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La Procedencia Ruthy Garcia LA PROCEDENCIA Una novela de Ruthy García ©LA PROCEDENCIA by Ruthy García Primera edición Ebook e impresa: enero 2018 Corrección y maquetación: Isabel Mata Vicente isalbamatadiccionario@gmail.com Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, su inclusión en un sistema informático, su transmisión en cualquier formato o por cualquier medio, registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del autor. Gracias por acompañarme hasta el final del pasillo, el paseo fue algo perturbador en la primera entrega de “El Lapso”, ahora quiero que me acompañes también en esta búsqueda, pero esta vez, el final lo elijo yo. Palabras de Klaire Parece que estoy sumida en un nido de recuerdos inconclusos, tengo frescos en la memoria aquellos momentos excitantes junto a él, era inevitable, Sir Arthur, más que un caballero, fue lo mejor que ha pasado por mi vida, pero de qué manera, era toda una fantasía. Me vi entre sentimientos contradictorios por cosas que realmente me abruman. Tampoco sé si seguirá siendo así toda la vida. Espero que lo que he aprendido en todo este tiempo sea el reflejo de algo verdaderamente emocionante, pero más que todo, algo que haya valido la pena, el pasado se ha mezclado con todo esto. Esto se ha salido de control, yo, una simple detective con problemas de baja estima, me veo envuelta en una situación un tanto extraña. Estuve hundida, perdida en un lapso del cual sin querer fui parte y, en cierto modo, también el centro. No lo niego, añoro los momentos en que bailábamos, extraño los momentos en los que sus largas conversaciones me giraban el cerebro y me hacían pensar si todo aquello era real, verdadero. “¿Lo estoy viviendo?, ¿es un sueño?, ¿soy Lara Nova?, ¿soy Klaire Morgan?”, me preguntaba. Pero la verdad es que la atrofiada vida que había llevado trajo como resultado la aventura de vivir durante esos meses junto a Sir Arthur Paradise, waoo, fue algo increíble, no puedo negar que sentí miedo, pánico, pero todo aquello era recompensado con sus halagos, con esa vida majestuosa que aparentaba llevar. Si digo que no lo extraño sería totalmente hipócrita, ¿quién no extrañaría los halagos, el trato adecuado de una persona que te ve con unos ojos equivocados? Entre la nostalgia recuerdo a Lara, siempre pensó que yo era ella, pero realmente no me siento mal del todo, creí que no iba a poder superarlo, me sometí a muchos cambios en mi vida, desde bajar varios kilos hasta experimentar una nueva forma de vida, cirugías, todo para parecerme a ella, para lograr que él me mirara con esos ojos. Mas ahora, que enfrento una realidad tan terrible, me doy cuenta que de nada valió, que ha sido todo un engaño, que me he engañado a mí misma, pero no importa, la función debe continuar y qué mejor para continuar una función que ver la vida y la verdad a través de mis propios ojos, en otros ojos. Bienvenido a La Procedencia Introducción La oscuridad no le dejaba ver bien, subía los escalones con dificultad entre tan sucio, descuidado y mal olor. Aquellas escaleras hacían un ruido inquietante, debía proceder con cautela. El sigilo era absolutamente necesario, no podía permitirse ser descubierto. No se arrepentía de aquel viaje, estaba a punto de rescatar a la damisela en peligro, poner al chico en un lugar seguro y terminar con aquella pesadilla que amenazaba su posible reivindicación ante Klaire. Si es que se la puede llamar aún Klaire. Sudaba, parecía un autómata, el rostro despavorido con reflejos de desesperación denotaba cansancio. Si tan solo hubiese podido evitar que su compañero fuese herido con aquel artefacto cortante justo en el pecho, tal vez no tendría esa rabia que le consumía, su mano, aquella que sostenía aquel revólver, tenía sangre aún tibia de aquel cuerpo casi moribundo que dejó escaleras abajo. Lo peor de todo era que no había forma de pedir ayuda y tenía la certeza de que Klaire estaba en peligro, por eso dejó a su compañero, que insistió en que estaba bien, prácticamente le obligó a dejarle solo y herido con tal de que pudiera salvar a Klaire, habría que ver si podría, por las condiciones dadas era posible que ya estuviese muerta. Logró dar con la puerta, estaba cerca, y es cuando vio lo que no quería ver. Allí estaban, a solas, cara a cara, en una conversación que continuaba llenando de pánico a quien pudiera escuchar, ¿un interrogatorio?, en fin... a veces hay cosas que son necesarias. –Mi nombre es Jack Sinclair, los tengo en la mira, les apunto con mi arma, pero rayos, soy incapaz de disparar, les observo desde esta rendija, puedo oír claramente la discusión, más ustedes, lectores, merecen saber cómo llegué hasta aquí, cómo vine para tratar de vengar el daño hecho a Klaire en el pasado. Soy el policía forense más reputado de New York y, por qué no también, el chico más cruel de la escuela secundaria a la que asistió ella. Les invito a ser parte de este lapso y su procedencia. Preámbulo Si tuviste la oportunidad de leer la primera parte de esta