso es todo?" "También tenemos algunos sospechosos. Cindy estuvo en una fiesta la noche de su secuestro. Un tipo llamado George Fine estuvo allí. Aparentemente ha estado siguiendo a Cindy durante años: toma las mismas clases que ella, se la encuentra casualmente en eventos. Besó a Cindy por primera vez, bailó con ella toda la noche." "¿Has hablado con él?" "Aún no," dijo, y miró directamente a Dylan. "Quería tu aprobación antes de empezar una búsqueda exhaustiva en la Universidad de Harvard." "Menos mal que tienes algún sentido del protocolo," gruñó Dylan. "También está el novio," agregó dirigiéndose a O'Malley. "Winston Graves. Se suponía que Cindy fuese a su casa esa noche. Nunca apareció." "Así que tenemos dos potenciales sospechosos, imágenes de los eventos, y un auto que rastrear. Estoy impresionado. ¿Y la motivación? ¿Has pensado en eso ya?" Avery esquivó la mirada. Las imágenes que había visto, y la posición y manejo de la víctima, todo indicaba a un hombre que amaba su trabajo. Lo había hecho antes y lo haría de nuevo. Su motivación debía tener que ver con sentirse poderoso, ya que le preocupaba muy poco la policía. La reverencia a la cámara del callejón le hizo saber eso. Eso requería valor, o estupidez, y nada en la forma en que se deshizo del cadáver o el secuestro indicaban falta de juicio. "Está jugando con nosotros," dijo ella. "Le gusta lo que hace, y quiere hacerlo de nuevo. Yo diría que tiene algún tipo de plan. Esto no ha terminado." Dylan resopló y sacudió la cabeza. "Ridículo," dijo. "De acuerdo," dijo O'Malley. "Avery, tienes permiso para hablar con tus sospechosos mañana. Dylan, contacta a Harvard y avísales. Yo llamaré al jefe esta noche y le diré lo que tenemos. También veré si puedo conseguir algunas órdenes amplias para las cámaras. Mantengamos a Thompson y Jones preparados. Dan, sé que has estado trabajando todo el día. Una cosa más y terminas por esta noche. Consigue las direcciones de esos dos chicos de Harvard si es que todavía no las tienes. Pasa por allí de camino a tu casa. Asegúrate de que están bien arropados. No quiero que nadie se escape." "Yo puedo hacer eso," dijo Ramírez. "De acuerdo." O'Malley aplaudió. "Pónganse en marcha. Buen trabajo ustedes dos. Pueden estar orgullosos. Avery and Dylan, esperen afuera un minuto." Ramírez señaló a Avery. "¿Quieres que pase a buscarte por la mañana? ¿A las ocho? ¿Vamos juntos?" "Claro." "Le preguntaré a Sarah por el bosquejo. Tal vez ya tendrá algo." La repentina disposición de un compañero a ayudar, por su cuenta y sin tener que empujarlo, era nueva para Avery. Todos los demás con los que había formado equipo desde el momento en que se unió a la policía habían querido dejarla muerta en alguna cuneta. "Suena bien," dijo. Una vez que Ramírez se hubo marchado, O'Malley hizo a Dylan sentarse de un lado de la mesa de conferencias y a Avery del otro. "Escuchen bien ustedes dos," dijo en una voz calmada pero firme. "El jefe me llamó hoy y me dijo que quería saber que estaba pensando al darle este caso a una conocida y caída en desgracia ex-abogada defensora de criminales. Avery, le dije que eras la policía indicada para este trabajo y mantengo mi decisión. Tu trabajo hoy prueba que estaba en lo cierto. Sin embargo, son casi las siete y media y aún sigo aquí. Tengo una esposa y tres hijos esperándome en casa y quiero desesperadamente llegar y verlos y olvidarme de este miserable lugar por un rato. Obviamente, ninguno de ustedes comparte mis preocupaciones entonces tal vez no entienden lo que digo." Ella le devolvió la mirada, pensativa. "¡Llévense bien y dejen de molestarme con sus estupideces!", estalló. Un tenso silencio cubrió la habitación. "¡Dylan, empieza a comportarte como un supervisor! No me llames con cada detalle llorón. Aprende a manejar a tu gente tú solo. Y tú," le dijo a Avery, "más te vale que dejes el acto de humor excéntrico y la actitud esa de 'no me importa una mierda' y empieces a actuar de una vez por todas como que te importa, porque sé que te importa." Le