historia, seguro que no te será indiferente el hecho de que esta segunda haya sido escrita, era de esperar, por el sorpresivo final que desencadena esa sensación de ¿elegí bien?, ¿fue correcto haber optado por el final uno?, ¿tal vez debí elegir el final dos…?, lo entiendo perfectamente, sabemos que el impacto de este secreto escondido fue toda una sorpresa, nadie imaginaba que las cosas resultarían así, no por el trastorno de algunos personajes, sino más bien por los sucesos que algunos quieren esconder sobre aquella verdad ineludible acerca de Lara Nova. Esta segunda lectura es otra madeja de secretos, personajes nuevos e incidentes inesperados, todo entrelazado en una gama de sucesos que implican mucho del pasado de Klaire. Si “El lapso” fue causa de una sorpresa que dejó esa sensación de estupefacción, de waoo, no me lo esperaba…, “La procedencia” será el desenlace de una historia en la cual creíste conocer a todos los culpables, pero vuelvo a repetirte esto: la mente sigue siendo un lugar oscuro, tenebroso y desconocido, nadie sabe su principio, nadie conoce su final. «Las más crueles mentiras son frecuentemente dichas en silencio». Robert Louis Stevenson CAPÍTULO I ¿Madre o vidente? Desde que recibí la llamada presentí que algo no andaba bien, noté a la madre de Klaire bastante nerviosa. Sus palabras me decían que estaba desesperada, y se equivocaba, acababa de llamar al tipo menos indicado. No me interesaba para nada involucrarme en ese caso. Pero en fin, hay cosas que te tocan la fibra, como dicen algunos, y esta fue una, la madre fue muy sugestiva cuando me dijo que Klaire confiaba en mí y que ella misma también. Me hizo pensar mucho, dar vueltas a la cabeza me hizo crear un mundo paralelo en el cual creía que no existía la posibilidad de que yo pudiera defender y tratar de hacer el bien a alguien, en verdad, esto era un agravio, ¡por Dios!, ¡rayos!, he sido un hombre sin escrúpulos durante mucho tiempo, he sido un ser humano vacío, he provocado también que la joven Klaire Morgan, la chica más dulce de la escuela preparatoria, haya llevado una vida totalmente destruida debido a mis equivocaciones y a todo lo que hice para lograr que ella no fuera feliz. Merezco un aplauso como persona destructiva, y no me arrepiento, soy así, soy Jack Sinclair, soy un hombre decisivo, lo que hago lo hago a conciencia. Es cierto que han pasado los años, es cierto que ya no soy el mismo por fuera, pero por dentro sigo siendo yo, es por esto que la ayuda que pretendo otorgar a su madre debe ser entendida por lástima, lástima por esta señora que no tiene en quien confiar, lástima que crea en mí. A medida que profundizo y que pasan los días me digo: ¿por qué habrá confiado en mí la señora Morgan?, ¿por qué habrá hecho tal cosa?, ¿acaso Klaire no le ha contado la clase de sujeto que soy?, ¿acaso no es capaz de entender que soy la última persona en este planeta en quien debe creer?’ No debería confiar en mí, soy un monstruo, soy una persona sin escrúpulos, que no atiende a las consecuencias de sus decisiones y con muchas equivocaciones. La vida que he llevado ha sido un vacío, un negro y cruel vacío, profundo, un hoyo tenebroso, pero ya saben que me gusta ese hoyo, ese hoyo negro y profundo es mi mundo. Días después de la llamada. “¿Con qué cara puedo estar tocando esta puerta? Bueno, ella me llamó, no creo que vaya a echarme cuando vea que he llegado”, piensa mientras llama a la puerta de la casa de la madre de Klaire. La señora Morgan abre, él ve cómo busca con la mirada perdida, es evidente que es ciega, sus ojos están totalmente grises, curioso, al igual que su ropa. –¿Jack?, es usted, ¿verdad? –Su voz es débil, la preocupación la invade. –Sí, soy yo. La mujer extiende su mano para tomar la de él, este accede, ella toma esa mano entre las suyas, suspira, pone cara de decepción, pero después de casi tres minutos con aquella mano sostenida, sonríe y le invita a pasar. –Le pido perdón si ve algo tirado por la casa, estoy sola, el servicio no regresará hasta el lunes. Jack se sorprende tratando de encontrar con su vista alguna cosa desarreglada, pero es todo lo contrario, la casa luce como si se hubiese acabado de limpiar. La señora Morgan camina ágilmente hasta llegar a la elegante sala donde unas maravillosas fotografías adornan las paredes, fotos de Klaire, antes y después de su sorpresiva transformación. –¿Le gustan las fotos? –Jack se sobresalta, “¿cómo sabe que las estoy mirando?”