sostuvo la mirada por un largo rato. "Dylan y yo hemos estado esperándote durante horas. ¿Quieres apagar tu radio? ¿No contestar teléfonos? ¿Tal vez te ayuda a pensar? Bien por ti. Pues hazlo. Pero cuando te llama un superior, le devuelves la llamada. La próxima vez que suceda, quedas fuera del caso. ¿Entendido?" Avery asintió, sintiéndose humillada. "Entendido," dijo ella. "De acuerdo." asintió Dylan. "Bien," dijo O'Malley. Se enderezó y sonrió. "Ahora, debí haber hecho antes pero no hay mejor momento que el presente. Avery Black, quiero que conozcas a Dylan Connelly, padre de dos niños, divorciado. Su esposa lo dejó hace dos años porque nunca iba a casa y bebía demasiado. Ahora viven en Maine y nunca puede ver a los niños, entonces está de mal humor todo el tiempo." Dylan se puso tenso y estuvo a punto de hablar, pero no dijo nada. "¿Y Dylan? Te presento a Avery Black, ex-abogada defensora criminal que metió la pata y dejó salir a las calles de Boston al peor asesino serial del mundo, un hombre que volvió a matar y destruyó su vida. Dejó atrás un trabajo multimillonario, un ex esposo, y un niño que apenas le dirige la palabra. Y, como tú, acostumbra ahogar sus penas en el trabajo y el alcohol. ¿Lo ven? Tienen mucho más en común de lo que creen." Se puso completamente serio. "No me avergüencen de nuevo, o quedarán ambos fuera del caso." CAPÍTULO OCHO Una vez que quedaron solos en la sala de conferencias, Avery y Dylan se sentaron uno frente al otro en absoluto silencio por unos momentos. Ninguno de los dos se movía. Él tenía la cabeza gacha. Una mueca se dibujó en su rostro y parecía estar meditando sobre algo. Por primera vez, Avery sintió compasión por él. "Sé cómo se siente," empezó a decir. Dylan se puso de pie tan rápida y rígidamente que su silla se deslizó y dio contra la pared. "No creas que esto cambia nada," dijo. "Tú y yo no nos parecemos en nada." Aunque su amenazante lenguaje corporal emanaba ira y distancia, sus ojos decía algo diferente. Avery estaba segura que él estaba a punto de tener una crisis nerviosa. Algo que el capitán había dicho lo había afectado, de la misma manera en que la había afectado a ella. Los dos estaban dañados, solitarios. Solos. "Mira," ofreció ella, "Sólo pensé." Dylan le dio la espalda y abrió la puerta. Su perfil al salir de la habitación confirmó sus miedos: había lágrimas en sus ojos inyectados en sangre. "Maldición," susurró. Las noches eran lo peor para Avery. Ya no tenía un grupo fijo de amigos, ningún pasatiempo además de su trabajo, y estaba tan cansada que no se imaginaba haciendo nada más. Sola en la gran mesa de color claro, dejó caer su cabeza y temió lo que vendría a continuación. La salida de la oficina fue igual que todos los días, sólo que había algo distinto en el aire, y muchos policías estaban más envalentonados por su primera plana. "Oye, Black," dijo alguien señalando a la foto de portada. "Linda cara." Otro oficial golpeó los dedos sobre la imagen de Howard Randall. "Esta historia dice que ustedes eran muy cercano, Black. ¿Te gusta la gerontofilia? ¿Sabes lo que significa eso? Significa tirarse a los viejos." "Ustedes son graciosísimos." Sonrió e hizo un gesto como si sus dedos fuesen pistolas. "Vete a la mierda, Black." * * * Un BMW blanco estaba aparcado en la cochera; cinco años de antigüedad, sucio y gastado. Avery lo había comprado en la cúspide de su éxito como abogada defensora. ¿Qué estabas pensando?, pensó. ¿Por qué alguien compraría un auto blanco? Éxito, recordó. El BMW blanco había sido brillante y ostentoso, y ella quería que todos supieran que era la mejor. Ahora, era un recordatorio de su vida fallida. El apartamento de Avery se encontraba en la calle Bolton, en la zona sur de Boston. Tenía un pequeño apartamento de dos habitaciones en el segundo piso de un edificio de dos pisos. El lugar había sido un descenso desde su antiguo penthouse en un piso alto, pero era espacioso y limpio, con una linda terraza donde podía sentarse y relajarse luego de un duro día de trabajo. La sala de estar era un espacio abierto con alfombras desgastadas de color marrón. La cocina estaba a la derecha de la puerta principal, y separada del resto de la habitación mediante dos grandes islas. No había plantas ni animales. Una exposición desde el norte aseguraba que el apartamento estuviese habitualmente oscuro. Avery tiró sus llaves sobre la mesa y se desprendió del resto de sus pertenencias: arma, arnés de hombro, walkie-talkie, placa, cinturón, teléfono, y billetera. De desvistió de camino a la ducha. Luego de un largo baño de inmersión para procesar los eventos del día, se puso una bata, tomó una cerveza del refrigerador, luego su teléfono, y se dirigió a la terraza. Casi veinte llamadas perdidas aparecieron en su celular, junto con diez nuevos mensajes. La mayoría eran de Connelly y O'Malley. Había muchos gritos. A veces Avery era tan resuelta y determinada que se negaba a atender a nadie que no fuese esencial para su tarea, especialmente cuando las piezas no habían sido colocadas en su sitio aún; hoy había sido uno de esos días. Se desplazó hacia abajo hasta los últimos números marcados, y todas las personas que la habían llamado en el último mes. Ni una de esas llamadas era de su hija, o de su ex-marido. De repente, los extrañó a ambos. Marcó los números. El teléfono sonó. Un mensaje contestó: "Hola, habla Rose. No puedo atender tu llamada en este momento, pero si dejas un mensaje, tu nombre y número, te responderé en cuanto pueda. Muchas gracias." Bip. Avery colgó. Entretuvo la idea de llamar a Jack, su ex. Era un buen hombre, su novio de la universidad con un corazón de oro: una persona realmente decente. Habían tenido un acalorado romance cuando ella tenía dieciocho años, y ella, con su ego enfermiza persiguiendo su trabajo soñado, había arruinado todo. Durante años había culpado a otros por su separación, y por la ruptura con su hija: a Howard Randall por sus mentiras, a su antiguo jefe, al dinero, al poder, y a todas esas personas que tenía que entretener y seducir constantemente para mantenerse un paso adelante de la verdad: Poco a poco, sus clientes se volvían menos confiables, y ella igualmente quería seguir, ignorar la verdad, manipular a la justicia de una u otra manera, simplemente para ganar. Sólo un caso más, a menudo se decía a sí misma. La próxima vez, defenderé a alguien realmente inocente y limpiaré mi nombre. Howard Randall había sido ese caso. Soy inocente, había gemido en la primera reunión. Estas estudiantes son mi vida. ¿Por qué las lastimaría? Avery le había creído, y por primera vez en mucho tiempo, había comenzado a creer en sí misma. Randall era un profesor de psicología de la universidad de Harvard mundialmente reconocido, en sus sesenta, sin motivación y sin ningún historial conocido de sus trastornadas creencias personales. Más que eso, parecía débil y dañado, y Avery siempre había querido defender a los débiles. Cuando logró liberarlo, fue el momento más destacado de su carrera, el punto culminante, eso fue hasta que deliberadamente volvió a matar para exponerla como fraude. Todo lo que quería saber Avery era: ¿por qué? ¿Por qué lo hiciste? le preguntó una vez por teléfono. ¿Por qué mentir y tenderme una trampa, sólo para terminar yendo a prisión por el resto de tu vida? Porqué sabía que podías ser salvada, respondió Howard. Salvada, pensó Avery. ¿Es ésta la salvación? se preguntó mirando a su alrededor. ¿Aquí? ¿Ahora? ¿Sin amigos? ¿Sin familia? ¿Una cerveza en la mano y una nueva vida cazando asesinos para compensar por mi pasado? Tomó un sorbo de su bebida y sacudió la cabeza. No, ésta no es la salvación. Al menos no todavía. Sus pensamientos se volvieron hacia el asesino. Se había comenzado a formar una imagen de él en su mente: tranquilo, solitario, desesperado por atención, especialista en hierbas y cadáveres. Descartó que fuese alcohólico o drogadicto. Era demasiado cuidadoso. La camioneta apuntaba a una familia, pero sus acciones parecían indicar que una familia era lo que él quería, no lo