. –Sí, son… hermosas. –Seamos francos, hay fotografías horrorosas ahí –Toma asiento con la mirada perdida. –¿Lo dice en serio? –¡Siéntese!, sí, lo digo en serio, mi hija era un monstruo por fuera, pero muy dulce por dentro, hoy es todo lo contrario. Se sometió a muchas operaciones para lograr ser una persona distinta, y vaya si lo logró, me dicen los que la ven que es idéntica a la difunta Lara Nova. Jack permanece de pie y se acerca despacio a las fotos, se sorprende ante esas fotografías, Klaire debe pesar ahora 54 kilos, su larga melena negra hace destacar una piel blanca que es el resultado de más de trece cirugías plásticas y reconstructivas. Además, por un by pass gástrico y el tratamiento de ácido glicólico que aplicó a su piel por un largo periodo gastó los ahorros de toda su vida, todo para intentar ser por fuera a quien creyó llevar por dentro. El pasado acaparó su mente, recordó aquella mañana cuando junto a sus locos amigos se burlaba de Klaire. Un tiempo atrás –Está loca por ti, ¿viste cómo se quedó cuando la ayudaste a levantarse? –Estáis locos, la chica es solo una mariposita que no sabe volar... –Toma el pitillo de marihuana con dos dedos y fuma intensamente mientras lanza hacia arriba parte del humo. –Podrías enseñarle que tiene alas íen sus cómplices, fuman hierba en la parte trasera de la escuela). –¿Habéis visto su ropa interior rota? –Todos se ríen a carcajadas a causa de la sustancia que están fumando. –Claro, lo vieron en Marte... ja, ja, ja. –Se burlan. Jack regresa a la realidad tras escuchar la voz de la madre de Klaire. –¿Por qué no se sienta de una vez? Jack vuelve en sí y toma asiento frente a la mujer, en todo momento tiene la sensación de que le puede ver. –¿Puede ver algo, aunque solo sea un poco? –No, no puedo ver nada con los ojos, pero puedo sentir con todo mi ser, se sorprendería usted de las cosas que puedo saber. –Ah, ¿sí?, ¿como qué? –Se muestra incrédulo. –Como que la cocaína es una amiga a la cual le debe fidelidad diaria. Jack tose por la sorpresa. “¿Cómo sabe esta mujer que consumo esa sustancia?”. –¿Quién le ha dicho eso? –Hay cosas que se saben con solo tocar a las personas, algunos dicen que es un don, me sucede desde que perdí la visión. –¡Vaya don! –Que conste que no lo juzgo, es solo que... hubo duda en usted ante mis palabras, debo demostrarle que sé cosas, algo que no entiendo, al tocar a la gente siempre me pasa su vida por delante como una película. Cuando salgo y camino por la calle, al rozar o tocar por accidente a algunas personas, percibo cosas siniestras. Por eso casi no salgo, solo para visitar a mi doctor, por obligación. –Vamos al grano, mis adicciones no son relevantes, ahora lo que importa es cómo encontrar a su hija, vine en cuanto he podido, tengo muchas obligaciones. –Duda de este don. Lo sé, aunque debe considerar la posibilidad de una desintoxicación, eso le haría bien a su carrera, evadir exámenes de pruebas de sustancias ilegales no será suficiente, un día podrían sorprenderle, lo perdería todo, todo, incluyendo su vida, esa vida que paga sus vicios y su desordenada manera de vivir, sería triste verse obligado a empezar de nuevo, a su edad, sin familia, solo... Esas palabras fueron como puñaladas, pero debía ser fuerte, debía ser fuerte y admitir que tenía una buena comunicación con su madre. Aquello, aquello que hablaba, debía ser producto de las revelaciones de Klaire a su querida madre, estaba seguro de que Klaire había estado pendiente de su vida durante todo este tiempo, estaba seguro de que conocía sus círculos corruptos, tenía la certeza de que a Klaire no le era indiferente su vida desordenada. –¿Quiere que encuentre a su hija o quiere ayudarme con mis adicciones y vicios? La mujer suspira y se levanta, camina hacia la ventana, sus pies saben cómo llegar, conoce la casa perfectamente. –¿Y si le digo que ambas cuestiones? –No necesito ayuda. –Es el primer paso para hundirse en las drogas: la negación. –Si no me dice lo que quiero saber, creo que no podré encontrar a Klaire, lo siento, debo irme. –Espere, Jack, le necesito. Usted es mi única esperanza, hace más de siete días que no sé de ella, estoy desesperada, la policía dice que Klaire estuvo en el Sanatorio y que se llevó al chico Cooper con ella, estoy muy nerviosa, ella estuvo aquí aquella mañana. Escuchaba una grabación, era la voz de Bramdtom, decía cosas muy extrañas relacionadas con su madre biológica. Klaire estuvo recientemente intentando dar con el paradero de la familia de ese muchacho, hizo algunos viajes, investigó algunas pistas, pero nunca lo compartió conmigo, usted sabe, las visitas a esta vieja ciega no son muy frecuentes. –¿Se lo dijo a la Policía? ¿Qué dicen ellos? –No les dije nada, no quería que tildaran de loca a mi niña bella. –¿Y cree que es para menos? Mire en lo que se ha convertido su hija por una obsesión. –¿Y usted, en qué se ha convertido por una adicción? No existe mucha diferencia entre usted y Klaire. –Se quedó en silencio y aceptó que la señora Morgan tenía razón. –Está bien, dígame exactamente lo que escuchó. –No, no se lo diré. –¿Por qué? –Porque escuchará usted sus propias palabras, tenga. –Sacó una grabadora del bolsillo de su chaqueta gris y se la entregó. Era la grabadora de Klaire. –¿Cuándo se la dio su hija? –No me la dio... se la saqué yo del bolsillo aquella mañana, mientras me saludaba, también pude percibir que realizaría un largo viaje. –¿A dónde? –Eso no tuve tiempo de sentirlo, todo fue muy rápido, apenas tuve tiempo de sacar la grabadora de su chaqueta. –Bien, escuchemos pues, tal vez de esta grabadora salga una luz que nos ayude. –Eso espero…, espero