que tenía. Con la mente dándole vueltas con pensamientos e imágenes, Avery tomó dos cervezas más antes de quedarse dormida de repente en su cómoda silla de exterior. CAPÍTULO NUEVE En sus sueños, Avery estaba nuevamente con su familia. Su ex era un hombre atlético de cabello castaño recortado y deslumbrantes ojos verdes. Ávidos escaladores, fueron de excursión juntos con su hija, Rose; ella tenía tan sólo dieciséis años y ya había sido aceptada anticipadamente a la Universidad Brandeis, a pesar de estar aún en la secundaria, pero en el sueño tenía seis años. Iban cantando y caminando por un camino rodeado de densos árboles. Aves oscuras revolotearon y chillaron antes de que los árboles se convirtieran en un monstruo de sombras y una mano con forma de cuchillo apuñalara a Rose en el pecho. "¡No!" gritó Avery. Otra mano apuñaló a Jack y él y su hija se alejaron suspendidos en el aire. "¡No! ¡No! ¡No!" lloró Avery. El monstruo descendió. Unos labios oscuros susurraron en su oído. No hay justicia. Avery se despertó de una sacudida con el sonido de un teléfono sonando incesantemente. Aún estaba en la terraza en su bata. El sol ya había salido. Su teléfono continuaba sonando fuertemente. Atendió. "Black." "¡Oye Black!" respondió Ramírez. "¿Nunca atiendes o qué? Estoy abajo. Junta tus porquerías y salgamos de aquí. Tengo café y bocetos." "¿Qué hora es?" "Ocho y media." "Dame cinco minutos," dijo y colgó. El sueño seguía penetrando en sus pensamientos. Perezosamente, Avery se levantó y entró al apartamento. La cabeza le pulsaba. Forcejeó con los vaqueros desteñidos. Hizo que una camiseta blanca se viera respetable con una chaqueta negra. El desayuno fueron tres tragos de jugo de naranja y una barra de granola. De salida, Avery se echó un vistazo en el espejo. Su atuendo, y su comida matutina, tenían poco que ver con trajes de miles de dólares y desayunos diarios en los más elegantes restaurantes. Supéralo, pensó. No estás aquí para verte bonita. Estás aquí para atrapar a los malos. Ramírez le alcanzó una taza de café en el auto. "Te ves bien, Black," bromeó. Como siempre, él parecía ser el modelo de la perfección: vaqueros azul oscuro, una camisa abotonada celeste, y una chaqueta azul oscuro con cinturón y zapatos marrones. "Deberías ser modelo," gruñó Avery, "no policía." Una sonrisa exhibió su dentadura perfecta. "En realidad, hice un poco de modelaje una vez." Salió del corredor y se dirigió al norte. "¿Dormiste algo anoche?" preguntó. "No mucho. ¿Y tú?" "Dormí como un bebé," dijo orgullosamente. "Siempre duermo bien. Nada de esto me afecta, ¿sabes? Trato de dejarlo pasar," dijo haciendo una ola en el aire con sus manos. "¿Alguna novedad?" "Los dos muchachos estaban en su casa anoche. Connelly les puso vigilancia sólo para asegurar que no se escapen. También habló con el decano para obtener información y asegurarse que nadie se ponga nervioso con un montón de policías vestidos de civil merodeando por el campus. Ninguno de los chicos tiene antecedentes. El decano dice que son buenos muchachos de buenas familias. Lo veremos hoy. No hay noticias de Sarah sobre el reconocimiento facial. Deberíamos tener noticias esta tarde. Algunos concesionarios de autos me devolvieron la llamada con nombres y números. Voy a hacer una lista y ver qué pasa. ¿Viste el periódico de la mañana?" "No." Lo sacó y lo arrojó sobre su falda. En letras negras grandes, el titular decía "Muerte en Harvard." Había otra fotografía del Parque Lederman, junto con una foto más chica del campus de Harvard. El artículo era un refrito de la editorial del día anterior e incluía una imagen más pequeña de Avery y Howard Randall de sus días juntos en la corte. Se mencionaba a Cindy Jenkins por su nombre, pero no había ninguna foto de ella. Конец ознакомительного фрагмента. Текст предоставлен ООО «ЛитРес». Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию (https://www.litres.ru/pages/biblio_book/?art=43693727&lfrom=334617187) на ЛитРес. 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