que así sea, Jack. –Pero… es evidente que.... podríamos escuchar cosas privadas de ella, no creo que debamos... –Deje de hacer suposiciones, Jack, ansía tanto como yo escuchar qué sale de esa grabadora, mi hija ha desaparecido, en lo menos que pienso ahora es en un respeto innecesario. Jack se levanta y procurando no rozar a la mujer, se pone a su lado. –¿No tiene miedo de estar tan cerca de mí? –No, no, pero ¿cómo supo que me levanté? –Jack, mi oído es muy fino, la ceguera nos da la oportunidad de desarrollar los demás sentidos, los ciegos tenemos buen olfato, un excelente sentido auditivo y... –Buen tacto. –Sí, sobre todo, por eso lo del... –Lo del "Don". –Sí, eso... el don. –No conozco el miedo –dice su boca, pero algo por dentro de él afirma que sí, que teme profundamente que la mujer descubra al oscuro detective Jack, un tipo sin escrúpulos que no le ha vendido el alma al diablo porque no sabe su dirección. –Está bien. –Suspira–. Manténgase alejado de mí, no quiero ver cosas que me desagraden demasiado, no quiero perder la fe en que usted puede encontrar a mi hija. Mientras tanto, en un lugar desconocido –¿Piensa continuar con su pútrido silencio? ¿Ocultar tanto tiempo una verdad tan enorme como esta, fingir estar muerta para luego tratar de hacerse la víctima? –Se equivoca, realmente se equivoca. –Su voz es fría y calculadora. –Ah, ¿sí? ¿Qué me dice de su irresponsabilidad? El joven Bramdtom Cooper tuvo que crecer junto a una familia disfuncional por su culpa, por su abuso con la heroína, lo que me extraña es por qué fingir su muerte, ¿qué perseguía con todo esto? –Ya le he dicho que me deje en paz. –¿Creyó que recluirse en este viejo monasterio sería la salida? Pues ya ve que no, la encontré, ¿sabe algo? El chico Cooper es mi protegido, lo salvé una vez y volveré a hacerlo, aunque sea usted su verdadera madre. “Quisiera atravesar las paredes y desaparecer”, piensa. Mira hacia el exterior, sus ojos están inquietos, lo que ve es aterrador. –Déjeme ir..., por favor, debo irme. –¿Y dejar de hacer justicia? ¡No! Primero responderá a todo lo que le pregunte y luego la llevaré ante las autoridades, debe pagar por su culpa. –¿Y qué se supone que debe saber? –Se gira y seca sus ojos llorosos. –Todo, quiero saberlo todo, todo. Sus miradas se cruzan, no hay cabida para la empatía, ambas personas quieren lo mismo, la verdad, una verdad que tal vez no exista. Desde una esquina, sentado en el suelo, él los miraba, estaba pasmado por todo lo que escuchaba. Se levanta y decide opinar. –Por favor, déjela en paz, no conseguirá nada más que empeorar las cosas. –¿Ahora la ayuda, monje Shaolin? Ha contribuido a que ella permanezca muchos años oculta en este lugar, es una verdadera vergüenza para su clase, para lo que representa, ¿no es usted un ente de paz?, ¿qué le sucede? El hombre mira con fijeza a la mujer acosada, ella busca algo que decir, él trata de acercarse. –No se acerque, por favor, yo... debo enmendar mis errores. –Interviene ella para que el hombre no se aproxime más. –Así me gusta, cooperación, como detective tengo todo el derecho a exigir la verdad, he viajado desde muy lejos para encontrar una respuesta. –Y la tendrá, solo que... –Le recuerdo que no hay cabida para la negociación, no sería correcto, la policía no negocia con los acusados. –No, no quiero negociar, más bien quiero que hagamos un trato. –¿Qué clase de trato? –Muy sencillo, le responderé a todo lo que me pregunte, pero usted tendrá que contestar también a mis preguntas, a cambio de una mía..., una suya, un trueque. –No, no... y no, le recuerdo que no está en posición de negociar, soy el detective, usted debe hacer lo que le digo. –Entonces... vaya preparando su equipo de tortura, no diré ni una sola palabra si no accede a mi petición. El hombre se asusta e intenta intervenir en la conversación, la mujer le hace señas con la mano para que espere. –Está bien, hecho, lo haré, responderé a sus preguntas, pero le advierto que si no me agrada... Ella no le deja terminar. –¡No! ¡Quien advierte soy yo! Si no coopera, me lanzaré por esa ventana y no obtendrá ninguna respuesta. «Cuando eliminas toda solución lógica a un problema, lo ilógico, aunque imposible, es invariablemente lo cierto». Sherlock Holme CAPÍTULO II El diario de Klaire Con la grabadora en su bolsillo, subió al tren con destino a la casa de Klaire. La última vez que estuvo en ese lugar fue la segunda vez que conectaron por Facebook, cuando decidieron salir. “Maldito estúpido, ¿por qué fuiste drogado, por qué?, pensó de nuevo. Un tiempo atrás. Ella se mostraba tranquila, comieron algo en un restaurante barato del centro de la ciudad, bebieron una cerveza y luego, Jack le propuso cama, ella se molestó y se alejó a toda prisa, él fue tras ella. –Detente un momento, Klaire, no es para tanto. –Ah, ¿sí? Déjame decirte que no soy de esa clase de mujer, y lo sabes. –Estás hablando como si te estuviera proponiendo algo indecente. Es algo normal, tener sexo es de humanos, Klaire, rayos, no te estoy pidiendo que robemos un banco, te estoy pidiendo lo más natural entre dos personas que salen y se gustan, que nos acostemos, ¿qué tiene de malo? –Sigue caminando con rapidez detrás de ella. –Estás loco, hace años que ni siquiera nos hemos visto, me compras unas frituras y luego me das una cerveza creyendo que soy la Klaire de la secundaria la quien tienes enfrente, déjame decirte que no, que soy otra... muy distinta. –Ya veo... –La mira de arriba abajo para provocar que se sienta mal por su sobrepeso. –¡Idiota! –Camina con mucha más rapidez hasta llegar a su edifico, Jack entra detrás de ella, que sube con prisa las escaleras, sus gordas piernas han superado un record, jamás había sido tan veloz. –¿Qué me dices? Cama, es lo único que nos falta en esta hermosa velada. –¡Cretino! –Sigue subiendo y logra así llegar ante su puerta, abre la cartera y saca la llave. Entra y al intentar cerrar, Jack lo impide con un golpe fuerte contra la puerta, entra y la abraza con fuerza ignorando sus claras muestras de enfado. –¡Déjame, déjame! Forcejean por toda la casa, ella consigue agarrar un libro grande y le da un golpe con toda su fuerza, Jack cae inconsciente, más por los efectos de la cocaína que había consumido en el baño del restaurante que por el golpe que ha recibido. «Me habían dicho que los libros salvan vidas, ya veo que sí» –se dijo Klaire mientras, con la mirada borrosa, Jack la mira desde el suelo, sus ojos vuelven a cerrarse lentamente. Despertó con la luz del sol que entraba por una rendija de la cortina, se encontraba tendido sobre el sofá, tenía la sensación de haber dormido un largo rato. Era evidente que la chica lo cargó y lo dejó allí. El apartamento de Klaire era un depósito de libros, la chica se había tomado muy en serio los estudios. Jack se sienta y empieza a pensar sobre su estupidez, se rasca la cabeza y pasa sus manos por la cara, se levanta y camina de un lado a otro. «Eres un desastre cuando te drogas, Jack, eres un maldito idiota», se dijo a sí mismo en voz alta. La voz de Klaire suena suave y clara. –¿Levantado? Jack se gira y ruega al infierno que ella no haya escuchado lo que acaba de decir, no quiere mostrar su oscuro secreto a la chica a quien le debe algo de respeto. –Sí, Klaire... yo... –Camina hacia ella. Evidentemente, ella no escuchó nada. –No te acerques, quédate donde estás, quiero que te marches, son las siete de la mañana, yo me dispongo a partir, tengo mucho que hacer, trabajo, entre otras cosas, cuando regrese no quiero encontrarte aquí, es más, no quiero volver a verte jamás. –¿No hay posibilidad de segundas oportunidades? –Esta es una segunda oportunidad, Jack, ¿lo has olvidado? Y no habrá una tercera, eres un imbécil, un cretino… –Lloraba y tartamudeaba con una pena profunda. –Soy un tonto, Klaire, un tonto que... está loco por ti. –Ahí iba de nuevo, mentiras, muchas mentiras, su especialidad. –¡No, no, no caeré otra vez, ¿sabes jack?, cuando me contactaste por Facebook creí que... creí que habías cambiado, pero me equivoqué, eres un loco, un depravado, un estúpido egocéntrico que solo quiere acostarse con la tonta a la que robó la virginidad usando sustancias ilegales, con la idiota a la que todos vieron su ropa interior rota, con la insatisfecha e ingenua Klaire Morgan, que ya no recuerda cómo, cuándo ni dónde fue tuya. Esas palabras le apuñalaron el pecho, era la primera vez que los sentimientos de culpa llegaban a la mente de este desordenado hombre, que desde muy joven practicó la impiedad, la promiscuidad y la penosa fase sin salida de la adicción a las drogas. –Klaire, yo... –Esta vez sería sincero, esta vez estaba arrepentido, pero ella no le daría la oportunidad de expresarse, la carga de dolor del pasado era demasiado fuerte, debía ser cortante e irse. –Tú nada, tú te vas, y punto. –Salió de la casa con la cartera en la mano, su fuerte brazo cerró la puerta. Jack volvió en sí al llegar a la estación en la que debía bajarse, encendió la grabadora, pero no pudo escuchar nada importante, eran notas de su trabajo y conversaciones sobre sus investigaciones. Con la vista perdida, subió desde el subterráneo, respiró el ambiente sofocante de la ciudad, caminó con prisa, estaba cerca de la casa de Klaire, tomó la misma ruta que el día de su fallida cita, se encontró ante aquel restaurante y como rutina entró para ir al al baño. Una fuerte dosis de coca por la nariz fue recurso suficiente para volver a recrear las escenas entre ambos. Salió frotándose la nariz y pidió algo de comer, parece que habían cambiado la administración, ya no tenían las carnes fritas de antes, ahora era todo asado. –¡Maldita sea! Ahora todos quieren ser light –Muerde un trozo de pan y otro de filete a la plancha, de pie ante la barra, todos lo miran, su camisa casi no se puede abotonar, está algo pasadito de peso. Pide una cerveza y sonríe solo, todos le miran extrañados, aún lleva algo de polvo en su nariz, una de las camareras se acerca. –Señor… ¿se siente usted bien? –La mira a la cara, pero solo ve el rostro de Klaire y ríe como un loco mientras mastica y toma tragos de cerveza como un desquiciado. –¿Que si estoy bien? Claro, Klaire, claro que estoy bien, estamos bien, mírate, eres la de antes, sabía que esas fotos de la casa de tu madre eran un fraude, que no eras tú. –¿Quiere que llame a un doctor? –La camarera insistía. –Yo soy el doctor, el doctor del amor, Klaire, entrégate a mí –Agara a la chica y la besa a la fuerza. –¡Está loco! –Cuando la chica logra soltarse, él se da cuenta de que no es Klaire, está regresando lentamente de su éxtasis. –Perdón, lo siento, no era mi intención… –Váyase o llamaré a la Policía, lárguese. –Le grita el dueño, que está en el otro lado de la barra. Jack sale tras pagar la cuenta, inundado de un sudor frío, con los nervios alterados y la presión por los suelos, sus manos tiemblan. Recorre el mismo camino, aunque las calles habían cambiado, sentía que Klaire iba a su lado. “Debes recuperarla, idiota, es lo último que debes hacer en tu miserable vida de mierda, eres una basura putrefacta, un mal nacido, encuéntrala, su madre te lo agradecerá, la mujer está ilusionada con la idea de que eres el único que puede encontrarla, no nos decepciones, Jack, tú puedes, después de esto, te cortas las venas y desapareces, no te atrevas a morirte de una sobredosis, eso es para estrellas de Hollywood, danos una muerte auténtica, qué se yo, lánzate al tranvía, ve a una excursión de paracaidistas y tírate al vacío sin paracaídas, o más genial, ¿por qué no te ahorcas en Central Park? Hay muchas formas de desaparecer con estilo, muchas, Jack”. – Se detiene y se enciende un cigarro justo frente al edificio de Klaire, lanza el humo al aire, sus manos dejan de temblar, está más sereno. En ese momento alguien se acerca y le ataca con fuerza poniéndole contra la pared, el cigarrillo cae al suelo, se trata del detective Harris, el jefe de Klaire. –¿Qué diablos haces aquí, parásito? –Hey, hey, un momento, suéltame. –Trata de zafarse, pero no puede, aún está algo mareado. –¿No te acuerdas de mí? ¿Te suena la palabra policía forense de Dallas? Jack hace esfuerzos para recordar, pero es inútil, había trabajado con tantos, y la mayoría de veces estaba drogado, así que ignoraba que ese sujeto había sido su compañero hacía mucho tiempo, trabajaron juntos antes de que Jack fuese promovido a jefe de departamento en NY. Durante una misión en Dallas, ambos se encargaron de un caso de asesinato con un gran éxito, pero solo Jack, como siempre, se llevó los créditos, el dinero en efectivo hallado en la escena del crimen y cinco kilos de coca. Su compañero era transparente y no participó de ello, por lo cual Jack hizo que le transfirieran a otra ciudad, fue allí donde conoció a Klaire como su pupila. Klaire estudió para ser policía y resultó ser una de las chicas mejor preparadas de su promoción, después siguió estudiando para convertirse en detective y realizó muchas investigaciones relevantes. Harris invierte tiempo y recursos preparándola, la considera su pupila preferida y no parará hasta convertirla en uno de los agentes especiales más reputados de Nueva York. Por eso fue trasladada a Texas, para que pudiera resolver el caso de la muerte de Lara Nova. Klaire realizó diferentes especialidades como detective, la de auxilios psicológicos, por ejemplo, entre otras muchas, de ahí su buen desenvolvimiento con Cooper en la piel de Sir Arthur. –¡Oye, suéltame, eh... me confundes! –No, Jack, no te confundo, apuesto a que estás drogado. Entonces supo que sí, que ese hombre le conocía, su vida de exageraciones, extremos y derroches le impedía retener los rostros de la gente. –Ok, está bien. si me tienes apresado contra esta pared de forma tan oprimente es porque fui muy, muy malo contigo, y no lo lamento, ¡mira que eres feo!, amigo. Esto irrita al hombre que se prepara para darle un golpe, pero Jack es ágil, saca su arma y apunta decidido, sus ojos de loco maniaco asustan al hombre, ya sabe que Jack es capaz de disparar e irse como si nada. –Cálmate, Jack. Ambos ignoran que tienen algo en común: encontrar a Klaire. –Estoy calmado, amigo, pero mis manos, ah, ah, ellas no se gobiernan, ¿sabes?, me encantaría dispararte a la cara y borrar ese horrible rostro que no recuerdo, pero no puedo, estoy buscando a una vieja amiga, si no fuera por eso, te mataría, por desperdiciar mi cigarrillo, ¡idiota! –Baja el arma, la guarda, respira y toma el cigarro del suelo, al que le queda una ínfima llama, exhala y lanza el humo hacia el cielo–. Estoy vivo, permanezco en mi propio infierno, soy un dios. El hombre lo mira sintiendo lástima de aquella personalidad distorsionada, respira y más calmado se dirige a él. –¿Quién es tu amiga? –¿Qué amiga? –Finge ser un despistado para molestarle. –Dijiste que... buscabas a una amiga. –Ah, sí, eso, es una amiga de la secundaria, ha desaparecido, vive aquí, en este edificio. –¿Klaire? ¿Buscas a Klaire? –¿La conoces? Durante una conversación que duró unos veinte minutos, se pusieron al tanto de todo, ambos se informaron sobre casi todo lo que sabían, Jack no le mostró la grabadora, no quería delatar a la madre de Klaire, no quiso mostrar esta evidencia. –Ahora que te he puesto al tanto de todo, quiero... quiero entrar en su apartamento. –Imposible, no puedo permitirlo. –Vamos, ambos queremos que regrese. –¿Qué encontrarías que no hayamos ya visto? Hay un equipo de expertos en el caso. –¿Olvidas quién soy? Soy el policía forense más reputado de NY, mi experiencia es trascendental, lo sabes. –Está bien –dijo tras pensarlo unos segundos. Jack ignoraba lo desacreditado que estaba en su trabajo, realmente permanecía en él porque muchos le debían favores, si Jack hablara, muchos caerían, conoce todos los círculos corruptos de su departamento policial. –Pero entraré solo, sabes que trabajo solo. –No hay problema, ya las cosas de valor han sido puestas en lugar seguro –dijo insinuando que Jack podría robar algo. –Me alegra, no me gustan las tentaciones en la escena del crimen. –Se intenta mostrar sarcástico y divertido al mismo tiempo. No tardó nada en entrar en el apartamento. “¿Dónde está el montón de libros?” Ya no estaban, solo una computadora que enciende, mientras se inicia el sistema, mira con detalle la moderna decoración, sí que había cambiado Klaire, ahora es más que una frustrada mujer, se ha convertido en una vanguardista neoyorkina, en el lugar se respira equilibrio gracias a aquella decoración contemporánea, de colores blanco, plata y azul cielo, se refleja clase, estilo y mucha paz. El vuelve a ponerse ante el ordenador, se sienta, pero el PC reclama una contraseña y un usuario, lo intenta con algunos. –A ver, 1234, no, no es ese, el nombre de la madre, va, tampoco, su nombre, tampoco. Entonces se le ocurre una idea idiota: “Solo me falta poner mi nombre”, lo puso y se abrió, el PC se inició. Su corazón latió muy fuerte, ella tenía su nombre como usuario, o le amaba mucho o le odiaba demasiado. Es cuando ve algunos documentos, uno de ellos es un audio, pone: “Diario de Klaire”, con nada más y nada menos que casi 1GB de datos. También está esa aplicación con montones de libros. “Ahora lee a través de la computadora, cómo cambian las cosas”, piensa. “¡Vaya! La chica tiene mucho que decir”. Conecta su móvil al PC y lo descarga. Luego toma la grabadora y empieza a escuchar tranquilamente las últimas conversaciones de Klaire antes de desaparecer. Se levanta mientras escucha, se fija en el teléfono, tiene varios mensajes, empieza a escucharlos. Algunos son de su madre, otros, de su jefe, y uno al final, ese le llamó su atención, era un mensaje de Petrushka Nova, la madre de la fallecida Lara Nova. –Detective Morgan, soy Petruska Nova, dígame que todo está bajo control, por favor, dígame qué ha pasado, espero noticias suyas. El mensaje era de hacía dos días, era el último, copió el número y lo marcó, era un número con código de área ruso, no logra contactar. En ese momento, la puerta se abre y el jefe de Klaire entra. Jack saca el USB y quita el cable de su teléfono. Por suerte, el documento ya se había descargado. –Veo que está escuchando los mensajes… Ah, ¡también pudo obtener la clave de acceso! –No es algo tan difícil, sus expertos pueden deshabilitar las claves en cuestión de segundos, ¿por qué no lo hicieron? –Por respeto a su privacidad, su PC es algo muy personal, veo que conoces más de Klaire de lo que creía. –Te sorprenderías –respondo irónico. –Hay mensajes recientes, por lo que veo –dice mientras empieza a escuchar el de hace dos días. –Sí, se ve que están haciendo un gran trabajo. –Déjate de ironías, Jack, no puedes querer encontrar a Klaire más que yo, apareciste en su vida después de mucho tiempo, yo he estado en ella bastante más. –¿De cuál te enamoraste, de la obesa pusilánime o del clon de la psicóloga muerta? Ambas parecen muy ardientes, ¿no crees? –Su sarcasmo era repugnante. –No voy a permitir que... –¡Ya basta, calma! No vamos a pelearnos por ella, ¿eres capaz de compartir un sándwich, o depende del tamaño? –Oye, Jack, no sé qué existe entre ustedes, no me interesa, pero una cosa sí te digo, Klaire es la mujer más honesta, respetuosa y transparente que conozco, lamento que tengas una imagen equivocada de ella, quizás eres de las personas que miran a los demás a través de sus propios espejos. Lo siento, eras una mala persona antes y lamento decir que... ahora, eres un asco. Esas palabras fueron cortantes y empezó a reflexionar, se preguntó en ese mismo instante: “¿Qué clase de monstruo soy?”. «Es un error capital el teorizar antes de poseer datos. Insensiblemente, uno comienza a alterar los hechos, para encajarlos en las teorías, en lugar de encajar las teorías en los hechos». Arthur Conan Doyle CAPÍTULO III Visitas Es terrible tener que admitir, tras varias horas algo sobrio, que ese investigador tenía la razón respecto a lo mala persona que yo era. Debían seguir juntos en esto, Jack sentía todo el peso de su culpa y necesitaba encontrar a Klaire, tal vez sería una forma de cambiar el pasado, y qué mejor manera que siendo duro consigo mismo. Emprenderían una búsqueda que les llevaría al hospital psiquiátrico, así que tomaron un avión para estar en Texas lo antes posible. Los dos hombres hablaban poco. Jack se puso sus audífonos durante el viaje para escuchar paso a paso el diario de Klaire, qué entrometido, qué sucio, escuchar la privacidad de esta mujer era lo más bajo que había hecho, hasta olvidó las grabaciones de Klaire a causa de su ansiedad por conocer el pasado de esta sufrida amiga. En el avión, Jack se sentó al lado de la ventana y mantuvo sus audífonos puestos para escuchar cosas que le erizaban la piel. Primera parte del diario de Klaire (Me siento usada) –¡Debiste resistir, no tomar ese trago, ni fumar ese cigarro, no haber ido, idiota! ¿¡Qué hacías como una tonta bailando con Jack Sinclair mientras tu madre estaba en el hospital!? Es el pago de tu culpa, por ser tan torpe, por usar el vestido de graduación, por dejarte llevar por los placeres perversos de un tonto y hermoso hombre… ¡Rayos!, ya estás llorando otra vez, ¿no lo superarás? ¡Eres un desastre, Klaire, mírate, mírate! Eres lo peor que se puede mostrar a un espejo cada mañana. Jack recuerda esa tarde, cuando invitó a Klaire a comer un helado en el Centro Comercial, la pobre inocente lo miraba como si él fuera Dios, y él la miraba como a una presa más a quien devorar. –No has probado el helado, anda, cómelo. –No, no quiero el helado. –Ella tiene el rostro enrojecido. –Pues se derretirá. Entonces, lo comeré yo. Él agarró el vaso, ella también, sus manos se encontraron, el tocó sus manos mientras la miraba a los ojos. Los ojos de él desprendían fuego. De pronto, sintió algo extraño, ¿remordimientos? Justo en ese momento, su compañero de viaje le habló. –Jack, Jack, estás como un zombi, parece que está buena la música. –¿La música? Ah, sí, la música, es que me encanta Pet Shop Boys, siempre lo escucho, esa que dice: All day, all day… –tararea. –Bien, espero que esta idea tuya de venir a Texas, al hospital donde estaba Bramdtom, sea efectiva. –Lo será, es por donde debieron empezar ustedes, los expertos, pero no, ella desaparece de NY y ustedes se limitan a buscarla en Manhattan, Brooklyn y el Bronx, no fue lo correcto. –En eso tienes razón, empezamos mal, veo que tu cerebro no está tan tostado aún. –Algo, está algo tostado, pero en los momentos de lucidez, esos pequeños espacios entre una y otra dosis de fantasía, mi mente suele ser más brillante que un diamante. –Cuando te alabas, suenas convincente, ja, ja, ja. Al llegar a Texas, Jack hace algunas llamadas, insiste en que pasen primero por el Centro de Investigaciones de la ciudad, se encuentra con una vieja amiga, es una secretaria del lugar, la chica mastica chicle de manera desagradable y mira con cierto morbo a Jack, en efecto, coquetean, él quiere información. –Vamos, bebé, hace tiempo que papi Jack no te veía, ¿dónde has estado? –Pues aquí siempre, no hago más que trabajar y… esperarte –Mira al compañero de Jack. –Pues no lo parece, te he llamado… –¿De veras? ¿A cuál número? Jack titubea, pero enseguida se las ingenia. –Pues al 1-800 sexo… he pasado años buscando tu número, no puedo olvidarte, estoy loco por ti. El compañero siente asco, pone cara de repugnancia. –Tal vez podríamos vernos cuando salga, ¿qué crees? –Claro, claro que sí, solo que ando buscando una información, una amiga se extravió y necesito datos, tú sabes, algunas cosas. –¿Quién es esa amiga? –La novia de él… de mi compañero. ¿Sabes?, iban a casarse y ella desapareció. –Qué pena, lo lamento, señor, pero puedo ayudar, dame el nombre de la chica. –Sí, su nombre es Klaire, Klaire Morgan. –Ah, claro, sé quién es, es la heroína de Texas, fue quien descubrió el horrendo asesinato de la joven… ¿cómo se llamaba? –Lara Nova. –Sí, esa misma, y el padre del chico Cooper, ella fue la que lo descubrió todo, solo que después de todo eso, ella se quedó algo loca, o algo así, ¿no? Todos dicen que es prácticamente un clon de la muerta. –En efecto. La joven mira al compañero. –Lo lamento, no quise decir nada malo de ella, perdón. –Descuide… –Mira con odio a Jack, está molesto. Jack sonríe, lo disfruta. –Ya sé lo que haré, te daré el expediente, lo buscaré y sacaré una copia, te lo daré en una o dos horas. –¿Harías eso por mí? –Y más, haré mucho más esta noche, ya lo verás –dice mientras acerca su cara a la de él. Salen del edificio. –Te manejas bien con las damas, Jack, siempre consigues lo que quieres. –No siempre, mira que me he esforzado por conseguir cocaína gratis, pero por más que lo intento, no lo logro, estoy en la ruina. –Ya veo… –El expediente nos dará algunas pistas, es viejo, pero encontraremos cosas que nos llevarán a otras, mientras pasan esas dos horas, vamos al hospital. –Bien. En el hospital. –Detective, solo les puedo decir que Bramdtom llevaba algunos días hablando de cosas muy extrañas y desconocidas, llamamos a Klaire para que tratara de calmarlo un poco, ella vino en cuanto pudo y nos pidió permiso para salir un rato con él, no debimos permitirlo, pero se veía tan normal, él… se veía bien. Конец ознакомительного фрагмента. 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